La expulsión de Bergia es un capricho de Rozas, afirma el diputado Acosta

“Desde 1983 para acá el tribunal de conductas de la UCR nunca funcionó, nunca sancionó a nadie ni nunca expulsó a nadie. Este es un caso único en un partido que siempre hizo acuerdos. Acá no están en juego los principios radicales sino la decisión de Ángel Rozas, que insiste en su capricho de expulsar a Juan José Bergia del radicalismo”, afirmó el diputado Raúl Acosta.

El legislador, ex radical y ahora presidente del Partido de la Concertación, recordó que tras ir en la boleta del Partido Nacionalista como parte del Frente Chaco Merece Más acompañando a Jorge Capitanich “ni el tribunal de conducta ni la convención de la UCR me expulsaron y renuncié al radicalismo cuando fui a inscribir al Partido de la Concertación”.

En estos 27 años “el único caso en que funciona el tribunal de conducta de la UCR es para Bergia, que no es una tradición del partido, ni una cuestión de principios ni de proyecto político; es solo el capricho del caudillo para darle una lección. Es algo personal, amajanado”.

“Bergia salvó al Chaco de una crisis institucional. Nosotros ganamos la elección legislativa y nos correspondía la presidencia de la Cámara de Diputados. La Alianza cambió las reglas de juego para que eso no suceda. Ahí apareció Bergia como alternativa ante la crisis, salvando la institucionalidad”, destacó.

Además señaló que ese acuerdo que le permitió a Bergia ser presidente de la Legislatura con votos peronistas “no fue repudiado por la sociedad, solo tuvo críticas de algunos punteros de Rozas. El mensaje es quien se pone en contra del caudillo pierde, y pierde hasta la afiliación”.

Un partido

de acuerdos

El radicalismo es un partido de acuerdos “y de acuerdos de cúpula”, sostuvo el diputado Acosta. Como ejemplo señaló que en 1983, sin que fueran candidatos a senadores Deolindo Felipe Bittel, caudillo del Partido Justicialista, y Luis León, referente descollante en la UCR, lograron que la Legislatura provincial los eligiera senadores nacionales.

“Cuando en 1991 gana Acción Chaqueña, León y Ruiz Palacios hacen un acuerdo para que los radicales voten al ex gobernador militar como presidente de la Legislatura sumado a que la convención de la UCR ordena votar así pero dos legisladores no acataron esa orden: Héctor Salom y Esteban Veleff, quienes se votan entre ellos, y así Alberto Torresagasti siguió en la presidencia del cuerpo”, recordó.

Acosta dijo que más allá del acuerdo de León y Ruiz Palacios, el mandato de la convención radical “esos dos diputados no fueron sancionados: no actuó el tribunal de conducta”. Poco tiempo después el radicalismo en pleno votó a Ruiz Palacios porque “estaba en juego la senaduría de León, que llegó a una banca con un partido que se había convertido en la tercera fuerza política”.

“En el año 1994, el radicalismo reforma la Carta Orgánica para que Lilita Carrió fuera candidata, porque no podía ser porque no era afiliada. Carrió fue reelecta por la Alianza en 1999 y al año se abre de la UCR cuando funda el ARI. Nunca el radicalismo expulsó a Carrió ni a la concejala Cristina Aboitiz, que también se fue al ARI”, remarcó.

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