Aquí y allá, es la economía

Por Jorge Fontevecchia.

Pocas zonas concentran tantos parecidos con Latinoamérica como el norte de Africa, un lugar, como el nuestro, racial y culturalmente fronterizo.

Sus pobladores lucen similares a los griegos o los italianos y españoles del sur; no son de raza negra, como los habitantes del Africa de selvas exuberantes y pródiga en recursos naturales, que ahora crece sin parar por las ventas de materias primas a China. Son árabes pero no son los árabes ricos inundados de petróleo, como los jeques y emires sauditas de la OPEP.

Se podría decir que son los africanos más europeos porque Túnez –donde comenzó la revolución que promete ahora democratizar Egipto–, Argelia, Libia y Marruecos, el Africa mediterránea o Magreb, llevan miles de años unidos a Europa gracias a distancias entre sus costas no mayores a las que separan a Uruguay de Argentina. Lo que permitió desde las invasiones de Aníbal y la Italia del Imperio Romano, hasta los más de siete siglos de dominio árabe de gran parte de España y Portugal (del año 711 a 1492), para pasar luego a ser protectorados o literalmente colonias europeas hasta fin de la Segunda Guerra Mundial.

Así como Estados Unidos promovía –miopemente– dictaduras militares en Latinoamérica para frenar el comunismo, las potencias europeas vinieron sosteniendo dictadores civiles en el norte de Africa para –también miopemente– frenar al extremismo islámico. Muy simplificadamente, se podría decir que el norte de Africa está geopolíticamente atrasado treinta años respecto de Latinoamérica. Y económicamente algo parecido, ya que la mitad de su población sobrevive con un presupuesto de un dólar por día y la mayoría de quienes tienen trabajo cobra un sueldo de alrededor de cien dólares mensuales.

Resistió mientras el resurgimiento europeo de la Comunidad Económica, primero, y el de la Unión Europea, después, irradiaban algún mínimo bienestar en sus vecinos del Sur, o por lo menos la situación no empeoraba, y absorbía, con una inmigración más o menos tolerada, los excedentes poblacionales africanos. Pero ahora es la propia Europa la que enfrenta una severa crisis económica que obligó, por ejemplo, a España, donde el desempleo ya superó la barrera del veinte por ciento, a que su presidente –José Luis Rodríguez Zapatero– tuviera que anunciar esta semana, con más de un año de anticipación, que no será candidato en las elecciones de 2012 para no perjudicar a su partido.

Todo es Argentina al revés o Brasil al revés, porque Latinoamérica vive su período de mayor expansión económica en décadas, lo que permite que casi todos los presidentes concluyan sus mandatos con altísimos índices de popularidad: no sólo Lula, Bachelet en Chile, Tabaré en Uruguay y hasta Uribe en Colombia terminaron con más de sesenta por ciento de aprobación. Y al revés de lo que sucedía durante los años de crisis económica, donde siempre perdían las elecciones los candidatos oficialistas, en los últimos años es reelecto el presidente en ejercicio o triunfa el candidato del partido del presidente saliente. Dilma Rousseff, quien hoy visita nuestro país, no había sido candidata a ningún puesto electivo en el pasado pero le alcanzó con la simple elección de Lula para sucederlo.

Es cierto que Mubarak lleva casi treinta años al frente de Egipto y poco menos llevaba en Túnez el derrocado Ben Alí, pero sus pueblos se cansaron de ellos ahora y no antes, cuando también llevaban mucho tiempo en el poder y eran tan corruptos y antidemocráticos como lo son hoy. Los pueblos votan o empujan cambio cuando la economía no crece y continuidad cuando crece. Esta es la mayor fortaleza de Cristina Kirchner para las elecciones de octubre próximo: la economía continúa creciendo y no hay que olvidar que cuando su marido perdió las elecciones frente a De Narváez, en 2009, ese año la economía argentina había caído.

El factor religioso del norte de Africa hace sentir su realidad más lejana de la nuestra. Y más aún cuando se trata de revueltas populares de países árabes de Medio Oriente donde, como también sucede en Egipto, Israel y el apoyo que recibe de Estados Unidos crea otro microcosmos. Pero eso no nos impidió ver en las imágenes de Túnez de hace dos semanas, y de Egipto esta última, algunas similitudes con nuestras protestas populares de diciembre de 2001. No fue por casualidad ya que, como decía sobre la economía Benjamin Franklin: “Una bolsa vacía se mantiene muy difícilmente en pie”

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