Las hermanas Gladis y Rosa Villalba conocieron este año a Leonilda Navarro. La primera de ellas lleva dos años vinculada al nodo Villa Parque de la Fundación Grameen. Antes había trabajado como beneficiaria de un Plan Trabajar. Pasó por el Albergue Provincial, el Centro Sanitario, la Escuela 255 y un centro Ayelén.
Las tres inauguraron el lunes un local comercial sobre la calle México 798, esquina José Ingenieros. "Estoy contenta porque me fue muy bien, logré todo lo que quería. En dos años logré todo lo que no hice en veinte", relató ayer Gladis en diálogo con LA ARENA. Vive en Villa Parque junto a su esposo. Tiene tres hijas, una de ellas casadas, y tres nietos. "Una estudia para docente -se recibe este año- y la otra, profesora de computación", aseguró orgullosa.
Mil peros.
Leonilda decidió sumarse a Grameen porque su negocio encarado en solitario no le generaba los ingresos suficientes para afrontar un costo de vida cada vez más elevado. "No nos conocíamos antes (de Grameen). Tuvimos una buena relación entre las tres, mucha comunicación, cada una fue a la casa de la otra para conocer a la familia de cada una y surgió la idea de poner el negocio", explicó.
Vecina del barrio Pampa, vive sola ya que sus hijos están casados y formaron sus propios hogares. Rosarios, velas, santos y sahumerios son algunos de los productos que ofrece. "Aparte de eso también soy artesana, voy por los pueblos a vender mis productos y así es como generamos el dinero para seguir comprando y hacer cosas", contó.
Todavía no lleva un año en Grameen. Llegó por consejo de una amiga, participó de una reunión y ya no tuvo dudas. "Cuando uno va a pedir un crédito en cualquier lado, le ponen por delante mil peros, pero acá no", afirmó. La política de Grameen es prestar montos pequeños a los que menos tienen. La tasa de recupero es altísima.
Polirubro Tentación le pusieron al comercio que abrieron el lunes. Setecientos pesos de alquiler, más las facturas de luz y gas, componen los gastos principales que deben afrontar en esta nueva etapa como emprendedoras.
Esperanza.
Rosa Villalba lleva apenas ocho meses como microemprendedora. Vende lencería y cosméticos, entre otros productos dirigidos a un público femenino. "Me va bien, tengo buena clientela", afirmó. ¿Por qué embarcarse en la apertura de un comercio si la venta ambulante le resultaba rentable? "Queremos probar para que nos vaya mejor, para progresar. Tenemos esperanza en que nos irá bien", respondió.
Con una familia compuesta por su esposo y los cinco hijos de ambos, con quienes reside en el barrio Fonavi 25, Rosa conserva dos empleos como trabajadora doméstica.
Las tres concurren todos los jueves a la Escuela 255, entre las 18 y las 19. Allí pagan la cuota semanal de veinte pesos para estar al día con la cancelación del microcrédito.
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