Por Leandro Dario.Es el único país que pasó del subdesarrollo a la prosperidad en las últimas décadas. Cómo el baile del año se transformó en marca país.
“Creo que puedo hacer ese paso de baile. Pero la ceremonia de asunción no sería un momento apropiado para practicarlo”. La frase sorprende, porque salió de los labios del presidente norteamericano Barack Obama, que admitió en las últimas semanas su fanatismo por el Gangnam Style. Con el ritmo frenético y festivo del hit del momento, Corea del Sur poco a poco está conquistando el mundo. Pero lo hace de una forma sutil: a través de sus cantantes, actores, directores de cine y televisión, que desde fines de la década de 1990 proyectaron al exterior una nueva marca país llamada la Oleada coreana (Hallyu). Así, Seúl dejó atrás su imagen internacional vinculada a la guerra con Corea del Norte y al temor nuclear y logró consolidar en el plano internacional los frutos de su potencial económico.
Con más de mil millones de visitas en Youtube, el rapero surcoreano Psy conmocionó al mundo de la música y el entretenimiento. El cantante actuó la semana pasada en Washington en el acto de caridad de Navidad, donde se fotografió con Obama y sus hijas. Además, se reunió con su compatriota Ban Ki-Moon en la sede de las Naciones Unidas, donde le enseñó el famoso baile del caballo.
Pero la euforia del Gangnam Style es sólo una de las facetas del poderío coreano. Con 1,5 billones de dólares de Producto Bruto Interno (PBI), es la decimotercera economía del globo. En los últimos cincuenta años, fue el único país que pasó del subdesarrollo a ser una potencia productora de manufacturas, automóviles y tecnología. Es la séptima nación exportadora del mundo, con ventas por 552.800 millones de dólares.
Según la cadena británica BBC, el K Pop –como es llamado el pop coreano– le aporta al país ingresos por 2 mil millones de dólares anuales. “Como el Gangnam Style forma parte del K Pop, podría decir que es una forma de presentación al mundo entero de que existe un pop coreano” , afirmó a PERFIL Martín Lee, del Centro Culutural Coreano de América Latina. El gobierno promueve la Oleada como una forma de poder blando, convirtiendo a Seúl en la Hollywood de Asia.
“La Hallyu borró la reputación de Corea del Sur de ser una nación emergente donde el aire olía a ajo y kimchee –tradicional plato coreano– y la reemplazó por imágenes de una vida cosmopolita y próspera”, escribió el periodista John Seabrook en la revista norteamericana The New Yorker. Aunque inicialmente la Oleada coreana no era percibida como imperialista por otros países asiáticos, su éxito hizo que China aprobara este año una ley limitando los contenidos extranjeros en su programación, para evitar que las producciones coreanas coparan la pantalla chica.
Aunque Psy estudió música en Boston, sus letras provocaron una gran polémica por críticas a los Estados Unidos y la invasión de Irak. Sin embargo, eso no le impidió reunirse con Obama y cantar con Madonna. Ahora, Psy es la cabecera de playa de la Oleada coreana, que busca desembarcar en todo el mundo de la mano de jóvenes cantantes, actores y directores de cine y televisión.


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