El mandatario profundizará su agenda reformista; la policía vuelve hoy a las calles
Su irrupción en el destacamento policial despertó emociones divididas. Algunos resaltaron su valentía y liderazgo, pero otros sostienen que su personalidad lo traicionó, y que si se hubiera quedado en su despacho, habría evitado una crisis institucional innecesaria. Esas últimas son las voces que, desde los editoriales y las columnas de opinión de los diarios, le hacen un llamado al mandatario a la moderación. Pero, amparado en su enorme popularidad, Correa no parece dispuesto a resignar ni su estilo ni su agenda reformista; todo lo contrario.
El proyecto de ley que motivó la insurrección policial fue aprobado ayer en la Asamblea Nacional. Fortalecido tras la crisis, Correa ahora quiere profundizar su "revolución ciudadana" con la aprobación de una nueva ley de comunicación; nuevas leyes de educación general y superior, y de un código de ordenamiento territorial, que redefinirá las competencias de los gobiernos provinciales y municipales.
Son todas iniciativas controvertidas, para cuya aprobación seguramente Correa necesitará volver a lucir su combativo estilo de gobierno.
"El presidente tiene una personalidad... vehemente. Eso no va a cambiar nunca", dijo a LA NACION una importante asesora del gobierno que trabaja codo a codo con Correa en el Palacio de Carondelet.
Las razones para no cambiar parecen estar avaladas por el respaldo de su amplia base electoral. "Ese estilo le ha sido muy exitoso en términos de respaldo de votantes", explicó el analista Adrián Bonilla, director de la sede ecuatoriana de Flacso.
"En el escenario político, el presidente está haciendo todos los esfuerzos por usar la crisis a su favor y para atacar a la oposición. No puede crecer mucho más en popularidad, que ya es bastante alta para los estándares ecuatorianos, pero puede erosionar más a la oposición, especialmente al grupo alrededor de Lucio Gutiérrez", añadió Bonilla, en alusión al ex presidente responsabilizado por el gobierno de haber orquestado un supuesto plan golpista.
Desde el gobierno afirman que su estilo confrontativo es indispensable para promover profundas reformas, en un país que durante años vivió con una inestabilidad política crónica y en el que persisten los esfuerzos desestabilizadores de grandes grupos de poder. "Si Correa no hubiera ido al regimiento, hoy ya no sería presidente", añadió la asesora, que abonó la teoría del golpe de Estado, que es cuestionada por los medios de comunicación privados.
Otros sostienen que, si aspira a un proyecto de largo plazo, Correa deberá mostrarse más conciliador. "Hay una especie de repetición en decir que así es el presidente, pero eso no me parece razonable. Los cambios, para que sean durables, necesitan un mínimo grado de consenso", opinó el analista y columnista Fabián Corral.
"Estamos mejor"
Sin embargo, eso no parece que fuera a ocurrir por ahora. En las calles de esta ciudad, muchos se rasgan las vestiduras por su estilo, pero la mayoría de ellos a la larga reconoce: "La verdad es que ahora estamos mejor".
El respaldo popular es el mayor capital político de Correa, lo que le permite pelearse con otros actores políticos y no claudicar a la hora de imponer su agenda. "Correa no va a cambiar su hoja de ruta", explicó la analista Patricia de la Torre.
Su estilo y sus políticas públicas le hicieron ganar enemigos inusuales para un gobierno progresista, como los sindicatos de empleados públicos, los movimientos indígenas, la izquierda radical y los universitarios, todos actores sociales que, como la policía, han manifestado un creciente malestar con el gobierno.
Ninguno de ellos, por ahora, parece tener la fuerza suficiente como para complicar su gestión.
Pero su personalismo también le ha traído problemas con sus propios aliados. Muchos legisladores oficialistas se quejan por el sistemático uso del veto que hace Correa a las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional. El gobierno incluso amenazó con la posibilidad de recurrir a la "muerte cruzada", un mecanismo que pone fin a los mandatos del presidente y los legisladores, y convoca a elecciones anticipadas si el Congreso se convierte en un freno a sus reformas.
Ayer, sin embargo, el gobierno descartó por el momento esa posibilidad. "La crisis del jueves hizo innecesaria esta amenaza de muerte cruzada, porque los legisladores se alinearon en torno de la figura de Correa", explicó Bonilla.
Hoy concluye el estado de excepción en esta ciudad, y la policía volverá a hacerse cargo de la seguridad. Por las principales arterias circularon ayer por última vez camiones y tanquetas. Así, los militares volvían a los cuarteles convencidos de haber contribuido a salvar la institucionalidad y con el presentimiento de que, de alguna manera u otra, Correa los compensará por ese servicio.

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