Entre las pocas nueces, Neuquén hace menos ruido

No se sabe, ni es posible saberlo ya, qué pasará con la enorme crisis energética de Argentina. La escalada política contra la petrolera YPF depende ahora de una decisión de Cristina Fernández. Neuquén no levanta olas. Espera esa definición, con ansia y en silencio.
Desde el principio, se vio que el gobierno de Jorge Sapag no participaría de la parafernalia alimentada por el kirchnerismo en Santa Cruz y Chubut. Hacer de la explotación petrolera una bandera de nacionalismo a la misma escala que otras causas, como Malvinas, no ha estado desde el primer momento en su idea.

Pero la propuesta neuquina –coordinar inversiones estatales y privadas, proyectar 20.000 millones de dólares para cinco años, perforar 2.000 pozos- no tiene respuesta aun. La reunión anunciada con Julio de Vido y las 10 provincias productoras de hidrocarburos no se hizo. Solo se avanzó con el populista acto de Chubut y Santa Cruz, y se exageró la postura de Neuquén y La Pampa, mediáticamente.

Los gobernadores de estas dos provincias moderaron el tono de guerra usado por los de Santa Cruz y Chubut. Reclamaron inversiones en yacimientos previsibles o por su escasa importancia o porque ya se sabe lo que se invertirá en ellos.

Las diferencias entre las posiciones son notorias, aunque no haya demasiado interés en acentuarlas y ponerlas en evidencia. Jorge Sapag, internado este fin de semana en el Neuquén “profundo”, inaugurando aserraderos, la otra cara de la provincia productiva posible, está convencido que hacer mucho ruido para obtener pocas nueces no es la estrategia adecuada. Mucho menos si el gobierno nacional parece vacilar, una vez más, en la justeza de sus propias decisiones, y no muestra con claridad qué quiere hacer con YPF.

Desde la oposición política provincial, no hay tampoco demasiado empeño en pegar en la matadura energética. Por izquierda, se le reclama al gobernador que explique la diferencia entre las inversiones cumplidas que señala Nación, y la que apunta Neuquén. Se pretende que Neuquén vocifere contra YPF (y si es contra otras empresas también, mejor), sabiendo que no lo va a hacer, por la simple aplicación del teorema de Baglini: el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es inversamente proporcional a la distancia que éste tiene respecto del poder.

Pero esos reclamos no son demasiado convincentes. Porque además, el kirchnerismo neuquino, inexorablemente dividido en matices y convicciones diversas, no tiene una única posición respecto del tema. No es lo mismo Pablo Todero, por ejemplo, que el también secretario general de la CGT, Sergio Rodríguez. Y si se toma en cuenta a “Pichi” Sagaseta, el más cercano a Oscar Parrilli, también se percibirán diferencias en cómo encarar la cruzada K contra las petroleras.

Sagaseta comparte en todo lo que ha mandado el gobierno nacional. Rodríguez, en cambio, estuvo en el acto del petrolero Guillermo Pereyra. El gremio petrolero, como se sabe, comparte la posición de Sapag y defiende a las empresas en tanto aseguren puestos de trabajo. Hay 8.000 puestos laborales en juego, que en gran medida dependen de qué palabras utiliza la Presidente en sus discursos.

Así las cosas, la espera es tensa. La única apuesta, sin plan B, de Neuquén, es al desarrollo de los yacimientos no convencionales. Este desarrollo puede frustrarse si el gobierno nacional da un paso equivocado. Hay mucho, por no decir todo, en juego. De ahí el prudente silencio, o lo que es lo mismo, la recurrencia a la repetición de conceptos y palabras moderados.

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