Una simple comparación entre la cena de fin de año que el gobernador Daniel Scioli encabezó anoche en Casa de Gobierno con la que organizó a fines del año pasado, puede describir el cambio que el escenario político sufrió en los últimos 12 meses.
La diferencia entre las concurrencias de ambos años radica en parte en que en 2009, Scioli incluyó en la lista de invitados a los intendentes y dirigentes radicales, que con su presencia completaron una nómina de más de 100 jefes comunales de toda la provincia.
Durante la cena del año pasado, el gobernador había resaltado la “diversidad” de los invitados, había dicho que su gestión era de “puertas abiertas” y que era momento para “ampliar el diálogo”.
Lógico: se avecinaba un año en el que ya no tendría la mayoría en ambas cámaras de la Legislatura, luego del recambio legislativo que se había realizado pocos días antes de la cena.
Pero anoche la cosa fue distinta. En la víspera de un año electoral, el gobernador decidió cerrar filas y dejó a los dirigentes radicales fuera de la carpa. Las invitaciones fueron de neto corte peronista e incluso se pudieron ver caras que frecuentan poco la Casa de Gobierno, pero asistieron en condición de representantes del en sus distritos.
Fue el caso del ex carapintada Aldo Rico, que preside el justicialismo en San Miguel o de Roberto Porretti, que hace lo propio en Pinamar y no contó con el respaldo de Scioli en las últimas elecciones municipales de la localidad balnearia.
Esta vez, Scioli no habló de “puertas abiertas”, sino de “militancia” y de “conquistas sociales”, dando a entender que el tiempo que se viene no es de consensos con la oposición sino de resolución de la propia interna peronista para no perder las elecciones como en 2009.
Otro detalle: el año pasado, el intendente platense Pablo Bruera ocupó un lugar en la mesa principal junto a Scioli e intendentes del Conurbano. Este año, Bruera parece haber perdido ese lugar de privilegio. J.L




Comentá la nota