Estado de emergencia y peligro en el Hospital Eva Perón

Estado de emergencia y peligro en el Hospital Eva Perón

Nilda Lapadula, ex subdirectora de Personal en San Martín, tuvo un ACV sangrante y está viva de milagro. Sufrió dos meses en la abandonada unidad de Terapia Intensiva del Hospital Interzonal. LaNoticiaWeb recoge la denuncia de Silvana Pereyra, su hija, que recopiló un sinnúmero de situaciones alarmantes.

Por César Morielli

“Cuando llegas al Hospital Eva Perón con riesgo de vida todos te desean suerte. Lo único que te salva de la muerte es la suerte”. Lo dijo Silvana Pereyra, periodista de Radio Urbana y publicista, en diálogo con LaNoticiaWeb. Su madre es Nilda Lapadula, durante 35 años fue empleada municipal en San Martín, se retiró como subdirectora de Personal, y luego de un ACV sangrante tuvo que transitar una odisea de dos meses. La contundente frase grafica el estado de deterioro, abandono, desidia y malos tratos de la infraestructura y los trabajadores del nosocomio. El éxito para rescatar a los pacientes solo parece ser resultado de una conjunción de situaciones azarosas, donde los familiares y amigos deben guiar a la fortuna hacia la cama de la decadente unidad de Terapia Intensiva de adultos.

El Hospital Interzonal General de Agudos Eva Perón fue inaugurado en 1954 y es cabecera en la Región Sanitaria V de la Provincia de Buenos Aires. Fue referencia zonal durante un par de décadas, pero hoy solamente tiene 10 camas disponibles en Terapia Intensiva de adultos. Demasiado poco.

LA HISTORIA DE NILDA LAPADULA

El 17 de noviembre de 2015 Nilda Lapadula llegó al hospital con un ACV sangrante, luego de un mal diagnostico brindado por una ambulancia de Medicardio, una empresa asistencial de primeros auxilios. En el Eva Perón no quisieron atenderla por ingresar sin DNI. En el apuro y la desesperación, su hija Silvana había dejado la documentación en la casa. La benevolencia y la buena mano del Dr. Félix Barbone, el único académico que hizo honor a su profesión durante todo el periplo, permitió que la paciente pueda continuar con vida. Sin embargo era necesaria una internación urgente. Las autoridades del hospital plantearon que no había disponibilidad; y sugerían el traslado, una maniobra muy riesgosa para un paciente con ACV sangrante que requiere de las atenciones más urgentes para salvar la vida, y cuando cada minuto es clave. No querían ubicarla en Terapia Intensiva, y pretendían derivarla hacia otro lugar. No pudieron hacerlo por la falta de documentos personales.

Los primeros 15 días, Nilda estuvo en coma. En las primeras horas dijeron, erróneamente, que la paciente tenía muerte cerebral. Durante dos días estuvo instalada en la unidad coronaria.

Con insistencia, Silvana consiguió que su madre quede internada en Terapia Intensiva. En el hospital solo querían sacársela de encima. Cada día le brindaban una información distinta y le expresaban que la posibilidad de vida era muy baja. “Cada vez que hablaba con alguien me decían que mi mamá se iba a morir, que me vaya haciendo la idea de irme en un par de días. Pero lo cierto es que nadie hacía nada por ella”, aclara la periodista. Hoy Nilda está internada en la Clínica Güemes y mostró algunos signos de recuperación.

En Terapia Intensiva la familia de Lapadula fue testigo del deterioro del hospital. Las camas se sostienen con cajones y no tienen colchones antiescaras (cada colchón cuesta cerca de 2 mil pesos, y en el estacionamiento la “cooperadora del Hospital” cobra según el auto cerca de 250 pesos el abono semanal. Un negocio paralelo y sin números claros, que no se sabe quién maneja). En los pasillos abunda el olor a orina y se pasean perros callejeros. Además, cuatro indigentes viven dentro del hospital. Y los más conocedores saben con detalle que no se puede caminar junto a una pared que emana radiación por un artefacto averiado, que nadie arregla para no tener que ingresar en un cuarto contaminado.

Los pacientes y sus familias deben ocuparse de todo, incluso de cerrar las persianas en un ambiente no higienizado, ni aislado, ni refrigerado. En el área Metropolitana se sufrió un infierno de 41 grados de sensación térmica en los últimos días, pero los pacientes no tienen ni siquiera un ventilador portátil. Incluso, algunos son ubicados en camas junto a la ventana y a pleno rayo de sol. Cuando la temperatura lo permite, poco se respeta el asilamiento que merece el lugar y se recibe la visita de vendedoras de ropa que acaparan la atención de enfermeras y aprovechan para tomar unos mates.

Silvana, durante dos meses tuvo que comprar todos los insumos necesarios, que en un par de días desaparecían. Y en el medio la información contradictoria, incompleta, y con poco tacto humano. Incluso recibió el parte médico de otro paciente.

Al despertar del coma, comenzó la etapa de rehabilitación con kinesiólogos, pero no había suficientes especialistas. “Me ofrecí a pagar uno para que vaya a atender a mi madre. En Terapia me dijeron que no podían recibir a nadie, pero el director adjunto, el Dr. Smith, me argumentó que no sabía porque me habían negado esa posibilidad. O no saben lo que hacen, o no quieren que ningún médico ingrese a ese lugar y vea cómo está la Terapia Intensiva”. La etapa kinesiológica es clave para que los pacientes mejoren y puedan pasar a Terapia Intermedia. Algo que también hubiera sido imposible, porque no existe esa área en el hospital Eva Perón. O te morís en Terapia Intensiva o salís caminando milagrosamente, no hay pasos intermedios.

FALTA DE TOMOGRAFO

En una de las sesiones, dejaron sola a Nilda, sentada en una cama averiada y sostenida por la mesita de comer. Luego de 15 días en coma, la kinesióloga de turno la abandonó y la paciente cayó al suelo. No sufrió fracturas graves por milagro. Nadie brindó explicaciones. Fue trasladada al tomógrafo en una camilla con el recubierto de goma espuma roto, sucio, con manchas de sangre seca. Un foco infeccioso letal para personas con bajas defensas alojadas en Terapia Intensiva. Fue una de las últimas ocasiones en las que funcionó el tomógrafo. Un par de días más tarde se rompió (Leonel Biasutti, joven protagonista y víctima de una brutal agresión en San Martín conocida en un video a través de los medios, tuvo que ir hasta el Bocalandro para ser diagnosticado por la falta de tomógrafo en el Eva Perón).

No es lo único que falta, también está en roto el endoscopio y no se pudo diagnosticar correctamente a cuatro casos de sangrado estomacal de otros pacientes. En el hospital plantearon que ya habían hecho el pedido del nuevo aparato al Ministerio de Salud bonaerense.

El Director Ricardo Algranati no se mostró durante toda la odisea de Nilda Lapadula. Hace años conduce el Hospital Eva Perón y el nosocomio siempre está un poco peor. Uno de los directores asociados, el Dr. Smith, jamás pudo brindar respuestas a los reclamos sobre el funcionamiento de Terapia Intensiva y se mostró ignorante sobre las falencias del servicio. Poco pudo hacer antes de irse de vacaciones. Uno de los jefes de servicio, el Dr. Rizzopatron, fue uno de los más indulgentes a la hora de comunicar el parte de la paciente luego de la caída.

Pero lo peor fue lo que expresó el Dr. Robert, otro de los directores asociados. En diálogo con la hija de la paciente sobre la rehabilitación kinesiológica, le expresó que “se lleve a su madre porque no había médicos para hacer la recuperación. Si usted quiere, podemos estar meses así. Dejela acá, pero usted va a ser responsable de lo que le pueda pasar”. Una manipulación psicológica detestable.

Silvana tuvo que presionar como una funcionaria pública, llamar a la empresa Griensu, y solicitar a un técnico para revisar el tomógrafo. En la empresa, proveedora de aparatología de salud, dijeron que no irían a arreglar el aparato porque el Estado no les paga. Insistencias insólitas de por medio, consiguió lo que ninguna autoridad del Hospital: en la mañana efectuó los reclamos, y durante la tarde un técnico se acercó a revisar las fallas. El diagnóstico indicaba que se requería el cambio del generador del artefacto. Era imposible arreglarlo. A las pocas horas otro director asociado, el Dr. Raúl Sayour, firmó un comunicado interno ordenando a los médicos y jefes de servicio que no acepten pacientes en Guardia ni en los servicios que requieran tomografías, porque el nuevo repuesto de 40 mil dólares ya se había pedido al Ministerio y sería enviado desde Japón. Era mentira. Nunca había llegado el nuevo Presupuesto de la empresa proveedora, y el pedido jamás se había realizado a la cartera de Salud.

Harta de la situación, la hija de Nilda movió cielo y tierra en IOMA para conseguir un traslado. Manejó hasta La Plata y en pocas horas pudo lo que nadie intentó en el Hospital Eva Perón durante casi dos meses. Finalmente la paciente pudo ser derivada al Güemes el 18 de enero.

HISTORIAS MACABRAS

En la tragicómica travesía que sufrió la denunciante durante dos meses en el Eva Perón, la situación más macabra involucró a dos fallecidos en la sala de Terapia Intensiva. Uno fue manipulado por el personal de enfermería delante de los familiares en horario de visita. Incluso realizaron chistes en plena tarea sobre el cuerpo. El segundo fue dejado a la vista de todos sin ningún tipo de resguardo frente a la impresión de quienes estaban en la sala.

Vicente llegó con su hermano y vivió las mismas negativas que Nilda en la Guardia. Pero tuvo peor suerte y no se encontró a un médico como el Dr. Barbone para que lo salve. Sufrió dos semanas de sangrados y no tuvo diagnostico por falta de Endoscopio. Murió por una infección pulmonar.

También hubo pacientes con agua en los pulmones que tuvieron que aguantar en la guardia varios días sin diagnostico claro.

Pero el ejemplo más claro de la desidia es el de Héctor. Literalmente abandonado en la Guardia, ingresado por un ACV, y trasladado a Terapia Intensiva demasiado tarde, un par de semanas después, con muerte cerebral y sin recuperación posible. No tuvo la suerte que todos necesitan cuando llegan al Eva Perón. Solo la fortuna explica la vida o la muerte. Aunque con el estado de situación, morirse es la consecuencia más lógica.

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