Las escandalosas pruebas que pueden derribar a Berlusconi

Las escandalosas pruebas que pueden derribar a Berlusconi
Son 389 folios donde se cruzan testigos y escuchas telefónicas. Ruby R admite que el premier sabía que era menor de edad. Cenas que esconden orgías desenfrenadas. Sexo, poder y dinero en Italia.
Hay algo que no escasea en los 389 folios de la causa del sexgate berlusconiano: nombres femeninos, al punto que su lectura de principio a fin se asemeja, por momentos, a un laberinto con perfume de mujer. PERFIL accedió al documento que la Fiscalía de Milán envió al Parlamento italiano a fin de acceder a los registros contables del premier en la investigación que puede ponerlo tras las rejas por supuesto abuso de poder e inducción a la prostitución de menores. A continuación, las pruebas clave que dejan a Silvio Berlusconi al borde del abismo.

“Yo pensé que eran cenas tranquilas, pero no. Había orgías ahí dentro, no con drogas, hasta donde sé. Tres de ellos y 28 chicas. Todos se la pasan tomando, medio desnudos. Al final, las mujeres se quedan sin corpiño y sólo con esas diminutas tangas.” El textual figura en el folio 142 del documento, como parte de la transcripción de una escucha telefónica del 1º de noviembre de 2010 al ex jefe de la Policía de Nápoles, Carlo Ferrigno. En su diálogo con un amigo, también se refiere a Nicole Minetti, la higienista dental que curó al primer ministro tras el ataque en la plaza de Milán, a fines de 2009, y que luego ganó un lugar como Consejera de Lombardía con un sueldo de 10 mil euros. “Estaba con sus pechos al aire, besando a Berlusconi continuamente. ¡Qué prostíbulo!”, afirmó sin saber que la Justicia lo escuchaba.

En mayo del año pasado, el teléfono de Pietro Ostimi, jefe de la Policía de Milán sonó y una inesperada voz lo intimó del otro lado a dejar en libertad a una joven marroquí de 17 años acusada de robo. “El presidente del Consejo (Berlusconi) me dijo que teníamos en Comisaría a una chica norteafricana que era la nieta de (presidente egipcio Hosni) Mubarak. Y que un consejero regional se haría cargo de ella”, relató el funcionario policial el 30 de octubre de 2010 ante los fiscales. La enviada del premier era Minetti.

Con sólo 25 años y de ascendencia metéorica en el círculo áulico de Il Cavaliere, Minetti figura en la causa como la organizadora de los festines, verdaderos rituales eróticos listados como “cenas” con detalle de asistentes y edades. Las invitadas femeninas, como Barbara Guerra, María Ester García Polanco o Bárbara Faggioli se alternan con otras anónimas. Los hombres, en cambio, son siempre los mismos: Berlusconi, el buscatalentos televisivo Lele Mora y el periodista Emilio Fede.

Según los investigadores, el primer ministro abusó de su posición para evitar que, desde la cárcel, Karima El Mahroug (alias Ruby) pudiera denunciar el delito que se refiere a continuación, además de otros episodios repetidos de prostitución que ocurren en su mansión privada en Arcore. Las pruebas recolectadas son contundentes. E incluso la propia Ruby, pese a negarlo en público, reconoce en la causa que Berlusconi sabía la verdad sobre su edad.

“Frecuento su casa desde que tenía 16 años. He negado todo. Dije que él pensaba que era mayor, que tenía 24 años. Estoy tratando de salvaguardarlo para poder recibir algo a cambio”, le confesó a una amiga en una escucha registrada el 26 de octubre pasado. En forma seguida, en el folio 82, figura una comunicación de la misma fecha en la que alude a la peocupación que le manifestó Mora, el amigo de Berlusconi: “Ruby, debemos encontrar una solución. Es un caso que supera ese de la (Patricia) Daddario y de la (Noemí) Letizia, porque tu eras menor... estamos todos muy preocupados”.

“¿Ruby le dijo si alguna otra persona sabía que era menor de edad?”, interrogó la Fiscalía el 13 de diciembre pasado a Floriano Carrozzo, un carabinieri (policía) que frecuentaba a Ruby. “Me confió que, aunque al inicio de su relación con el presidente del Consejo (Berlusconi) no sabía que era menor de edad, después ella se lo contó”, reveló el agente.

En el documento, son muchos los testigos que dan cuenta de la ostentación permanente que la joven hacía de su relación con el premier. A lo largo de los 389 folios, las escenas de lujuria y sexo se suceden con cuidado detalle, como partes de un ritual donde principio y fin se encadenan sucesivamente. Son sus propios protagonistas quienes dan forma en sus palabras descubiertas al imperio restringido de Arcore, donde Berlusconi se erige como emperador al que todos buscan complacer con sed de dinero. Un reinado que puede llegar a su fin.

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