EL CAIRO.- El malestar en Egipto con el régimen de Hosni Mubarak, que estalló el 25 de enero, ocasionó el cierre de empresas y comercios, de bancos y de la Bolsa, y el éxodo de miles de turistas. La violencia subsiguiente hizo que de la noche a la mañana una nación considerada un pilar de la estabilidad en la región llegara al borde del caos.
Como consecuencia de la crisis política del país, la economía egipcia perdió por lo menos 3100 millones de dólares, según un estudio del banco de inversión Crédit Agricole publicado ayer, a razón de unos 300 millones diarios.
El banco también revisó su pronóstico del crecimiento del PBI egipcio para este año: era del 5,3% y lo bajó al 3,7%. Además, señaló que la libra egipcia podría llegar a depreciarse hasta un 20%. Estas pérdidas son la punta del iceberg de los problemas económicos egipcios.
Cualquier gobierno poscrisis deberá enfrentar desafíos importantes para reconstruir la imagen del país y lidiar con una serie de problemas económicos fundamentales que, con seguridad, serán agravados por la agitación social.
"La economía es el núcleo del problema de Egipto", decía en el informe John Sfakianakis, economista principal del Crédit Agricole.
El PBI de Egipto creció alrededor del 7% durante tres años, antes de que la crisis mundial enfriara la economía y la llevara a tener un respetable índice de 4,7% en 2009. No obstante, Egipto enfrentaba obstáculos importantes que contribuyeron a estimular, si es que no han desencadenado, el levantamiento popular.
Prolifera la pobreza: un 40% de su población de 80 millones de personas vive al nivel o por debajo de la línea de pobreza de 2 dólares diarios. El desempleo oficial ronda el 10%, pero se cree que es más del doble, sobre todo entre los jóvenes. La inflación de los alimentos llega al 17% anual, lo que eleva el costo de vida para millones de personas. Las protestas sólo agravaron esos problemas.
El vital sector del turismo podría "retroceder fácilmente" a los niveles anteriores a 2004, por debajo de los 5600 millones de dólares, dijo Sfakianakis. Como testimonio del impacto en el sector, los funcionarios aeroportuarios de El Cairo dijeron que los únicos extranjeros que llegan allí son periodistas.
Los funcionarios anunciaron una batería de medidas inmediatas destinadas a mitigar las pérdidas, incluido un fondo compensatorio para los comercios destrozados durante las protestas, subsidios de desempleo y la entrega de alimentos.
Mientras tanto, el flamante ministro de Finanzas, Samir Radwan, dijo que los daños sufridos por los comercios y la infraestructura durante los disturbios se estiman en 862 millones de dólares.
El gobierno también se verá obligado a aumentar los gastos para apaciguar a la población, lo que significa que los millonarios subsidios permanecerán intocables.
Refrenar el déficit presupuestario seguramente será apenas una expresión de deseo, ya que los gastos aumentarán vertiginosamente y subirá también el costo de los préstamos para Egipto. También es probable que caiga la inversión extrajera directa, un ingreso clave para el gobierno. Y, aunque es poco probable que los envíos de dinero del exterior se vean afectados significativamente, existe el riesgo a corto plazo de un incremento del flujo de dinero que abandone el país.
Crédit Agricole espera que la deuda pública egipcia en proporción al PBI vuelva a ser del 85% este año y del 97% en 2014, comparada con estimaciones anteriores que calculaban que sería del 70% durante los tres próximos años. El déficit presupuestario podría alcanzar el 12,3% este año, pese a la anterior estimación del 8,2 por ciento.
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