El circuito que incluye la visita a la Gruta de la Virgen, la Catedral y otros sitios en FME, son muy buscados. Pero la promoción es escasa.
Sin embargo, poco y nada se avanza para potenciar las infinitas alternativas y posibilidades que ofrece el turismo religioso tanto en la Capital catamarqueña como en el resto de las localidades que intentan "venderse" como destino para los visitantes.
Basta con realizar una breve recorrida por el principal sitio de atracción de turistas que llegan a ver a la Virgen, la Gruta de Choya, para caer en la desazón.
Desde el camino hasta la llegada a la Gruta donde la historia cuenta que se encontró la imagen, el recorrido da pena. La avenida Virgen del Valle sigue siendo, como ya lo reflejó este diario, un extenso basural desplegado de norte a sur, aprovechado por la gente para depositar allí los más variados desperdicios, desde basura domiciliaria hasta restos de poda, trastos viejos, o electrodomésticos rotos. Las caminerías hechas en época del Centenario de la Coronación en 1991 también están muy mal conservadas: tienen las lajas desprendidas y las glorietas construidas cada tanto, son usadas para fogatas o como baño.
Al llegar a la Gruta, el panorama no cambia. Hay días en los que los baños (flojos de limpieza) no tienen agua, ni tampoco la hay en la plazoleta del Peregrino, un espacio que reacondicionó la Municipalidad pero en el que no hay, por ejemplo, un sitio para sentarse a almorzar.
No abundan tampoco los espacios para descansar, una vez dentro del playón que antecede a la gruta de piedra con la imagen, lo que no deja de llamar la atención, si se tiene en cuenta que muchos de los que llegan vienen para rogar por su salud en muletas o en sillas de ruedas.
Los descuidos
A la basura a lo largo del camino, una imagen que afea el recorrido, hay que sumarle el hecho de que en el mismo portal de ingreso de La Gruta se instalaron dos enormes contenedores, que por lo general desbordan de desechos, cuando no humean.
Los negocios instalados en la Plazoleta del Peregrino no están diversificados. Todos tienen más o menos la misma oferta. Pero en ninguno de ellos, el turista puede, por ejemplo, pedir un buen almuerzo.
Los baños son un punto realmente descuidado. Es que son pocos (un grupo en la Plazoleta, otro dentro de La Gruta), se los limpia poco, y no están adaptados para personas con dificultades en la movilidad.
Las comodidades tampoco son muchas. Pocos bancos a lo largo del camino y también dentro del predio.

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