Más allá de la pirotecnia política, los cruces sobreactuados y las reacciones desmedidas, el camino al 25 de octubre esconde un gran enigma: ¿Cómo se distribuirán los votos que obtuvo Baragiola en las elecciones Primarias?.
Parece mentira pero recién este miércoles se dará oficialmente inicio a la campaña electoral de cara a las elecciones del próximo 25 de octubre que, entre otras tantas cosas, definirán la persona que guiará los destinos del partido de General Pueyrredon durante los próximos 4 años.
Más allá de los formalismos, la campaña comenzó el mismo día en que se conoció el resultado de las elecciones primarias y, a riesgo de ser reiterativos, no se ha caracterizado por mostrar el mejor perfil de los candidatos. Para ser más claros, este proceso ha dejado ver la peor cara de algunas de las fuerzas en pugna.
Describir algunas prácticas propias de estas últimas semanas no aportaría mucho (en realidad aportaría nada) al análisis, solo derivaría en malos entendidos y suposiciones sobre posiciones editoriales que distan de la realidad. Todos debemos asumir que las palabras tienen su peso, al igual que los silencios y las imágenes.
Cuando el oficialismo se decide a responder cada gesto en falso de Arroyo emite un mensaje que puede ser interpretado de diversas maneras, pero que inevitablemente tendrá algún tipo de consecuencias, y que puede (y debe) ser sujeto al análisis de los medios de comunicación.
Cuando el candidato de Cambiemos reduce al máximo sus apariciones públicas, sólo elige concurrir a los debates o exposiciones en donde no se presenta el jefe comunal y plantea un esquema de conferencia de prensa que se asemeja mucho más al monólogo matinal del Jefe de Gabinete que a una disertación abierta a la prensa, también emite un mensaje y por supuesto que también está sujeto a interpretación.
En los últimos días las embestidas del oficialismo contra la persona de Carlos Arroyo parecen haber amainado, sólo la concejal Claudia Rodríguez cargó sobre el vecinalista devenido en macrista en relación a una frase poco feliz: “Voy a torturar al secretario de hacienda para que haga Jardines de Infantes en caso de llegar a la Intendencia”, afirmó en “conferencia de prensa” ante la atónita mirada de aquellos que creen que pueden controlarlo todo. Sin dudas la frase debe ponerse en contexto y quitarle cualquier dramatismo.
Las presencias y las ausencias parecen ser la clave de esta última semana. Para ser sinceros, los medios de comunicación resultamos cómplices de este cruce un tanto absurdo. Más allá de quienes participaron de los encuentros, el foco periodístico debe recaer en las exposiciones. El interés mediático no siempre coincide con la esencia del periodismo. Una asignatura pendiente.
Más allá de la pirotecnia política, los cruces sobreactuados y las reacciones desmedidas, el camino al 25 de octubre esconde un gran enigma: ¿Cómo se distribuirán los votos que obtuvo Vilma Baragiola en las elecciones primarias?
El famoso, y tan difícil de cuantificar “voto radical” es la clave de esta elección. Baragiola obtuvo cerca del 20% de los votos, se supone que gran parte de esta cosecha es de origen radical. La orgánica partidaria “ordenó” acompañar al candidato de Cambiemos, pero es un secreto a voces que el radicalismo celebró el ingreso de Arroyo a la coalición macrista vislumbrando una futura fidelización de sus votos a una posible candidatura de Vilma. Eso no ocurrió.
Sin lugar a dudas Pulti perdió gran parte del capital electoral que lo llevó a la intendencia al sumarse de lleno al proyecto “nacional y popular” y en contrapartida logró fidelizar gran parte del voto kirchnerista local. Este proceso no es nuevo, pero se ha ido acentuando elección tras elección. Sin posibilidades de hacerse de los votos del radicalismo, el Frente Marplatense encuentra su techo en una cifra cercana al 35%.
Por su parte, resultaría lógico que el ex “zorro gris” no sea capaz de contener el aluvión de votos macristas en nuestra ciudad. Algunos atribuirán esa incapacidad a la campaña de “desprestigio montada desde algunos sectores concentrados”, otros a que la primaria de Cambiemos resultaba ser “atractiva” en términos electorales, y algunos comenzarán a enumerar atributos que los electores consideran en las elecciones generales con mayor atención que en las primarias. Lo cierto es que Cambiemos parte de un piso que superaría el 30%.
Las primeras encuestas aparecieron sigilosas. Algunas hacen referencia a una diferencia de 10 puntos a favor de Arroyo, mientras otras auguran un escenario de paridad. En ambos casos la suma de las ambas opciones rondaría el 80% del total de los votos. Es un escenario de máxima polarización, muchas veces forzado metodológicamente.
Tímidamente los “otros 3” candidatos a la intendencia emergen con la intención de romper este esquema bipolar. Desde el progresismo harán todo lo posible para que los radicales opten por la candidatura de Pablo Farias. Desde UNA buscarán que el voto justicialista no kirchnerista que acompañó a Arroyo se vuelque por una opción joven pero a la vez competitiva. Desde la izquierda buscarán capitalizar cualquier derrame de las otras opciones con una postura clara y sostenida en el tiempo.
En las tiendas del pultismo esperan un crecimiento de “los otros 3”. Las combinaciones son casi infinitas, pero un escenario de polarización superior al 80% dejaría al intendente con las manos vacías.
Aunque parezca increíble, en menos de 30 días “los radicales”, pese a no tener candidato a la intendencia por primera vez desde la vuelta de la democracia, definirán el futuro intendente. Paradojas de un escenario electoral impensado (a veces poco pensado) pero atrapante.



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