El presidente los prefiere, por encima de las opciones de Suecia y de EE.UU.
Además de transferir tecnología, los franceses aceptaron una reserva de mercado para Brasil en América del Sur y la "soberanía irrestricta" en el uso y comercialización de las aeronaves.
El jueves último, el canciller Celso Amorim confirmó en París que discutió el asunto en un almuerzo con Jean David Levitte, consejero diplomático del Palacio del Elíseo. El punto por discutir sería el precio. Según informaciones periodísticas brasileñas, el Rafale-C es más caro que sus competidores de la sueca Gripen NG y el norteamericano F-18 de la Boeing. Pero tiene a favor una cuestión geopolítica. La compañía francesa garantizó que dejará en manos brasileñas los futuros contratos de venta en América Latina. Esto parece haber sido determinante, a partir del veto que EE.UU. hizo recaer sobre la empresa Embraer al frustrar una venta de Super Tucanos a Venezuela porque las máquinas de encontenían "elementos sensibles" de la tecnología estadounidense.
Durante la última semana fue evidente un "desentendimiento" entre el gobierno de Lula y la Fuerza Aérea. Desde la comisión aeronáutica que estudiaba las tres ofertas se filtró a la prensa un informe que sería entregado al presidente brasileño esta semana. Según ese dossier, la FAB tendría preferencias por el caza sueco, dado que su precio resultaría muy inferior. Pero desde el Planalto vino la contraofensiva: el avión de la Gripen todavía es un prototipo y si bien puede ser más económico en un inicio, a la larga podría "resultar más caro", en palabras del propio canciller Amorim. Por si fuera poco, sus motores son fabricados por la General Motors, empresa norteamericana que puede prohibir la venta a países incluidos en la lista de "no amigos" de la Casa Blanca.
La operación por los 36 primeros cazas asciende a 6.000 millones de dólares; con semejante cifra en juego ninguno de los concurrentes mezquinó acciones a favor de sus respectivas ofertas.
El lobby de EE.UU. fue particularmente intenso y comprometió al presidente Barack Obama, quien consiguió que el Congreso liberara la cesión de tecnología a Brasil como condición para la realización del negocio. Pero hechos políticos posteriores, como la instalación de bases militares en Colombia y el episodio hondureño, reafirmaron la decisión de Brasilia de optar por el Rafale.



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