No se fijan en gastos. No reparan en los gestos, no disimulan que son inescrupulosos. En cambio exhiben su osadía y audacia para obtener ventajas y beneficios políticos, no tienen límites, apelan a las armas que tienen a mano.
El golpe bajo existe en la política mal entendida. Pero acá ya es golpe bajo, piquete de ojos y patadas en las rodillas, es francamente indignante cómo se utiliza el peor recurso, para obtener una ventaja pordiosera, insignificante, aún a costa de generar un efecto boomerang, que pueden despertar algunas conductas.
Hay un hilo de conducción, entre los afiches (que empapelaron Capital Federal) de CFK e Insaurralde, en la foto con Francisco en Río de Janeiro. Esta copia desfachatada, de luces bajas e impertinente, en la que se ha convertido el intendente Gustavo Pulti, tuvo su dosis de oportunismo, cuando hizo prensa en La Catedral, con una visita a monseñor Marino, para que traslade la invitación al Papa, de una visita a Mar del Plata, con el evidente propósito de capitalizar el éxito del Sumo Pontífice.
Evidentemente ya les resulta insuficiente falsificar las estadísticas oficiales, sino que tocan la delicada relación que deben observar las instituciones del país, a las evidentemente también están dispuestos a tirarlas por la borda.


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