Distendido, Lula dijo que dejó la presidencia "con la cabeza erguida"

Fue agasajado en San Bernardo del Campo por un grupo de sindicalistas y unos 2000 militantes
SAN PABLO.- Fue una imagen reveladora. Apenas unas horas después de dejar el poder, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva apareció ayer relajado, en remera y bermudas, en el balcón de su nueva residencia para saludar a un bullicioso grupo de petistas que viajó desde el norte de San Pablo para saludarlo.

El ex mandatario, que fue agasajado anteanoche por un grupo de sindicalistas y seguidores cuando regresó a San Bernardo del Campo, ciudad del corazón industrial de San Pablo, afirmó haber dejado el gobierno con la "cabeza erguida".

"Vuelvo a casa con la cabeza erguida, con la sensación del deber cumplido. Yo necesitaba probar que un metalúrgico podía ejercer la presidencia con más competencia que la elite", afirmó Lula anteanoche, durante su primer acto público despojado de la investidura presidencial que ejerció en los últimos ocho años.

Lula se dirigió a miles de seguidores en un escenario montado cerca de su departamento, adonde se volvió a mudar después de ocho años en Brasilia.

"Amen a Dilma como me amaron a mí", dijo Lula al público que se reunió para recibirlo en su retorno a la ciudad en la que actuó como dirigente del sindicato de metalúrgicos en la década de 1970.

"Tengo mucho que hacer por este país y quiero llevar las buenas experiencias de Brasil a Africa y a los demás países de América latina", dijo en la fiesta de recepción organizada por la intendencia de San Bernardo del Campo.

El ex presidente recordó que después de su primera elección presidencial tenía el 80 por ciento de apoyo y, al final del octavo año de mandato, el índice de aprobación estaba situado en el 87 por ciento.

Entre los asistentes a la celebración estuvo el presidente del Senado brasileño, José Sarney, que gobernó Brasil entre 1985 y 1990, y que en los últimos años se convirtió en uno de los principales aliados de Lula.

Esa alianza le permitió a Sarney salir airoso de varias denuncias de corrupción que amenazaron su permanencia de uno de los cargos clave del poder brasileño.

Antes de llegar a la recepción organizada cerca de su nueva residencia, el ex mandatario visitó en el hospital Sirio Libanés a su ex vicepresidente, José Alencar, que desde hace años lucha contra el cáncer y que le impidió en varias oportunidades cumplir con sus funciones públicas.

Lula dijo que se tomará unos 20 días de vacaciones junto con su esposa para poner "la cabeza en su lugar" y definir su futuro político en Brasil, así como en actividades en América latina y en Africa.

Bermudas y remera

Después de su primera noche fuera del Palacio de Planalto, el ex presidente se asomó ayer al mediodía al balcón de su departamento para saludar a un pequeño grupo de militantes del PT que había llegado desde Ribeirão Preto, en el norte de San Pablo, con la intención de saludarlo.

La primera en aparecer fue la ex primera dama Marisa Leticia, que llamó a su marido tras la insistencia de los militantes, que gritaban el nombre de Lula y cantaban los pegadizos jingles de sus campañas políticas.

Vestido con una musculosa azul y con bermudas, Lula se asomó durante unos 30 segundos y saludó al grupo, que a pesar de la lluvia estuvo varias horas esperando fuera del edificio

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