Un grupo de legisladores abrió una serie de audiencias para analizar la "radicalización" de la comunidad musulmana local
"Jamás creí que escucharía un disparate de ese tipo. Jamás creí que vería tanto odio contra los musulmanes", dijo, entre lágrimas, uno de los dos legisladores musulmanes del Congreso, el demócrata Keith Ellison. Con esa carga emotiva, el representante de Minesota expuso en la apertura de las audiencias con las que el Capitolio analiza la "radicalización de la sociedad musulmana" en Estados Unidos.
En una jornada cargada tanto de histerias como de contradicciones, hubo expresiones de "solidaridad" para con la comunidad musulmana, antes de que comenzaran a ventilarse sospechas contra la actividad de algunas de sus mezquitas.
"La discriminación que sufrimos los afroamericanos en los años cuarenta y cincuenta la padecen ahora los musulmanes", aseguró, por caso, la legisladora demócrata de California Laura Richardson.
Denunció, además, la paradoja de que se apunte a los musulmanes como germen del terrorismo interno cuando casi el 25% de los intentos de ataques desarticulados en el país en los últimos años "han sido ideados por supremacistas blancos", señaló.
La Casa Blanca trató de despegarse del incómodo asunto e hizo saber que el gobierno de Barack Obama no tenía "nada que ver" con la investigación parlamentaria.
Así, el "malo" de la película pasó a ser el diputado republicano Peter King, organizador de las audiencias, quien acusa a la comunidad musulmana de negarse a cooperar con las fuerzas de la ley y de procurar una morigeración de los "elementos más radicales" que -asegura- existen en el colectivo.
"Hay sermones en unas cuantas mezquitas de los Estados Unidos que son una llamada a la radicalización de sus fieles", dijo King, para quien la responsabilidad para que eso no ocurra está en la propia colectividad.
"Para combatir toda amenaza debe emerger un liderazgo moderado en la comunidad musulmana. Debemos ser muy conscientes de que la radicalización es parte de la estrategia de Al-Qaeda para continuar atacando en los Estados Unidos", previno.
El argumento de King no es novedoso. Meses atrás, la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, admitió preocupación oficial por la posibilidad de que organizaciones terroristas estén reclutando agentes entre los ciudadanos norteamericanos. Ayer, sin embargo, el gobierno prefirió el silencio.
La inquietud creció alimentada por una serie de ataques -o fallidos ataques- en los que participaron ciudadanos norteamericanos que habían estado en contacto con líderes del islamismo radical.
"Es bastante molesto que comparen esta investigación con un perfil nazi o racial. Nada de eso tiene importancia frente a la amenaza real que representa Al-Qaeda", dijo King.
Uno de los "testigos" que declararon en la audiencia fue Melvin Bledsoe, el padre de Abdulhakim Mujahid Mohammed, un joven que, reclutado por el islamismo radical, atentó contra una sede militar de Arkansas, donde mató a un soldado e hirió a otros.
"Sé que lo que le ocurrió a mi familia no es habitual, que hay muchos musulmanes que viven una vida como cualquier otro. Pero también sé que lo que ha ocurrido con nuestro hijo volverá a pasar. Y quizá las víctimas ya no sean como nosotros, sino rubios de ojos azules. Por favor, eviten que se repita", clamó, conmocionado.
Ocho grandes organizaciones islámicas locales acusaron a King de iniciar una "cacería de brujas" comparable con la persecución de comunistas en los Estados Unidos de los años 50, con la tristemente célebre comisión McCarthy.
Quienes apoyan a King, en cambio, se basan en la evidencia de una seguidilla de incidentes terroristas con la participación de norteamericanos. Citan, además, declaraciones de Napolitano y del responsable de Justicia, Eric Holder, en las que prevenían sobre la creciente amenaza terrorista de islamistas nacidos en el país. Las audiencias seguirán en los próximos días.

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