Los escándalos redefinen las reglas de la prensa

Londres y París, en pleno debate sobre los límites de la privacidad
PARIS.- El creciente escándalo por las escuchas telefónicas está provocando una amplia discusión sobre el equilibrio entre la libertad de prensa y el derecho a la privacidad en Gran Bretaña, incluso en momentos en los que Francia tiene que lidiar con las consecuencias de su tradición de proteger a los poderosos.

Si ahora que el caso de agresión sexual en su contra parece estar debilitándose Dominique Strauss-Kahn queda en libertad, ¿la opinión pública francesa tendrá derecho a saber, o de hecho tendrá apetito por conocer detalles más allá de lo salido a la luz en los tribunales de Nueva York? Y si los menos exaltados ciudadanos ingleses sienten que sus secretos también deberían ser protegidos, ¿cómo tendrían que defenderse de periodistas inescrupulosos que podrían hackear sus más íntimos mails?

Estas preguntas subrayan los contrastes entre culturas que, en el pasado, han hecho de Gran Bretaña el templo de las revelaciones escandalosas y de Francia un refugio de la discreción. En ambos países, el debate ha alcanzado lo que en principio podría ser un punto de inflexión.

En Londres, el periódico sensacionalista News of the World fue acusado de intervenir los celulares de una chica que fue secuestrada y asesinada, de los familiares de las víctimas de los atentados de 2005 en Londres y posiblemente también de familiares de soldados muertos en las guerras de Irak y Afganistán.

El rechazo de la opinión pública fue tan rotundo que el viernes pasado el asediado primer ministro, David Cameron, debió ordenar dos investigaciones paralelas: una sobre el escándalo de las escuchas telefónicas y otra sobre el irresponsable comportamiento de la prensa inglesa. En una conferencia de prensa, Cameron insistió en que la tradición de autorregulación de la prensa británica había fracasado. Y fue mucho más allá: no sólo pidió nuevas formas de regulación sobre la prensa, sino también que termine el contubernio entre organizaciones de noticias que parecen ejercer una enorme influencia y los políticos desesperados por ganarse el apoyo de la prensa para sacar ventaja electoral.

"Por supuesto que es vital que nuestra prensa sea libre", dijo Cameron. "Se trata de un componente esencial de nuestra democracia y nuestra forma de vida. Pero la libertad de prensa no implica que la prensa pueda estar por encima de la ley. Si bien es vital que una prensa libre pueda decirle la verdad al poder, es igualmente importante que quienes ocupan el poder puedan decirle la verdad a la prensa."

Francia, al igual que gran parte de Europa continental, hace tiempo eligió una actitud diferente en cuestiones de privacidad, ofreciendo a los poderosos un grado de protección inimaginable en Gran Bretaña o en Estados Unidos.

Los políticos franceses han podido escudarse detrás de algunas de las leyes de privacidad más rígidas de Europa, que protegen las transgresiones de los poderosos con un virtual código de silencio. La vida sexual de los políticos, de hecho, sigue siendo considerada más un signo de vigor que una causa de preocupación moral. La reputación sexual de Dominique Strauss-Kahn, por ejemplo, era conocida por muchos periodistas, pero rara vez comentada públicamente.

Pero la extensión del conocimiento público del tema sólo salió a la luz cuando fue arrestado en Nueva York en mayo, acusado de intentar violar a una mucama del hotel Sofitel de Manhattan.

En los últimos días y semanas, ambos modelos para transmitir información han demostrado serias fallas, al punto de quedar al borde del fracaso. Esto dejó en manos de los periodistas de Francia y Gran Bretaña la tarea de definir cuál será su papel de ahora en más.

Según Alan Rusbridger, el editor de The Guardian que fue el primero en exponer el escándalo de los teléfonos intervenidos, esta disyuntiva representa "la crisis más grave de las últimas dos o tres generaciones".

Y, como dijo el escritor Christophe Deloire, en París: "Si mañana el pueblo, los lectores o los votantes franceses nos acusan otra vez de habernos guardado un secreto, de aceptar que existen estándares diferentes para los poderosos y para los humildes, ¿qué vamos a decirles? Nuestro objetivo debería ser no decir nada más que la verdad, pero toda la verdad", concluyó.

De alguna manera, el malestar en ambos países representa la conclusión lógica de dos antiguas y opuestas definiciones de la tolerancia. En Gran Bretaña, la indignación de la opinión pública sólo estalló porque News of the World fue acusado de hackear el teléfono de ciudadanos comunes en momentos de dolor. En Francia, el espectáculo de un solo hombre poderoso esposado generó un debate igualmente acalorado.

Pero hay cierto escepticismo respecto de un eventual cambio cultural en Francia como el que pretende Cameron en Gran Bretaña. "Los periodistas prestarán un poco más de atención a las vidas privadas de los personajes poderosos, pero no mucho", dijo Lucas Delattre, ex corresponsal de Le Monde. Del mismo modo, los periodistas británicos también podrían llegar a la conclusión de que quienes se adjudican el derecho a exigir cuentas de sus acciones a las elites muy pronto podrían tener que hacer frente al mismo escrutinio.

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