Les prometieron mejorar los terrenos inundables del barrio Caridi y rearmar sus precarias viviendas. El proceso va llevar varias semanas. Las clases podrían no comenzar hoy en la escuela 299.
“No queda casi gente, salieron todos ahora para ir a lavar, pero a la tarde ya vuelven”, relató Cristian a época. Él es uno de los evacuados del barrio Caridi que sufrió la pérdida de todas sus pertenencias en la inundación. Después de almorzar, salió a la vereda de la escuela a tomar un poco de sol, y a esperar.
El viernes por la tarde habían recibido la visita de Eulogio Márquez, director de Defensa Civil en la escuela. En la reunión, se les ofreció a los evacuados realizar los trabajos de relleno de los terrenos que habitaban antes de la creciente, para luego construir ahí nuevas casillas. Mientras tanto, las 16 familias que permanecen en el establecimiento podrían quedarse, pero deberían ser reubicadas en salones, dentro del edificio, que no se ocupan para dictar clases, de manera de garantizar el retorno a las aulas después del receso escolar.
“Los trabajos van a demorar varias semanas, cerca de un mes”, opinó Cristian. “Y todavía nadie vino a abrir el comedor y los salones que no se ocupan para trasladar nuestras cosas. Creemos que hasta el miércoles no van a comenzar las clases acá”, evaluó.
Así, con un retorno a las aulas incierto, los evacuados mientras tanto aguardan que se inicien hoy las obras de relleno de las tierras, y manifiestan su preocupación sobre su propio futuro, aún más incierto.
“La mayoría de los hombres que estamos acá no tenemos trabajo. Casi todos hacen changa, pero yo soy carrero, se rompió mi carro, y me quedé sin eso también. No pude salvar nada de la inundación, todo se perdió. La ropa que estoy usando es la que trajeron de donaciones”, relata, sin disimular la angustia. Pero, al menos, la esperanza no la perdieron.
“Nos dieron la palabra de que no nos van a sacar de la escuela hasta que no tengamos a dónde trasladarnos”, explica. “Nosotros pedimos viviendas, no queríamos cortes de rancho, ni volver a un terreno inundable. Pero dicen que casas no nos pueden dar, nos ofrecieron arreglar el terreno para levantar casillas nuevas. Estamos listos para desarmar lo que queda para poder instalar lo nuevo. Pero nos dieron la palabra, así que aceptamos”, relató.
Mientras, con el río de nuevo en su cauce, pero estacionario, la amenaza de la creciente persiste.
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