La renovación de diputados nacionales trajo un debate muy pobre en propuestas para los mendocinos. La comodidad de los partidos con discursos vacíos para mantener “lo propio”. Nadie, o muy pocos, hablan con profundidad de los problemas de la provincia. Mendocinismo ligth y federalismo trucho.
Los dirigentes tienen mucho que ver en lo que ocurre. El preferido del electorado, Julio Cobos, fue amigo del kirchnerismo, y tanto, que integró la fórmula con Cristina hasta que se peleó en 2008. El gobierno provincial encabezado por Francisco Pérez no se hace cargo de su antecesor Celso Jaque, así como los radicales no se hacen cargo de De la Rúa, ni los demócratas de no haber alcanzado nunca más los porcentajes de votos de los noventa, por hablar de una época reciente. Ellos también hacen su negocio siendo una oposición “chiquita”.
Mendoza empobrece y se angosta cada vez más, en un marco general malo. Un estudio reciente encabezado por el economista Ariel Coremberg coordinando equipos de la UBA y de la Universidad de Harvard, dice que la Argentina creció sólo un 2,5 % desde 1998 a 2012. Hoy eso es estanflación. Mendoza no ha incorporado nuevas actividades a su riqueza. Sólo el vino, el turismo, el petróleo y la administración pública empujan el carro cada vez más pesado de casi dos millones de mendocinos que se empobrecen.
¿Y los partidos? Por razones bien distintas cada uno, hacen la plancha en el mes de las elecciones.
Apenas iniciada la campaña electoral camino a las legislativas, poco y nada hablan los referentes locales sobre la provincia de Mendoza y los problemas que la aquejan. Sólo se conocen frases de marketing con escaso contenido y apelaciones a un mendocinismo ligth, sin contenido y de pocas propuestas por parte de los referentes del oficialismo y la oposición. Esta es la “campaña de la nada”. Todos hacen la plancha para cuidar lo que tienen. La responsabilidad más grande es de los partidos de gobierno. El peronismo sólo hace lo que llaman “territorio” para no cometer errores que los perjudiquen aún más. Y el radicalismo nada en la superficialidad porque ya han ganado la elección. Cobos ha agitado su plan de ahorrar en metros cuadrados para vivienda, pero la verdad es que poco se sabe de sus proyectos concretos para salud, educación, empleo, generación de riqueza, y seguridad, sólo por mencionar algunas preocupaciones públicas. Mucho peor es el papel del gobierno. Ni los más memoriosos recuerdan un peronismo que no se haya hecho cargo de su propio gobierno ni del anterior, en las elecciones de mitad de mandato. Por el contrario, algunos “esconden” a la presidenta, y todos guardan en lo más oscuro del cajón los recuerdos del gobierno de Celso Jaque. Incluso el gobernador, que fue uno de sus ministros importantes, junto con varios funcionarios que han pasado de un gobierno al otro. En el caso de Cristina, la foto de los gobernadores con Scioli a la cabeza (y Pérez presente) ayer pidiendo apoyo, evidenció justamente lo contrario: este gobierno está perdiendo el caudal de su poder político y tendrá cada vez menos fuerzas para hacer reformas de aquí al 2015.
La oposición pasa por diversos grados de irresponsabilidad que van desde el triunfalismo radical con poco compromiso por los asuntos concretos, hasta las operaciones de supervivencia del PD. En el medio hay un profundo debate sobre a qué hora los peronistas disidentes se van con Sergio Massa. Los dirigentes de peso como Omar De Marchi, Jorge Difonso, los Aguinaga, y mucho más, están “borrados”. Sólo Luis Rosales trata de decir alguna cosa, aunque para muchos votantes conservadores sigue siendo algo así como un recién llegado a la política, y a Mendoza.
Aunque se peleen por el presupuesto o por el Impuesto al Cheque, nadie habla de cómo salir de este esquema económico que sufre un aumento permanente de costos, con amplios sectores de la población sumidos en la pobreza que la democracia arrastra desde hace años, como bien dijo el médico Abel Albino hace poco a MDZ. La crisis energética creciente y la política de los precios baratos en subsidios y tarifas de energía, gas, combustibles y transportes sin mejora de la capacidad de producción o de dar mejor servicio, también afectan a Mendoza. Ojalá los candidatos tuviesen propuestas para salir de esto.
Mendoza tiene problemas fuertes de los que casi no se habla, y mucho menos en campaña. La crisis del sistema de salud es un emergente. Van a cumplir dos años de gobierno y no han logrado siquiera enviar a la Legislatura su famoso proyecto del Seguro de Salud. ¿Alguien lo ha visto? Veamos la economía: La semana pasada, un foro vitivinícola trajo economistas para hablar de competitividad. Uno de ellos trazó un panorama muy negro luego de que un funcionario del INV, Guillermo García, hiciera el “relato” del éxito. Por supuesto, el economista se llevó el aplauso. Expresó lo que muchos empresarios no se animan a decir en voz alta tratando de salvar cada uno su ropa.
Pobreza general en la infraestructura, falta de modernización de las ciudades, debate serio sobre la seguridad más allá de la coyuntura de una tragedia, son temas ausentes de la agenda. Ni siquiera las expresiones como las del Frente Amplio Progresista encabezada por Alberto Montbrún; la izquierda de Nicolás Del Caño o la centro derecha con Daniel Cassia en el peronismo disidente, o el PD-PRO; pueden cumplir aunque fuere con el “Teorema de Baglini” para arrimar soluciones. Algunos se han preocupado por temas específicos, como Cassia con la inseguridad. ¿Y los demás? Una golondrina no hace verano. No hubo en la primera semana de campaña ni un solo título acorde a las necesidades urgentes de Mendoza, más allá de la pelea ramplona por el presupuesto.
El partido de gobierno debería presentar lo que ha hecho a nivel nacional y lo que planea hacer en los próximos años con los grandes temas políticos, económicos y sociales. Al mismo tiempo debe defender la gestión de su gobierno provincial, contando cómo avanzan los proyectos y transformaciones en marcha y explicando que su proyecto estratégico para la región es el mejor y cómo se está concretando. A cambio, han “inventado” la genialidad de que la gente les lleve propuestas participativas, algo que en algunos municipios peronistas, radicales y gansos se hace desde hace años.
La oposición, por su parte, tendría que mostrar los defectos concretos del gobierno y cómo sus propias propuestas, de aplicarse, serían las soluciones que necesita Mendoza. Por qué no funciona la educación y cómo se mejora; por qué la salud está en decadencia y cómo hay que hacer para superarla; en qué se equivoca este gobierno y cómo se hacen mejor las cosas. Todo en el marco de un “plan estratégico” para la provincia y hasta un esqueleto de cómo sería el presupuesto si ellos gobernaran. Ello permitiría que después se abran infinidad de discusiones locales sobre obras y programas concretos en cada municipio con sus defensores y detractores.
Sin embargo, la campaña mendocina no tiene absolutamente nada de esto. El Frente para la Victoria local no quiere hablar de Cristina Kirchner porque no le conviene. Los mismos que hace menos de dos años se agolpaban para sacarse una foto con la presidenta ahora prefieren mirar para otro lado. El FPV a nivel nacional no tiene proyecto de futuro más que el resentimiento y la presunta contradicción entre ellos y “las corporaciones” que personifican en los medios, las empresas, los periodistas, o cualquier enemigo circunstancial capaz de cargar con las culpas.
Es cierto que más vale tarde que nunca y que el gobierno nacional después de la derrota en las PASO ha reaccionado en temas sensibles como el impuesto a las ganancias, actualización de algunas asignaciones, el monotributo, o lanzar una nueva versión más abarcativa del plan PROCREAR, aunque lo más probable que la inflación se termine comiendo los créditos que la gente consiga, por el aumento en los costos de la construcción. La sábana siempre va a ser corta y no habrá círculo virtuoso. Estos planes se terminarán financiando con la emisión de moneda barata y más inflación. Pero en los partidos políticos tienen poco tiempo para explicar estos asuntos.
El peronismo ha decidido quedarse a protegerse del aluvión con una campaña muy pobre en propuestas concretas para los mendocinos. Los Intendentes mueven el aparato clientelar para mantener sus pequeños poderes territoriales y cambiar votos por conchabos, prebendas o promesas de carácter individual. Esa es la verdadera campaña. Los punteros radicales más duros no son mucho mejor. Viven todos de lo mismo.
Como un clásico, también aparecen las consabidas críticas al federalismo “trucho” de Argentina, algo que ellos tampoco pudieron revertir. La performance de Cobos como gobernador no tiene puntos salientes. Fue además vicepresidente de CFK, ostentando años de buena relación con los Kirchner. Aunque les duela a los radicales, no siempre estuvieron peleados con el oficialismo...y lo más importante: no dicen enserio cuál es su plan estratégico para Mendoza. ¿Qué quieren hacer? La pelea por el Impuesto al Cheque da vergüenza ajena. Los gobernadores radicales en épocas de la Alianza hicieron mutis por el foro cuando el gravamen se repartía exactamente igual que ahora: casi todo para Nación, casi nada para las provincias. ¿De qué se quejan ahora? Y lo del PJ explicando por qué está bien no coparticiparlo, merece las críticas más feroces. Ayer mismo, la foto de los legisladores del oficialismo explicando lo inadmisible era el retrato de la decadencia centralista en la que Mendoza ha caído.
La corporación política y los medios afines —de ambos lados— han anestesiado a la población. Es posible que el reclamo de una campaña seria no movilice multitudes… pero no menos cierto es que cuando las crisis llueven, después aparecen las quejas y el “que se vayan todos”. Por eso debe exigirse a los políticos que nos digan qué quieren hacer y cómo, y que nos presenten a sus mejores hombres y mujeres.
Ni el país ni Mendoza están como para perder tiempo. Las estadísticas confiables que se conocen hablan de alta inflación, promediando el 24 % o más, si tomamos el índice barrial de precios que da casi 4 % de aumentos al mes en la canasta de los más pobres. Y de escaso o nulo crecimiento. Tenemos deudas pendientes en salud, educación, generación de riquezas, agroindustria, nuevos negocios, atracción de inversiones, y explotación de las escasas ventajas comparativas de Mendoza, como su ubicación en el corredor al Pacífico. Parece un “disco rayado” que repite la canción, pero parece que la realidad trata de enseñarnos lo que no hemos podido resolver. El problema es que los políticos no lo quieren resolver.
En Mendoza cuesta más tiempo conseguir trabajo. El empleo público creció más que el privado en los últimos años, casi el doble en términos porcentuales. Pero el Estado no mejoró. Los déficits presupuestarios son un clásico de la política que se resuelve tomando deuda. La actividad de la provincia va para atrás. Un reciente informe del Consejo Empresario Mendocino refrescó las cifras en términos de Producto Bruto Geográfico, del 2,2% para 2012, luego de alcanzar el 4,7% en 2011 y el 8,6% en 2010. Esa es la cifra clara del retroceso.
¿Dónde están, entonces, los políticos de Mendoza?
“¡Argentinos a las cosas, a las cosas!” decía José Ortega y Gasset. Aquel pensador de origen español que –dicen- soñaba con ser argentino, anticipaba el carácter diletante de nuestra sociedad y del “ser nacional”. En Mendoza podríamos actualizar la frase: ¡Mendocinos a las cosas! (Antes de que se las lleve otro…) Así de pobre está la campaña electoral. Y la culpa es de la mayoría de los dirigentes, desde el primero hasta el último.








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