Símbolo de la ocupación de las fuerzas internacionales, alberga a 4000 prisioneros; buscan relanzar la relación con Kabul
La ceremonia de traspaso se produjo horas antes de que llegara al país, en una visita sorpresa, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que viajó a Afganistán para intentar agilizar las conversaciones para sellar una alianza estratégica de seguridad a largo plazo entre ambos países.
La transferencia de la cárcel de Bagram es la primera etapa en el intento de apaciguar las relaciones entre Estados Unidos y Afganistán, cuyo presidente, Hamid Karzai, exigió el control de la prisión como cuestión de soberanía nacional.
La prisión, ubicada a unos 50 kilómetros al norte de la capital afgana, fue objeto de difíciles negociaciones entre Kabul y Washington, ante los temores de la Casa Blanca de que algunos detenidos talibanes fueran liberados una vez que la cárcel pasara a control afgano. De hecho, Estados Unidos retendrá a un grupo de presos considerados "muy peligrosos".
La posibilidad de que Karzai dejara en libertad a muchos de los detenidos está precedida de "un doloroso precedente" para los estadounidenses, porque muchos de los 46 ex detenidos de Guantánamo reasignados a las autoridades afganas fueron finalmente liberados y volvieron a combatir, según publicó ayer The New York Times.
El diario mencionó el caso de Maulawi Abdul Qayum, que se convirtió en uno de los más importantes comandantes de los rebeldes en el sur de Afganistán.
Con el traspaso del control de Bagram -cuyo nombre actual es Centro Nacional Afgano de Detención de Parwán-, unos 4000 prisioneros pasarán a estar bajo custodia de las autoridades afganas, según señaló el general afgano Ghulam Farouq Barakzai, nuevo responsable de la cárcel. Desde que comenzó en forma escalonada el traspaso de competencias fueron liberados ya cerca de 1400 presos.
La transferencia, que ya fue completada, según un comunicado del ejército estadounidense, representa "una parte importante del proceso global de transición de la seguridad hacia las fuerzas afganas", indicó el general estadounidense Joseph Dunford, comandante de las fuerzas de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán.
Previsto inicialmente para el pasado 9, el traspaso de Bagram fue postergado en el último momento después de que Karzai declarara que entre los prisioneros se encontraban "varios inocentes" que las autoridades afganas liberarían en cuanto tuvieran el control de la cárcel.
Luego de 11 años de presencia en Afganistán, la fuerza internacional dirigida por Estados Unidos se retira progresivamente del país y transfiere el control de las instituciones de seguridad a las fuerzas afganas.
Pese a la presencia de más de 130.000 soldados extranjeros, las tropas internacionales, que reforzaron a más de 330.000 soldados y policías afganos, aún no lograron someter a la rebelión liderada por los talibanes.
Los insurgentes, aunque menos numerosos, siguen causando fuertes bajas a las fuerzas extranjeras y, sobre todo, afganas.
Muchos afganos temen nuevos conflictos en el país, azotado por casi 35 años de violencia, una vez que las tropas extranjeras completen su retiro, a finales de 2014.
Estados Unidos y Afganistán también negocian un pacto estratégico que permita la presencia de una o más bases militares norteamericanas permanentes, un asunto sensible en un país históricamente opuesto a cualquier presencia militar extranjera extendida.
Washington no logró llegar a un acuerdo de este tipo con Irak, al no haber obtenido por parte del gobierno local una garantía de inmunidad para sus soldados.
Agencias AP, AFP, ANSA y EFE.

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