Elecciones 2011: incógnitas del día después

Los tres meses anteriores a las elecciones presidenciales de 2007 se produjo un repunte en el nivel de salida de capitales. Nunca quedó muy claro si esa escalada se había producido por la proximidad de los comicios o tenía más bien que ver con la escalada de la crisis subprime , es decir generada por el derrumbe de los precios de los inmuebles, en los Estados Unidos.
El dato más relevante, sin embargo, es que inmediatamente después de los comicios que consagraron a Cristina Kirchner como presidenta no sólo se detuvo sino que en el último bimestre de aquel año se frenó totalmente la fuga. La luna de miel, sin embargo, duró poco: en marzo de 2008 llegaría la pelea con el campo que modificó definitivamente la visión que los inversores tenían sobre el gobierno.

La fuga de capitales está también presente en esta oportunidad. Claro que esta tendencia no se está dando exclusivamente en los meses anteriores a los comicios, sino que resultó una constante prácticamente durante todo el gobierno de Cristina. El promedio de salida se ubica, sin ir más lejos, en los u$s 15.000 millones anuales.

La principal incógnita en relación con el comportamiento de la economía tiene que ver justamente con este punto: una vez finalizado el proceso electoral, ¿se suavizará o se frenará la tendencia a la dolarización?

En primer lugar, habrá que esperar para ver quién resulta el ganador. Uno de los aspectos más relevantes es que la oposición tiene un amplio abanico de coincidencias en relación con lo que hay que hacer si alguno de los candidatos asume el 10 de diciembre: el menú consiste en terminar con la intervención del INDEC, bajar gradualmente la inflación, reducir los subsidios y disminuir la tasa de crecimiento del gasto público. La mayoría también propone establecer reglas de juego más amigables para la inversión. Nadie se mete con el tipo de cambio: proponer una devaluación en la Argentina para ganar competitividad, por ejemplo, sería suicida, al menos desde el punto de vista de las posibilidades electorales.

La presidenta se ocupa, por el contrario, de mantener el misterio sobre las medidas a adoptar si obtuviera la reelección. La designación de Amado Boudou como candidato a vicepresidente resultó una señal tranquilizadora para los inversores, aunque estuvo lejos de provocar euforia en los mercados.

Fue, sin embargo, la única señal concreta que hasta ahora brindó Cristina. Por el momento, no está claro quiénes la acompañarán del actual gabinete más allá de las bajas obligadas, como la del propio Boudou y la de Aníbal Fernández, primero en la lista de candidatos a senadores en la provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria.

La figura de Guillermo Moreno es la que más polémica genera. El secretario de Comercio Interior se encarga a cada rato de afirmar en reuniones privadas que se quiere ir el 10 de diciembre. Claro que ahora otras versiones periodísticas --que nadie confirma ni desmiente- aseguran que su objetivo es llegar a la presidencia del Banco Nación, manejado seriamente por un histórico de la institución, Juan Carlos Fábrega.

Pero no está claro, por otra parte, si habrá una convocatoria amplia para integrar el nuevo gabinete o Cristina se seguirá manejando con su círculo íntimo. Todo indica que esta segunda alternativa es la más factible, desde el momento en que justificó la designación de Boudou como candidato a la vicepresidencia por su "lealtad".

No se trata, en el fondo, de una cuestión de hombres, sino de políticas. Dependerá de la dirección que adopte el nuevo gobierno lo que definirá si se calma la ansiedad del mercado y disminuye la fuerte tendencia a la dolarización.

Encarar exitosamente el ataque a la inflación es casi sin lugar a dudas uno de los elementos más significativos para que retorne la calma. Uno de los motivos que lleva a la acumulación de divisas es la sensación de que el tipo de cambio se está atrasando en forma cada vez más peligrosa. La sensación es que el dólar es hoy un bien barato en comparación con el resto de los precios de la economía.

Mantener un esquema de inflación superior al 20% contra un tipo de cambio que sube en forma mucho más lenta termina generando una mayor presión cambiaria. Lo notable es que aún cuando el dólar fue la peor inversión de los últimos años (en comparación con la tasa de plazos fijos en pesos, acciones, bonos u oro), igual sigue siendo el activo preferido. La gente, en definitiva, prefiere sentir que duerme tranquila, algo que al menos en la Argentina sólo el dólar puede ofrecer.

Pero también se requieren definiciones urgentes sobre el futuro del INDEC, el nuevo índice de inflación, un acuerdo con el Club de París y el futuro de la política energética, por sólo nombrar los temas más urgentes.

Cualquiera sea el gobierno que asuma, el éxito inicial de su gestión dependerá de frenar este drenaje de divisas, que ya está empezando a impactar, por ahora, sólo gradualmente en los niveles de actividad.

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