“Enyesada, la obligaba a ejercer la prostitución”

Este lunes comenzó el juicio a Víctor Purreta por el crimen de Andrea López. Testificó la madre de la joven, Julia Ferreyra. El exboxeador intentó fugarse de la Colonia Penal unos meses atrás.

 

La primera jornada del juicio por el asesinato de Andrea López ocurrido en el año 2004, por el que se acusa al exboxeador Víctor Manuel Purreta (39), tuvo este lunes en el centro de la escena el relato del hijo de la pareja (C) realizado en cámara gessel.

El chico incriminó a su padre en la muerte de su madre. Por eso hablaron su sicóloga, Teresa Gatti, y la sicóloga de la justicia, Virgina Carretero, quien le tomó el testimonio en cámara gessell. Las dos explicaron por qué consideraban que era “creíble” ese particular relato.

El juicio se lleva adelante en la Cámara del Crimen Nº 1 que integran los jueces Alejandra Ongaro (presidenta), Evira Rosetti de González y Miguel Angel Gavazza.

La audiencia comenzó a las 9.11 horas cuando Purreta ingresó a la sala, esposado y con un gesto tranquilo. Miró rápidamente al público y después bajó su mirada. Estuvo junto a su abogado Gastón Gómez.

Purreta escuchó, con ese gesto tranquilo, la acusación. Una de las pruebas clave y decisiva, por la que el juez Daniel Ralli lo procesó, es el testimonio del hijo de Purreta, quien estaba la noche del 9 y la madrugada del 10 de febrero de 2004 en la casa de Maestros Puntanos al 2600.

El primer trámite en llevarse a cabo fue la lectura de la acusación, donde se pudo conocer el escalofriante relato de (C), el hijo de López y Purreta. En distintos tramos del expediente, se hace mención a que el chico contó que Purreta “le pego con un rebenque”, y “la tiró al piso”. Después “le habló” y como no le respondia la puso en la “bañera, debajo de la ducha”. Como seguía “como desmayada”, la llevó a su cama, la del niño. Allí vio que “le salía sangre por la nariz” y que estaba “moradita”.

Purreta hizo uso el lunes de la opción de prestar declaración indagatoria. Anticipó que irá realizando declaraciones a medida que avance el juicio. De hecho, después del cuarto intermedio realizado en horas del mediodía, volvió a pedir ampliar su testimonio.

En sus primeras palabras, Purreta trastrabilló. Dijo que el 10 de febrero de 2004 Andrea vio a su madre Julia Ferreyra por última vez, ya que fue a comer. Pero en rigor quiso decir que fue el 9 de febrero de 2004, horas antes de la desaparición, dato que tuvo que aclarar ante una consulta del fiscal Jorge Amado.

Julia Ferreyra

El primer testimonio de la causa fue el de Julia Ferreyra, la madre de Andrea López. Contó la historia de la pareja, el sometimiento de Purreta para que su hija ejerciera la prostitución, las golpizas y los detalles en torno a la desaparición y la denuncia.

Explicó que Andrea y Purreta se conocieron en el año 1994, cuando ella tenía poco más de 15 años y el 19. En esos primeros años, durante el noviazgo no advirtieron que él la golpeara o que la obligara.

“Ella empezó a trabajar en una fábrica. Pero él le pidió que dejara el trabajo porque tenía celos de los compañeros. Pero después no tuvo problemas en compartirla con otros hombres por dinero”, dijo.

En 1998, cuando Andrea quedó embarazada y fueron a vivir a su casa, Ferreyra se enteró que ella estaba en situación de prostitución. Aunque los enfrentó ellos se lo negaron, contó. Después, la pareja se fue de la casa.

La madre de la joven detalló las brutales golpizas que su hija recibía. Precisó que una vez, cuando Andrea estaba embarazada, Purreta le quebró un tobillo. “Enyesada, la obligaba a ejercer la prostitución”, dijo.

También recordó una golpiza en octubre de 2003, una semana antes del Día de la Madre, cuando Pureta -según consta en la causa judicial por proxenetismo- la “arrastró” con la camioneta.

“Mi hija estaba con el cuerpo cubierto, invierno y verano, por los golpes que le daba”, afirmó. Pero subrayó que los golpes de la cara no los podia tapar. A pesar de las heridas, “Andrea no queria ir al médico”, apuntó su madre.

Ferreyra relató que se enteró cerca del 27 de febrero de 2005, por su madre Susana Noemí García, que Andrea no estaba en su casa desde unos veinte días antes. “Cuando Andrea se iba de la casa después que la golpeaba, Purreta aparecía por casa haciendo bramar el motor de los autos. Pero esa vez no apareció”, dijo.

Además contó la primera vez que su nieto le insinuó lo que ocurrió esa madrugada. Mientras observaba un entierro, el chico le preguntó a su abuela: “por qué papá no puso a mamá en un cajón”. Esa vez, el (C) también mencionó que su padre le pegó a su madre con “un rebenque”, que “la ahorcó” y que después le salió “sangre por la boca”.

Ese relato, según la acusación leída, lo repitieron varias personas. Entre otras, las hermanas Alejandra y Natalia Guzmán, y María Luz Di Caro, las chicas que Purreta llevó a Pehuajó el martes 10 de febrero de 2004, poco después de la desaparición de Andrea López.

Durante la declaración de Ferreyra, el abogado Gastón Gómez tuvo los primeros cruces con la presidenta del tribunal -Alejandra Ongaro- cuando le pidió precisiones de fecha al relato de la testigo. Esos chispazos se repitieron con otros testigos.

Teresa Gatti

De las dos profesionales que asistieron al juicio, primero declaró la sicóloga Teresa Gatti, quien atiende desde los siete años a (C). El tratamiento sicológico lo inició a pedido de la abuela.

“Vino porque el niño tenía pesadillas, no podía conciliar el sueño, tenía problemas de aprendizaje, era inhibido en la escuela y se peleaba”, dijo Gatti. Remarcó que desde la primera consulta, le dijo a Julia Ferreyra que el tratamiento sería “un espacio para el chico”, y que no tenia “nada que ver con la instancia judicial por la desaparición de la madre”. También ese fue el acuerdo con el niño.

Gatti dijo: “corroboré los sueños, con la presencia de sangre”. Y en referencia a la desaparición de su madre, apuntó que “esa parte de su vida estaba bloqueada”.

El chico, cuando llegó a la consulta, “no salía a los recreos, no jugaba, no hablaba con sus compañeros”, apuntó la profesional.

Durante el tratamiento, la sicóloga mencionó que el niño “hizo un dibujo con un auto y una mancha de sangre. Cuando le dije que me hablara del dibujo dijo que era ‘una camioneta con una mujer muerta’”.

También hizo referencia a los “vaivenes anímicos” del chico, que coinciden con “el vínculo con el padre y sus períodos de detención”.

“Me llamó la atención cuando aparece un ‘mensaje’ en (C), que empieza a decir que su madre lo dejaba para trabajar en la calle”, dijo Gatti. Esto fue por “influencia del padre”, cuando salió de la cárcel.

Dijo que el chico comenzó un período de calma cuando su abuela Julia consiguió la tenencia. También indicó que cuando Purreta tuvo una nueva pareja, Analía Gómez, el chico volvió a presenciar “hechos de violencia”.

La profesional subrayó que en otra parte del tratamiento, el chico preguntó si iba a ser “igual que el padre”. Fue cuando se descontroló en la escuela, por una cargada, y tuvo un incidente voiolento. En relación al relato acusador, Gatti dijo: “tiene visos de realidad. Pongo en esto mi ética y mi carrera profesional”.

“El dijo que se sacó un peso de encima”, añadió la sicóloga al ser consultada sobre lo que dijo el menor. Descartó que haya tenido una incidencia o una inducción: “no noté que hubiera intencionalidad de nadie. Pensar que lo pudieran manipular es subestimarlo”.

La profesional destacó que con toda la vivencia traumática que afrontó (C) “fue logrando estabilidad y un pensamiento propio”. Aunque en el año 2008 Gatti se negó a que brindara el testimonio en cámara gessell, después lo autorizó cuando el chico tenía necesidad de contar lo que sabía.

El defensor Gastón Gomez cuestionó que esa cámara gessell se haya hecho con la presencia de la sicóloga Gatti, quien ahora integra la Oficina de Atención a la Víctima y los Testigos de la Procuración. La profesional aún es la sicóloga personal del chico. “Yo estuve presenté nada más”, aclaró Gatti.

Testigos de

la defensa

En la primera audiencia desarrollada este lunes, la mujer policía Jesica Belén Pérez Fassi y el comisario Alfredo Pico fueron los testigos citados por la defensa.

Gastón Gómez interrogó a Pérez Fassi y a Pico (quienes integraban la Brigada de Investigaciones cuando ocurrió la desaparición de Andrea López) sobre qué investigaba la Policía: si la desaparición de la mujer o el crimen.

De esta manera buscó desmostrar que Purreta estuvo en la mira por la muerte y que esa investigación no llegó a buen puerto. Pérez Fassi y Pico detallaron la búsqueda en otras provincias y en campos cercanos a Santa Rosa con las hipótesis de “hallarla viva o encontrar un cadáver”, aseguraron.

 

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