Luego de despedir a la fiscal general interina por cuestionar el decreto que vetó el ingreso de musulmanes, el gobierno salió por primera vez a dar explicaciones formales sobre el tema
SHINGTON.- Se enredó hasta en sus propias palabras. Pero tras cuatro días de tormenta política por su controvertido decreto migratorio, el gobierno de Donald Trump intentó tomar el control con un nuevo giro: descargó la responsabilidad en el secretario del área.
Junto con eso, la otra esperanza que tiene la Casa Blanca es que con la nominación de su candidato para la Corte Suprema, que se esperaba anoche, la cuestión quede superada. Por la dinámica de "una noticia tapa otra".
"Se trata de una de las decisiones más importantes de un presidente", explicó, con acierto, el vocero oficial, Sean Spicer.
El máximo tribunal está bloqueado desde hace meses: con cuatro magistrados liberales y cuatro conservadores, sus resoluciones suelen quedar empatadas. En suma cero.
Salvo una sorpresa, los candidatos finalistas de Trump son conservadores y pro vida. Es decir, contrarios al aborto. Por sus perfiles de edad, el que sea elegido está llamado a servir durante muchos años en el máximo tribunal.
Trump tenía previsto anunciar el elegido más adelante. Pero, en plena crisis, decidió anticipar el crucial anuncio. "Lo adelantó porque quiere y por ninguna otra razón", sostuvo Spicer, al desestimar conjeturas de un intento de acallar el escándalo del decreto migratorio.
Desde el viernes pasado, la nueva administración está bajo fuego por las derivaciones de su controvertido decreto presidencial para limitar el ingreso de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana: Irán, Irak, Libia, Siria, Sudán, Somalia y Yemen.
La decisión, ayer, fue que compareciera el secretario de Seguridad Interior, el general retirado John Kelly, y se hiciera cargo del asunto. Hasta ahora, y por llamativo que suene, el funcionario no había dicho nada sobre una norma que compete directamente a su cartera.
"No se trata de una prohibición", empezó Kelly, al minimizar los efectos de la norma. Lo mismo dijo Spicer. Lo curioso es que sólo 24 horas antes hasta el propio Trump había hablado de "prohibición de viaje".
Enredada en sus propias palabras sobre lo que tiene en juego, la Casa Blanca elaboró una extraña teoría para justificar que no se hable de prohibición de viaje cuando el propio presidente lo hace.
"Es que el presidente usó esa palabra porque la usan los medios. Pero no es una prohibición", dijo Spicer.
General retirado con numerosas medallas en la solapa, Kelly, en tanto, compareció ayer con un traje y una corbata idénticos a los que usa Trump. Justificó una vez más la medida en "razones de seguridad extrema" e hizo luego un difícil equilibrio cuando la prensa local quiso saber si su cartera había tenido participación directa en la redacción de la norma.
La conjetura de medios locales, incluido The New York Times, es que Kelly no tuvo acceso al texto final sino cuando ya fue anunciado.
"Nosotros sabíamos que el decreto venía. No fue una sorpresa. Mi gente estaba al tanto", fueron algunas de las fórmulas con las que el general salió del paso.
Respaldado por el 46% que lo votó, Trump llegó a la Casa Blanca convencido de "sacudir" las estructuras del gobierno y, por lo pronto, lo está consiguiendo.
Su decisión de echar a la fiscal general interina por criticar el decreto en cuestión no termina de ser digerida y genera enormes dudas sobre su respeto a la división de poderes.
Con ánimos caldeados, la puja derivó en una reacción de los demócratas, que, como estrategia, acordaron demorar lo más posible la aprobación de sus candidatos al gabinete.
"Son unos idiotas", les reprochó el senador republicano Orrin Hatch poco antes, y a través de la red social Twitter el propio Trump había abierto el fuego.
"Deberían tener vergüenza de sí mismos", les reprochó. "Nada les sale bien. Ni siquiera su manifestación de protesta", ironizó.
Con eso aludió Trump a los problemas técnicos que tuvieron senadores demócratas en la protesta que montaron anteanoche en el Capitolio.
"Puede que nuestro micrófono no funcionara. Pero le aseguro que la gente nos escucha y que oye la voz de por lo menos 240 legisladores que repudian su política", sostuvo la veterana legisladora por California Nancy Pelosi.
Los demócratas carecen de número en el Capitolio para bloquear la designación de ministros e incluso del nuevo juez de la Corte Suprema. Pero se comprometieron a hacer "todo lo posible" por demorarlas.
Mientras el general Kelly hacía frente a las críticas del decreto presidencial e intentaba disipar dudas sobre el funcionamiento de la administración, Trump volvía a comparecer desde la Casa Blanca.
Lo hizo por primera vez con su yerno, Jared Kushner, a su derecha, en el cargo de principal asesor de la Casa Blanca.
También lo acompañaba el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani, a quien se señala como uno de los autores del decreto, al igual que el nuevo titular del Consejo de Seguridad, el publicista Steve Bannon, señalado como uno de los poderes en las sombras del nuevo gobierno.
Si bien se mantiene firme en su decisión de no dar marcha atrás, el gobierno viene bajando el tono de su decreto. "No es una prohibición de viaje. Es sólo una pausa temporal hasta que acordemos nuevos procedimientos de seguridad", dijo Kelly.
"Nuestros valores como nación están preservados. No estamos cometiendo ningún atropello", aseguró el general.
Buena parte del país y del mundo lo ve de otra manera.

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