Editorial: La campaña no se toma licencia

Defender ciertas normas, ciertas reglas de convivencia democráticas, ciertas condiciones políticas que permiten igualdad de condiciones a la hora de expresar propuestas y acciones, no merece ser etiquetado por los gobiernos de turno. Pero ocurre. En los últimos años, pregonar por el respeto de un esqueleto ciudadano básico como, por ejemplo, el calendario electoral, suele ser tildado con rapidez como anacrónico, antiprogresista, demodé, o directamente “gorila”.
Sin embargo, aquellos que fomentan las etiquetas son, paradójicamente, los primeros que, a su antojo, trasgreden lo permitido –cuentan con recursos para ello-.

Luján abrió el año con el ejemplo mencionado hecho trizas. La campaña electoral de Graciela Rosso y Miguel Prince nos despertó estampada en muchos de los paredones callejeros del partido.

Ni a ellos ni a sus pintores de ocasión les importa un bledo que los tiempos permitidos para la campaña electoral se acoten al último mes previo a los comicios. Por supuesto, en este aspecto ni “Miguel” ni “Graciela” corren con la exclusividad. “Ariel Notta 2011”, “Pablo Merlo-PRO” y hasta un tal “Claudio Nazar” empapelaron la ciudad desde mediados del año pasado y nada parece frenarlos en el flamante año.

Limitar los tiempos de una campaña no radica en un capricho anticuado de algún gobernante o legislador vetusto, sino que se trata de generar las condiciones de igualdad para que todos, en la previa a una elección, puedan enfocar sus recursos –muchos o pocos- a divulgar sus propuestas. Y en los casos de los partidos menos pudientes, contar para ese tiempo con el dinero que el Estado debe girar de acuerdo a los votos conseguidos en la última contienda.

Con mirar las calles y las paredes céntricas y periféricas, repletas de propaganda a destiempo, no hace falta explicitar por dónde se pasan estas teorías los dirigentes mencionados.

Pero no sólo de campaña puede teñirse la trasgresión. Miguel Prince está en uso de licencia en su tarea como concejal del Partido Justicialista. Frenamos allí la frase para que, en todo caso, algún lector le avise sobre su condición, porque lo que el ex intendente realiza desde el pedido mismo de ese alejamiento por presuntas razones de salud es una constante burla a las instituciones. Cenas, fiestas, reuniones, mateadas, charlas, inauguraciones, marchas y demás tertulias partidarias (o no) contaron con su grata y saludable presencia.

Prince pidió licencia en el Concejo Deliberante argumentando una dolencia que lo dejaba –así decían- muy cerca de una intervención quirúrgica. Casualidad o no, días después de concedida esa solicitud se conoció la denuncia pública que lo tiene bajo la lupa por presunta usurpación de lotes.

En la actualidad, a pesar de que la licencia goza de buena salud, los colaboradores “oye, ve y dile” más cercanos a Prince descartan la operación en las cervicales, una posibilidad firme casi desde el mismo día en que el concejal solicitó la licencia.

Especulaciones médicas al margen, lo cierto es que Prince utilizó y utiliza estas semanas de licencia para cimentar su campaña electoral y esquivar las acusaciones directas que se analizan en la Justicia de Mercedes y en una Comisión Especial del Concejo.

Antes que los rossistas levanten el dedito acusador, cabe recordarles que cuando Rosso pidió licencia por cuestiones insoslayables, también se mostró sonriente junto al ex presidente Néstor Kirchner en una reunión partidaria.

Una muestra más: el respeto por las instituciones y sus reglas básicas están borroneadas en el manual de procedimiento de demasiados dirigentes locales.

Comentá la nota