El vicepresidente se reunió con las principales fuerzas opositoras para acordar reformas; los manifestantes mantienen la presión
Más allá de este avance, y pese a que creció ayer la presión internacional, el nuevo hombre fuerte de Egipto dejó una vez más en claro que no cederá a la presión de los miles de egipcios que siguen ocupando la plaza Tahrir. Y que Mubarak, una figura totalmente deslegitimizada y humillada por las protestas, se queda.
En sintonía con la escenografía de la televisión estatal, que mostró imágenes de esta primera reunión, Suleiman rechazó un pedido de la oposición para que asuma los poderes de Mubarak. Esto podría haber significado una solución de compromiso para satisfacer a los manifestantes que desde el 25 de enero ocupan la plaza y que se muestran decididos a no irse de allí hasta que Mubarak, de 82 años y con 30 años en el poder, renuncie a su cargo.
En un paso para destrabar la crisis política que ha provocado un terremoto en Egipto, Suleiman y sus interlocutores acordaron reformar la Constitución y poner fin a la ley de emergencia, en vigor desde 1981, cuando Mubarak asumió el poder luego del asesinato de Anwar el-Sadat.
Si bien se trata de avances que confirman que ha comenzado el principio del fin de un régimen autoritario y corrupto luego de tres décadas en el poder, las negociaciones no dejaron satisfechos a muchos de sus protagonistas.
Anochece en la plaza Tahir, donde no cesan los reclamos desde hace 13 días - Foto: AFP
El pueblo egipcio reunido en la plaza Tahir de El Cairo, espera la resolución de las negociaciones entre el gobierno de Mubarak y la oposición - Foto: AP
El pueblo egipcio reunido en la plaza Tahir de El Cairo, espera la resolución de las negociaciones entre el gobierno de Mubarak y la oposición - Foto: AFP
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Según el comunicado del gobierno, las partes acordaron formar una comisión que deberá estudiar reformas constitucionales y otra que proponga cambios en la primera semana de marzo. La idea es la reforma de los artículos 76 y 77 de la Carta Magna, que estipulan los requisitos para ser candidato presidencial y el número de mandatos que puede tener el jefe de Estado. La nota señaló también que las partes se manifestaron de acuerdo en levantar la ley de emergencia -que en las últimas tres décadas el régimen usó para ahogar a los disidentes-, pero solamente en función de la "situación de seguridad". No extrañó entonces que la Hermandad Musulmana, el principal grupo de una oposición, que de todos modos se muestra dividida, tachara los acuerdos alcanzados como "insuficientes".
Abdel Monem Abul Fotuh, destacado miembro de la Hermandad Musulmana, dijo que el comunicado representaba "buenas intenciones, pero no incluía ningún cambio sólido". "Necesitamos que el presidente cambie por decreto los artículos 76 y 77; que disuelva el Parlamento; libere a todos los presos políticos, y ponga fin al estado de emergencia", explicó. "Hasta entonces, la juventud seguirá en las calles y, al mismo tiempo, las negociaciones continuarán", advirtió.
El avance, aunque importante, tampoco pareció conformar a la comunidad internacional: anoche, en una entrevista televisiva, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aumentó la presión sobre Mubarak, y advirtió: "El tiempo de cambiar Egipto es ahora".
Mientras tanto, al comenzar la semana laborable -que aquí arranca el domingo-, un primer atisbo de normalidad comenzó a percibirse en esta capital, sacudida y paralizada por los saqueos, la violencia y el clima de anarquía que imperó durante los últimos diez días.
Los bancos volvieron a funcionar durante tres horas luego de nueve días cerrados y uno de cada tres negocios levantaron sus persianas.
En toda la ciudad se veían largas colas frente a los bancos. "Muchos, como yo, se quedaron sin efectivo e intentan cobrar ahora el sueldo o la jubilación", dijo a La Nacion Mohammed, un ingeniero jubilado. Pero el dinero seguía faltando de la mayoría de los cajeros. Para evitar una masiva retirada de fondos, el Banco Central impuso un límite para depósitos y retirada de dinero en efectivo.
Otras señales de la incipiente normalidad fueron los embotellamientos y los bocinazos en las avenidas, característicos de esta caótica metrópolis de 20 millones de habitantes, que nunca como la semana pasada estuvo tan inquietantemente silenciosa.
"Aunque sé que nadie va a entrar a comprar, abrí porque quiero dar señales de vida", dijo a La Nacion Mounir Nouby, dueño de un negocio de antigüedades de la avenida 26 de Julio, mientras miraba por televisión las novedades desde la plaza Tahrir. "Nunca fui a la plaza, pero estoy con ellos: son 30 años que en los que sufrimos y hemos logrado cosas increíbles en estos últimos días. Espero que Mubarak se vaya, pero sólo si no hay caos, así estos chicos tan valientes también pueden volver a su casa", opinó.
Nuevamente la plaza Tahrir fue la meta de cientos de miles de personas que bailaron, cantaron y hasta rezaron junto a un grupo de cristianos en honor de los "mártires", es decir, los más de 300 muertos que, según las Naciones Unidas, hubo desde que se inició la protesta contra Mubarak.
Si bien otra vez quienes quisieron llegar al emblemático lugar debieron hacer fila y sortear controles, por primera vez en más de una semana el tránsito volvió a fluir en el puente Qasr Nil, sobre el Nilo, que lleva a la plaza. El objetivo del gobierno es que, más allá de que la protesta siga, el país vuelva a funcionar, como piden miles de egipcios que necesitan desesperadamente regresar a sus trabajos para poder alimentar a sus familias.
En una pulseada que podría durar semanas, la estrategia del gobierno parece ser agotar al enemigo, al convertir la plaza en una suerte de "isla de protesta" que no impida que Egipto, la nación más poblada del mundo árabe, salga de la parálisis.
La rebelión: día 13
Primer acercamiento. El vicepresidente Suleiman se reunió con los principales grupos de la oposición para pactar reformas constitucionales. La Hermandad Musulmana, presente en el encuentro, calificó las propuestas del gobierno como "insuficientes". Una comisión conjunta analizará ahora las reformas por aprobar.
Cristianos en la plaza. Cristianos y musulmanes oraron juntos en la emblemática plaza Tahrir, donde ayer volvieron a concentrarse miles de manifestantes para exigir la renuncia de Mubarak.
Colas en los bancos. Ayer se registraron largas colas en los bancos, que reabrieron sus puertas durante tres horas por primera vez luego de nueve días. Algunos negocios también retomaron sus actividades comerciales.

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