La huelga convocada por sectores opositores a Rafael Correa se produjo en las principales ciudades del país. Hubo enfrentamientos con la policía, cuando intentaron retirar un piquete. Para el gobierno es un "golpe blando".
Sectores opositores al gobierno ecuatoriano realizaron una huelga general y marcharon por las principales ciudades del país para repudiar las políticas implementadas por el presidente Rafael Correa. Además, distintos grupos indígenas cortaron varias rutas en la sierra andina y en la región amazónica, donde se asienta la mayoría de sus comunidades.
El paro, convocado por el Frente Unitario de Trabajadores (FUT, la principal central de trabajadores de Ecuador), se cumplió con escasa adhesión en las áreas clave del comercio, la educación y el sector financiero. Sin embargo, generó concentraciones y cortes de ruta que afectaron algunos rubros, y provocaron duras réplicas del gobierno, que consideró la protesta una estrategia de "golpe blando". Diez policías resultaron heridos en enfrentamientos con manifestantes en la provincia austral de Azuay, donde quitaban neumáticos quemados utilizados para cortar calles.
Troncos encendidos, alambres de púas, piedras y otros materiales sirvieron para que los indígenas cortaran la ruta Panamericana, que une por el callejón andino el sur y el norte del país. Fue cerrada en varios tramos en las provincias de Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Bolívar y Azuay, así como en la amazónica de Morona Santiago y Zamora Chinchipe.
Junto con los sindicatos, los grupos indígenas aprovecharon la ocasión para exigirle al presidente Correa el archivo de algunas leyes impositivas, la restitución de los aportes estatales a las pensiones jubilatorias, que se desarme la recién creada Agencia de Regulación de los servicios a la salud y el retiro del proyecto de reformas a la Constitución que habilitan la reelección indefinida. El titular de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitarias de Trabajadores (Cedocut), Mesías Tatamuez, remarcó que "un paro lo hace el pueblo ecuatoriano, porque este paro no es del movimiento sindical, ni de los indios o negros, sino de todo el país que defiende la patria, que quiere tranquilidad y que le devuelva el 40 por ciento que les quitó de la seguridad social".
A las movilizaciones de gremios e indígenas se sumaron también las concentraciones de sectores oficialistas, que buscaron "proteger" la llamada Plaza Grande, frente al casco histórico y el Palacio Carondelet, sede del Ejecutivo. Desde primera hora, Correa hizo un llamado a rechazar lo que llamó el "viejo país de palos, piedras y abusos", y desde su cuenta de Twitter le bajó el tono a la medida: "Total normalidad en principales ciudades", escribió. Luego agregó que las movilizaciones "le hacen daño al país, no al gobierno" y sostuvo que no se someterá "a los abusos de una pequeña minoría". "Todos a trabajar con más ahínco por la patria nueva", aseguró.
Correa alertó también a los jóvenes sobre la nueva estrategia de la derecha continental de "golpes blandos" en la región como parte de la "restauración conservadora" de sectores que perdieron poder y llamó a asumir el liderazgo en los procesos de cambio. "No crean que es casualidad (la protesta) contra gobiernos de izquierda y progresistas. Se trata de una estrategia continental para frenar los cambios", dijo.

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