Editorial: Una renuncia mentirosa

Miguel Ángel Prince juega con la voluntad popular. Lo hace con aquellos miles que lo votaron para que sea concejal, nada menos que encabezando una lista, y que enfrentaba con tantas ansias de acceder al cuerpo que ni siquiera reparó en ideologías.
Prince estaba tan cegado por ganar esos comicios –no por ser concejal, como lo demuestran sus acciones recientes- que no sólo acompañó su boleta con la de Néstor Kirchner, sino que sus arlequines repartieron en la ciudad y las localidades boletas con su candidatura junto con la de Francisco De Narváez.

Luego de meses de ocupar una banca fría, desde la que apenas acompañó con su firma proyectos del bloque que integró, pidió licencia en el Concejo Deliberante por presuntas cuestiones de salud. Pidió más de 200 días con un certificado de apenas 30 días de reposo, detalles que el resto de los ediles prefirió omitir.

Verborrágicos, algunos de sus colaboradores más cercanos admitían que el problema de salud de Prince era, simplemente, un dolor cervical que en ocasiones se extendía a su espalda o a la cabeza. Lo mismo explicó, off the record, el propio edil, cuando se cruzó con un periodista de este medio por las calles de Mercedes.

Sólo una remota posibilidad lo posicionaba ante una eventual intervención quirúrgica. Y ahora lo desmiente el propio Prince, quien elegantemente en el texto de su renuncia habla de “terapia alternativa”.

Vecinos, conocidos y hasta periodistas lo han visto en estas semanas de convalecencia trotando por los alrededores de sus sospechosos terruños. Quizás sea una de las técnicas de sanación alternativa.

Además, dice no poder atender su responsabilidad deliberativa pero sí puede, casi todos los días de la semana, asistir a los pasillos de la Fiscalía que investiga su presunta usurpación de diez lotes propiedad de la familia Botbol.

Aunque Prince y su seguidores consideren –y nunca pueden decirlo abiertamente- que para el líder carismático una banca de concejal es un peldaño de segunda categoría y que lo único a su medida es la Intendencia, su condición de concejal merece un mínimo de respeto. No se puede presentar una licencia para incrementar actividades de campaña, como reuniones partidarias, barriales y sociales, hechos de los que hay centenas de testigos.

El menosprecio de Prince por las instituciones se revela en cada una de sus acciones, muy a pesar de mandar a decir que su sector es, en extremo, respetuoso de la división de poderes.

Acosado por una investigación judicial, manda a decir a sus ediles que todo lo requerido está en la Justicia y que la comisión especial miente en sintonía con el Departamento Ejecutivo. El miércoles se pusieron a disposición de los medios los expedientes que se analizan en ese organismo multipartidario y allí consta que –para decirlo en términos comunes- la defensa de Prince alrededor de la supuesta usurpación de lotes aún está “floja de papeles”. Desde el Concejo avisan que todavía no vieron el boleto de compra-venta de esos terrenos y se sorprenden por la “calidad” del expediente mediante el cual el princismo dice tener el pago de los derechos de construcción de la vivienda que Prince (Miguel, no Braulio ni Lucio) implantó en terrenos “que me cedió mi amigo Guillermo”, como dijo ante el grabador de este medio.

También hay menosprecio al indicar que renuncia a su banca para dejar sin efectos posibles fueros. ¿De qué fueros habla el ex intendente? Sus pares se apuraron en decir que “los ediles no tenemos fueros o, en todo caso, los únicos fueros son ante potenciales acciones judiciales por lo que expresemos desde una banca”. ¿Por qué lo menciona, entonces? Cuestiona refutar que lo hace por menosprecio a su público.

La estrategia de Prince tiene múltiples intenciones: alejarse del ruido que provoca las denuncias que tramitan en el Concejo y en Mercedes; desactivar la tarea de todos los bloques que intentan dilucidar si fue responsable de un delito grave; poner a los ediles en el atolladero de aceptar o no su pedido; trabajar de lleno en una nueva candidatura –que no sería posible si el texto de su renuncia fuese verídico-; construir una estructura partidaria con lazos sólidos hacia arriba –algo que no viene sencillo- y recibir una pequeña ayuda de la Justicia para quedar en excelente posición de víctima de cara a las próximas elecciones.

Sabe, en el fondo, que aún miles de lujanenses respaldan todas y cada una de sus acciones.

El menosprecio de Prince por las instituciones se revela en cada una de sus acciones, muy a pesar de mandar a decir que su sector es, en extremo, respetuoso de la división de poderes.

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