Según una encuesta, serán las de menor participación en una década; los demócratas, cada vez más debilitados
De poco sirve el récord absoluto de publicidad de campaña. Lo mismo podría decirse de la oratoria inflamada con la que, hace sólo seis años, el presidente Barack Obama conmovió a los norteamericanos y los llevó a llenar las urnas con su papeleta.
Lejos de toda aquella ilusión, este país irá el próximo martes a las últimas elecciones de medio término bajo la presidencia de Obamacon la impresión de que serán las de menor participación de la década. Dicho de otro modo: la cita menos movilizadora para la administración que llamó a luchar por un "cambio posible".
El dato surge de una lapidaria encuesta de The Washington Post y la cadena ABC.
"El interés está sensiblemente por debajo del registrado en las dos últimas elecciones de medio término, en 2006 y 2010", dice el informe, que indica que el 60% de los encuestados dice haber seguido la campaña, contra un 75% que hizo lo mismo hace cuatro y ocho años.
El mismo sondeo reveló la impresión mayoritaria de que serán los republicanos los que se lleven la mejor cuota del voto. Combinados, ambos elementos son un mazazo para los demócratas.
"La norma mostró que los republicanos tienden a tener mayor movilización. Si a eso se suma el desinterés, el resultado es desalentador para los demócratas", señaló el informe.
Todo eso cabalga, además, sobre un palpable descontento con el gobierno. No sólo con el presidente, cuya aceptación se mantiene en torno al 40%, sino hacia el Congreso y su incapacidad de dar respuesta.
La gran batalla será, sobre todo, por el control del Senado. Ahora está en manos de los demócratas, con una ligera ventaja, mientras que la Cámara baja está controlada por los republicanos.
Para arrebatarles el dominio del Senado a los demócratas, los republicanos necesitan ganar por lo menos seis asientos más de los 45 que poseen actualmente.
Los diarios más influyentes del país y las encuestas admiten la posibilidad de que los republicanos se queden con ambas cámaras y desalojen por completo a los demócratas del manejo del Congreso.
No sólo eso. Además de la tercera parte de los cien escaños del Senado, las elecciones del próximo martes están llamadas a renovar a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes y elegir a gobernadores de 35 de los 50 estados que componen el país.
Nada de eso basta para alentar interés. Menos de dos de cada tres consultados dijeron estar "prestando atención al proceso" electoral, mientras que seis de cada diez dijeron tener "poca o ninguna confianza" en que el gobierno federal esté en el rumbo correcto.
Lo mismo ocurre con la expectativa de que el resultado pueda cambiar las cosas. La impresión mayoritaria es que el gobierno central -y el Congreso en particular- no estuvieron a las alturas de los desafíos.
Lejos, muy lejos, quedó la euforia del "fenómeno Obama". Ahora, el presidente sólo hace campaña en los distritos en los que su partido tiene asegurado el triunfo. Por ejemplo, días atrás estuvo en Maryland, el estado vecino, gobernado desde hace años por los demócratas.
Por el contrario, los demócratas prefieren que no se acerque a los distritos donde se da la batalla ajustada. Entre ellos, Alaska, Arkansas, Colorado, Louisiana, New Hampshire y Carolina del Norte, donde los republicanos perciben que podrían cosechar alguno de los siete senadores netos que necesitan para hacerse con el gobierno del Senado.
La estrategia podría ser un arma de doble filo. "Pretender alejarse del presidente para ganar una elección no tiene sentido", alertó el asesor presidencial David Axelrod, uno de los estrategas que llevaron a Obama a la Casa Blanca en 2008.
"No pueden alejarse de una agenda que ellos mismos han votado e impulsado", añadió.
Con las horas, parece hacerse más evidente el malestar de la Casa Blanca con la idea de que los demócratas en riesgo prefieren al presidente lejos de su distrito.
"En esto estamos todos juntos", sostuvo Obama, días atrás, en lo que pareció un mensaje a esa práctica.
Si bien las elecciones son legislativas y de gobernadores, la estrategia republicana apunta a alejarse de lo local para apuntar al presidente y a la idea de que hay "caos" por donde se lo mire.
El mensaje es culparlo a Obama por todo. Desde la embestida de Estado Islámico (EI) en Medio Oriente hasta el brote de ébola en África y los cuatro casos que, hasta ahora, se registraron en el país.
Al tenor de las encuestas, la estrategia parece estar dando fruto. A seis días de la cita, el oficialismo no tiene más remedio que intentar dar vuelta la sensación de desaliento..

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