El cónclave sirvió para juntar inquietudes y mil y una versiones de análisis de coyuntura política. Pero, más allá de eventuales negociaciones que se hayan blanqueado en la cumbre del PJ bonaerense en Sierra de los Padres, las señales ya se advirtieron unos días antes.
El efecto de la postulación de Martín Sabbatella es tal vez más fuerte que aquello que objetivamente se puede percibir en el universo institucional y mediático.
Encuestas que, según se ha demostrado, pueden ser de un resultado muy incierto, amenazan a Daniel Scioli con un peligroso crecimiento del diputado nacional a expensas de alguna pérdida de intención de voto en el gobernador. También es cierto que en política es un error destacar al adversario porque lo hace crecer en interés. Y Scioli y sus colaboradores lo hicieron.
Como se sabe, el riesgo "colectora" también se percibe en los distintos municipios gobernados por los intendentes justicialistas. Algunos -ante tamaña presión por confesar aquello que no se puede ocultar- salieron a sugerir la abstención esa discusión. Por ejemplo, Darío Díaz Pérez, el jefe comunal de Lanús, admitió hace horas que él mismo es producto de una colectora. Lo mismo podría decir Francisco "Barba" Gutiérrez, intendente de Quilmes.
Para el resto, vale señalar que hay preocupación suficiente como para exhibirla a su otrora rival y titular del PJ, Hugo Moyano, quien, cada vez se siente menos "interino" en sus funciones. Como hace decir a través de portavoces, no es sólo el conductor cuando hay posibles pérdidas y un convidado de piedra en la discusión del reparto del poder.
Según fuentes muy cercanas al mundo justicialista bonaerense, en los jefes comunales el temor provoca sorpresivas concesiones al denominado "moyanismo". Desde mayores facultades que venía reclamando el jefe de la central obrera hasta espacios importantes en el reparto de cargos en las listas.
Un asiduo integrante de la corriente sindical que lidera el camionero deslizó que algunos intendentes trémulos de pavor por la derrota (tal cual recitaba Almafuerte) ya están pagando con lugares a salir para los gremialistas, a cambio de ejercer el mayor poder de "lobby" posible contra los rivales parakirchneristas.
La postulación de una colectora kirchnerista paralela a la principal de Scioli ya parece provocar el hartazgo. Pero hay una certeza que proviene desde lo más encumbrado del gobierno nacional. No habrá vuelta atrás, porque la presidenta Cristina Fernández, deseosa de ganar en primera vuelta, no le pedirá al moronense que desista de su aventura electoral. Ni tampoco Sabbatella está obligado a cumplir una directiva de esa naturaleza, máxima cuando la ley lo ampara.
Esto fue confirmado en fuentes del denominado "kirchnerismo duro" que, pese a sus diferencias, seguirán igualmente bajo el ala de Scioli en la Provincia, pese a que ya se generan tentadores cantos de sirena en otros ámbitos.
También, de parte de fuentes ligadas al Nuevo Encuentro de Sabbatella se confirmó esta especie que no nace sólo de una sensación o intuición, sino de señales muy claras que hubo desde la Casa Rosada.
Distintas fuentes aseguran que desde fines del año pasado hubo al menos un par de encuentros entre el diputado nacional y el kirchnerismo nacional. En uno de ellos, según los portavoces, también estuvo la jefa de Estado.
El temario no tuvo nada que ver con el pasado –relativo a esas elecciones del 2009 donde el ex intendente de Morón fue opositor-, sino con las coincidencias políticas y doctrinarias de cara al futuro.
En ese par de encuentros hubo, del lado del kirchnerismo, señales de conceder el derecho de ingreso y admisión al proyecto y, de parte de Sabbatella, un compromiso por un mayor alineamiento. Nada se discutió acerca de colectoras, pero según voceros consultados “no hacía falta aclarar aquello que se entendía perfectamente” porque “era más importante la coincidencia política que la forma en que se iba a manifestar esa coincidencia”.
Las formas son por ahora el eje de la discusión. El sciolismo, al parecer, se dejó ganar por algún arrebato de frustración. Como se dijo en varias ocasiones, no se recibió un premio al mejor compañero de la clase, es decir el proporcional a tanta lealtad a la Casa Rosada.
Parece que de esa lealtad el kirchnerismo ya sembró sospechas hace un tiempo. Cuando Néstor Kirchner le había sugerido la posibilidad de que Scioli fuese candidato en el marco de encuestas no tan prometedoras, fue el propio gobernador quien ratificó su incondicionalidad y dio el paso al costado. Esto fue distinto con alguna reunión en la cual Cristina la habría manifestado que "si no soy yo, sos vos".
Esa frase verdaderamente impactó en el mandatario provincial. Pero tal disyuntiva no era para hacerla jugar públicamente y con la dimensión que el propio sciolismo la mediatizó. La espera –que estaba implícitamente a favor de Cristina y fundamentada en la era del duelo-, se esfumó. Cristina ahora todos los días debe dar señales de su voluntad de ser reelecta. Scioli le aceleró los tiempos y esto suele ser irritante para quien maneja el poder y su correspondiente agenda.






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