La economía no se mueve con órdenes

Por Hernán de Goñi

Entre los empresarios que asistieron ayer a la Residencia de Olivos no hubo ánimo de confrontación. Fueron a escuchar a la presidenta Cristina Kirchner, pero fueron recibidos personalmente por Néstor Kirchner, quien estrechaba la mano a cada uno de los asistentes a medida que iban ingresando al salón donde se sirvió el almuerzo.

Muy pocos se animaron a hablar públicamente, luego de escuchar una extensa presentación en la que la jefa de Estado buscó destacar cómo las políticas oficiales ayudaron a reducir el impacto de la crisis internacional.

Es que los ejecutivos entendieron desde el primer momento que el encuentro no estaba destinado a abrir un diálogo, sino a exponer las condiciones del escenario que viene: a las empresas les pidió que inviertan y que mantengan los salarios por encima de la inflación, como si ellas fueran responsables excluyentes de las condiciones que determinan tales variables. A los bancos, como corresponde, les pidió que presten más fondos. Y a tasas más bajas, por supuesto.

Nadie puede oponerse a tales objetivos. Pero lo razonable es discutir entre todos qué hacer para alcanzarlos. El Estado no es un jugador pasivo en esta tarea. La economía no se mueve con órdenes, sino con confianza.

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