"Estuve un mes sin ver la luz del día"

S. tiene 23 años. Es de San Luis. Fue la única testigo que pidió hablar sin Muñoz y Lezcano delante suyo. Entró acompañada por una psicóloga y la ex funcionaria municipal Mónica Molina. Al principio su voz fue un susurro débil, después se soltó.
Lloró, le dijeron si necesitaba descansar, pero siguió. En ese contexto hasta debió escuchar preguntas y aclaraciones de los jueces en tono académico, cuando lo que cabía era un vocabulario mucho más cotidiano.

Su historia, más allá de que no aportó demasiados detalles específicos sobre el caso, conmovió.

S. es de estatura baja. Ella trabajó en un boliche del sur de Córdoba hasta que una mujer, engañada, la llevó a Colonia Barón prometiéndole un futuro mejor. "Estuve un mes encerrada, sin ver el día, haciendo pases, sin que me dieran dinero y sin el teléfono, hasta que una persona, Adrián Santos (fallecido) me ayudó a salir". Un día, otro hombre que había ido a verla todas las noches a "Penélope", le pagó un hotel para que durmiera y le dio plata para el minibús.

Con un bolso donde llevaba ropa, la partida de nacimiento y una foto de su hijo llegó a Santa Rosa. Fue al taller de Santos, de ahí a la casa de Muñoz y Lezcano a dejar el bolso porque él le dijo que eran amigos suyos, y a la noche a Le Coq Doré. "Adrián me dejó ahí sola y me prometió que vendría a buscarme, pero enseguida llegó la policía", relató. A los dos días regresó a su provincia. Hasta ayer no había regresado a La Pampa.

Sobre la declaración judicial que hizo durante la instrucción de la causa, aseguró que la firmó sin leerla. "Con todo lo que había pasado... Me quería ir, como ahora. Dije lo que ella quería escuchar (por la fiscal Odasso) y me fui".

El juez Pablo Díaz Lacava intentó explicarle que el Estado quiere protegerla y que podía hablar sin tapujos. La respuesta de la testigo surgió como fuego de su boca: "¿De qué me protegen?", planteó como resumiendo en ese interrogante muchos años de su vida.

Sobre el miedo a hablar frente a los imputados, explicó que "me enteré algunas cosas. Ellos tienen muchos conocidos y todo tiene un precio", y enseguida agregó que "en San Luis trabajé en un lugar donde políticos y abogados consumían como cualquiera".

"En ese tiempo (por noviembre de 2009) no me importaba nada. No quería volver a San Luis porque estaba peleado con mi papá, que no me dejaba ver a mi hijo. Hoy estoy con el nene", agregó.

Al final, a pedido de Lacava, terminó dando ciertos datos sobre su pasado en Colonia Barón. La encargada del lugar se llamaba Silvia ("no era su nombre verdadero") y tenía unos 30 años. Su pareja era un hombre morocho de más de 40 años. Y allí convivió con otra chica y con una joven dominicana.

Juicio por trata de personas en el pub Le Coq Doré

Fue una mañana tensa, llena de contradicciones y con pocas pruebas contundentes contra María de los Angeles Muñoz y Claudio Marcelo Lezcano, la pareja que está imputada de trata de personas en Le Coq Doré, el pub donde una menor habría ejercido la prostitución. Incluso esta testigo, que volverá a declarar hoy, estuvo a punto de quedar detenida.

El 1 de noviembre de 2009, personal de Gendarmería -por impulso del titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones de Secuestros Extorsivos y Trata de Personas a nivel nacional, Marcelo Colombo- allanó el local nocturno ubicado en la calle Callaqueo 39. Allí detuvo a Muñóz (45 años), pero no a Lezcano (47), quien pudo fugarse y recién fue aprehendido en junio del año siguiente. Hoy, ella, que dijo ser comerciante, está con prisión domiciliaria, y él, que se declaró chapista y mecanismo y que supo estar en prisión, permanece en libertad. La impulsora de la causa fue la entonces subdirectora municipal de Políticas de Género, Mónica Molina, quien estuvo en la audiencia, junto a una psicóloga, acompañando a una de las presuntas víctimas.

Muñoz y Lezcano están acusados de acoger con fines de explotación sexual, y abusando de una situación de vulnerabilidad de las víctimas, a una mujer menor de 18 años y a cinco mayores, entre ellas una hermana de ella. Este delito, dentro de la trata de personas, prevé penas de cárcel de cinco a diez años.

La jornada inicial del juicio oral y público, en el Tribunal Oral Federal, tuvo ocho testigos, entre ellas cinco de las supuestas víctimas (una brasileña, una puntana y tres pampeanas). ¿Cuáles son las pruebas de la acusación de la ex fiscal Marta Odasso, leída ayer? Además de las declaraciones testimoniales, las decenas de preservativos secuestrados en Le Coq Doré (algunos en las carteras de las mujeres) y en la casa de los imputados, filmaciones del interior del pub, cuadernos con cifras y nombres, libretas sanitarias, boletos de ómnibus a nombres de las mujeres, etc.

Dijo y se desdijo.

Lezcano no testificó ayer; Muñoz, en cambio, lo hizo en la instrucción y en el juicio, y negó que en el pub de su propiedad se ejerciera la prostitución ni trabajaban alternadoras. "Si alguien lo hacía, no lo sé; yo no lo permitía. Tampoco se hacían pases", se defendió.

"Era un lugar bailable, como Barobar o una tanguería", describió la ex portera del Colegio Nacional, que luego de perder el beneficio de un Plan Trabajar se hizo alternadora. Dijo que en el baño se encontró una bolsa de ropa de mujer porque la novia de un amigo le había pedido permiso para lavarla, y afirmó que no sabía cómo la chica puntana había llegado a su casa de la calle Caseros, a pesar de que durmió dos noches allí. "En mi casa no había ninguna mujer. Una señora amiga vino a pedirme trabajo y le alquilé la pieza del fondo unos días. Fue la única vez que estuvo ocupada", acotó.

Lo más fuerte del día llegó con CEJ (por razones obvias se publican sus iniciales), la joven que habría ejercido la prostitución en Le Coq Doré teniendo 17 años. En la instrucción sostuvo que esa noche -estaba recién operada- había ido con su hermana a beber una cerveza y que al entrar mintió la edad. Agregó que era copera "porque quería", que "hacía pases en la ruta 35" y que casi la mitad de lo recaudado se lo entregaba a la imputada. Incluso en una edificación de dos habitaciones, ubicada cerca del pub, también se hallaron cuadernos y preservativos.

Sin embargo, al momento de hablar ayer frente a los jueces, negó todo. "Nunca dije eso. Cuando terminé de declara, la jueza (en realidad la fiscal Marta Odasso) hizo salir a todos y me amenazó. Me dijo que iba a quitarme a mis hijos y mandarme al reformatorio. Y mi tiró los papeles para que los firmara".

Los jueces le explicaron de una y mil maneras que podía caer en el falso testimonio. "Me parece que no se termina de dar cuenta de la situación", llegó a expresar el presidente del TOF, José Mario Tripputi.

-¿Usted hacía pases?, le preguntó.

-No, ¿a qué llama pases?

-

-¿Alguna vez tuvo custodia?

- No.

-¿Y, entonces, por qué su mamá pidió y se le concedió una custodia por habían recibidos amenazas?

-No sé. A mí nadie me amenazó.

-¿Estuvo en el pub el fin de semana anterior?

-No.

-Pero hay una filmación donde aparece ofreciendo copas...

La chica -de baja estatura, jean, campera negra y un cinturón rosa gastado- también lo negó. Fue uno de los momentos más tensos de la audiencia. Hubo un cuarto intermedio para mostrarle el video. Por razones técnicas no pudo observarse en un televisor y se lo pasó en una computadora portátil, pero las imágenes eran muy difusas. Por eso el trámite se postergó para hoy. Antes de que la testigo se fuera, el fiscal Jorge Bonvehí insistió en si no había estado ofreciendo copas. Ella volvió a responder que no.

Tres voces, muy poco.

El testimonio de la hermana de Muñoz fue breve. Ella, como otras testigos, se quejaron del trato que recibieron de Gendarmería. "Nos tiraron al piso, nos esposaron y nos apuntaron con armas", manifestó. Se limitó a decir que ayudaba a María de los Angeles en el pub, que había ejercido la prostitución y que conocía a "algunas de las otras chicas" por los sobrenombres.

ANVG, de 23 años, dijo que en el barrio se enteró que tenía que testificar porque no le había llegado la citación del tribunal. Ella, vestida con un conjunto blanco y negro llamativo, relató que esa noche fue sola a festejar su cumpleaños a Le Coq Doré y que, como trabajaba en la ruta, "a veces iba ahí a tomar un trago y me lo pagaba yo".

"No sé si se hacían pases -manifestó-. Yo laburaba (sic) en la ruta de día y no le pagaba a nadie, ni nadie me cobraba. ¿Por qué había una campera mía en el baño? Como la conocía (a Muñóz) le pedí cambiarme". Ella también se quejó de su declaración ("me decían qué tenía que decir") y hasta negó que hubiera dicho que para cambiarse le había solicitado permiso a Kela porque desconocía a quien llaman así. Sin embargo, después aceptó que Kela es Muñoz.

La cuarta víctima, una mujer brasileña alta y de 41 años, declaró que esa noche fue al pub "por ir", que era copera, que trabajó en una despensa, limpiando casas y en el cabaré Jarana, que conocía a algunas de las otras mujeres y que hace dos décadas que vive en Santa Rosa.

Un “reto” a Zabala

Originalmente, el juez federal Pedro Zabala procesó a Muñoz por facilitamiento de la prostitución, un delito ordinario, por considerar que no hubo trata de personas, y recién después giró el expediente a la jueza provincial Florencia Maza. Como ésta también se declaró incompetente, la Corte Suprema le ordenó a Zabala dar marcha atrás y continuar con la investigación. Recién allí la procesó por trata. El juez ha sido sistemáticamente criticado por esa conducta. El caso también dejó en la mira a la fiscal federal Marta Odasso, hoy jubilada.

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