La encrucijada palestina: la iniciativa de Abbas pone en aprietos a Obama

WASHINGTON.- Seis décadas de guerra y frustración buscan esta semana un nuevo curso cuando el duelo entre israelíes y palestinos se instale de lleno en la Asamblea General de las Naciones Unidas, convertida en el escenario de una audaz jugada cuyas derivaciones podrían tener profundo impacto en un Medio Oriente ya en ebullición por la llamada "primavera árabe" y en el gobierno de Barack Obama, que enfrenta una incómoda encrucijada diplomática.

Parte del juego está en la mesa. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, confirmó que el viernes próximo pedirá al Consejo de Seguridad el reconocimiento de "Palestina como miembro con plenos derechos y obligaciones" con las fronteras previas a la guerra de 1967.

Estados Unidos e Israel lo rechazan de plano y eso abre paso al juego que se espera. Esto es, que si la iniciativa llega efectivamente al Consejo de Seguridad, la Casa Blanca la bloquee haciendo uso de su derecho a veto, algo que dejaría a ambos aliados en una situación delicada. Por un lado, Washington envía un mensaje contradictorio al apoyar la "autodeterminación" de los pueblos árabes en Libia, Egipto y en Túnez, al tiempo que niega al Estado palestino. Por el otro, Israel ve complicarse sus relaciones en la región, en especial desde que cayó Hosni Mubarak, en febrero pasado (ver aparte).

Para Obama, las consecuencias de la jugada serían inmediatas. No bien la solicitud palestina se formule, el mandatario demócrata "confirmará dolorosamente los límites de su diplomacia" en Medio Oriente, describió The Washington Post. No sólo es el fracaso de su política exterior. También en lo interno la cuestión significa un golpe inesperado, ante el retroceso que experimentó la imagen del presidente entre votantes judíos, que perciben su posición como antiisraelí. En particular, desde que sostuvo que las colonias judías en territorios palestinos son "ilegítimas".

"Esto puede costarle votos en momentos en que no le sobran", previno Marc Di Camillo, de la consultora Field Poll.

En mayo último, Obama tenía un apoyo del 68% de los votantes judíos, según Gallup. Un mes más tarde, tras haber llamado a reanudar negociaciones directas sobre la base de las fronteras de 1967, perdió 13 puntos.

La Casa Blanca quedó a la defensiva. Uno de los hombres de confianza de Obama, David Axelrod, puso en marcha una campaña para "conectar con votantes judíos".

"Creo que tendremos un septiembre negro", ironizó ante La Nacion un diplomático europeo. "Se abre una caja de Pandora de la que nadie sabe muy bien qué saldrá", añadió.

La metáfora se apoya en la impresión de que la maniobra de Abbas no se detendrá allí, sino que buscará convertirse en el primer escalón de un "largo proceso de negociación".

Esa nueva etapa, tendrá la particularidad de transcurrir "bajo la presión" de un nuevo escenario, en el que, por primera vez en décadas, la ANP parece fijar la agenda.

La jugada parece ir mucho más allá del simbolismo que podría encerrar la esperada maniobra de pedir el reconocimiento y resultar rechazado por el veto norteamericano.

"Sería un error pensar que esto es sólo un gesto pour la galerie, que se agota en sí mismo porque, a diferencia de eso, estamos frente a un paso lleno de contenido", opinó Khaled Elgindy, de la Brookings Institution.

Desde esa perspectiva, la cuestión palestina está ahora no sólo en la ONU, sino en el centro de esa "primavera árabe". Instalada allí, tensa la compleja geometría de alianzas en la zona e interroga la forma en que se plantan en ella cada uno de los actores.

"Sería bueno que israelíes y palestinos comprendan que su audiencia es mucho más amplia que ellos mismos", previno Joshua Goldstein, experto en Medio Oriente de la American University.

Animos

La pasión está a flor de piel. Hay manifestaciones de júbilo anticipado en Cisjordania para respaldar la "histórica gestión" de Abbas. En Tel Aviv corre un video del vicecanciller Dani Ayalon, según el cual los palestinos "buscan el fin" del Estado judío. Y en Nueva York, el cruce entre unos y otros se extiende con una incansable pegatina de afiches.

En la mesa diplomática, el ánimo es más grave. Israel no quiere que los territorios palestinos sean reconocidos como Estado porque teme que eso abra un frente judicial internacional de derivaciones inciertas para sus colonias. Si eso sucede, Israel "podría ser demandado ante la Corte Internacional de La Haya (CPI) por instalar colonias en la jurisdicción de un Estado", admitió el primer ministro Benjamin Netanyahu ante diplomáticos europeos, reveló el diario Haaretz.

"Mientras [los palestinos] sean menos que un Estado, yo estaría dispuesta a hablar de lo que sea", fue la sugestiva afirmación de Netanyahu ante la canciller de la Unión Europea, Catherine Ashton. Dicho de otro modo, el premier estaría dispuesto a apoyar "que se eleve el estatus" palestino dentro de la ONU, siempre y cuando eso no signifique su reconocimiento como Estado de ningún rango, ni siquiera como "observador".

"El problema es que lo que parecería pretender Netanyahu no tiene figura jurídica dentro de las Naciones Unidas; habría que crearla a su medida y aprobarla primero", deslizaron a LA NACION fuentes diplomáticas, escépticas ante la viabilidad de ese camino, en el que muchos podrían ver sólo una maniobra dilatoria.

Por el otro lado, Israel sabe que no las tiene todas consigo. Si bien cuenta con el veto norteamericano en el Consejo de Seguridad, sus opciones parecen más acotadas en el escenario de la Asamblea General, donde la llamada "segunda opción" -esto es, que Palestina sea declarada "Estado observador"- podría ser aprobada relativamente en poco tiempo.

"Por lo menos, 140 países" estarían dispuestos a votar ese reconocimiento, previno el embajador israelí ante el organismo, Ron Prosor, en un lapidario informe que trascendió en la prensa de su país.

Según se conjetura en esta ciudad, eso es lo que, en definitiva, terminaría empujando a Netanyahu a aceptar una negociación frente a la nueva estrategia diplomática de Abbas.

Abbas está decidido a forzar la causa palestina en la ONU. Tiene 76 años y quiere acabar su carrera como primer presidente. Sabe que pagará precios de todo tipo.

"Si insiste por ese camino, vamos a considerar seriamente la suspensión de la ayuda financiara a la ANP", previnieron demócratas y republicanos en el Capitolio. Washington envía 500 millones de dólares al año a los palestinos. "Sería un golpe, pero nuestra principal ayuda proviene de la UE", sostuvo Mohamed Shtaye, asesor de Abbas.

Pese a todo, el líder de la ANP apostó por un choque total: una decisión unilateral, prohibida en los Acuerdos de Oslo, opuesta a los deseos de Washington y potencialmente destinada a agriar al extremo la relación con Israel y la tensión entre colonos y palestinos en la Cisjordania ocupada.

A estas alturas, sin embargo, es difícil imaginar que retroceda. "Sería un suicidio político", dijo un diplomático europeo a LA NACION. "Abbas llega a esta instancia en una situación precaria, en la que no resulta irrazonable jugarse a fondo", explicó.

Ahora, todas las cartas están en la mesa y empieza otra batalla por la Tierra Prometida..

Comentá la nota