Cuando los padres son deportados tienen que dejar a sus niños en manos de las autoridades o de amigos y a veces no los ven más.
De acuerdo con el informe "¿Ahora hacia dónde? Los retos que enfrentan las familias de migrantes trasnacionales entre EUA y México", en el 2011, alrededor de 5100 menores se encontraban bajo el cuidado del gobierno de Washington. La cifra no sorprende si se menciona que, el pasado año, éste gastó U$S 1200 millones en la deportación de 152.426 padres que tuvieron descendencia en el país del norte. Como agravante, los organismos mexicanos encargados de combatir la problemática, como la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, no poseen bases de datos que permitan rastrear a los consanguíneos extraviados. Por otro lado, la información y la experiencia que se tiene de los casos varía de acuerdo al departamento responsable, y en muchas ocasiones, el personal encargado carece de formación profesional. A los progenitores que fueron consultados para la realización del informe mencionado, se les dijo que las dependencias eran incapaces de dar con los familiares extraviados y reunirlos nuevamente. A su vez, las pocas veces en las que se encuentra una solución, requieren de un proceso prolongado.
En cuanto a las posibilidades de potenciar su desarrollo humano en Estados Unidos, los mexicanos que allí residen encuentran cada vez más difícil alcanzar las necesidades básicas. La crisis norteamericana impactó con fuerza en este sector, elevando su pobreza a más del 27 por ciento. Los datos, publicados por la Universidad de Nueva York, contemplan hasta el 2011, y mencionan también que, en esta ciudad, el indicador supera el 35 por ciento. La emigración desde el país azteca, caracterizada por la baja calificación laboral y un deficiente nivel de estudios, es, después de los dominicanos y portorriqueños, la más pobre de la comunidad hispana. De esta manera, las penurias sufridas por las minorías que cruzan la frontera de forma ilegal, los peligros a los que se exponen y el abandono de sus hijos, no les garantizan una vida digna. El mexicano escapa de las carencias que sufre en su país para encontrarlas en otro lado, y los estadounidenses del mismo origen son vistos y tratados, por muchos de sus connacionales, como ciudadanos de segunda. Estos, entre otros, son los problemas que deberá afrontar la tan demorada reforma migratoria prometida por el presidente Barack Obama. «

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