INFOnews se comunicó con profesionales de la psiquiatría y de las leyes para consultar cómo se ven afectados los hijos de un primer matrimonio con la llegada de nuevos integrantes en la pareja recién formada. ¿Por dinero somos capaces de hacer cualquier cosa?
El doctor Carlos Antar es psiquiatra y coordinador del área Pareja y familia de la asociación psicoanalítica Argentina. INFOnews consultó con el profesional cuál es el impacto que tiene la llegada de un hermano, hijo de otra madre u otro padre. Y si el dinero es un factor común por el cual se rompen los vínculos familiares.
“Este tipo de situaciones van más allá de los intereses económicos, obviamente el dinero está en juego. Muchas veces la inclusión de nuevos miembros, como pueden ser nuevos hijos, compiten en el afecto de los progenitores”, aclara Carlos Antar.
Y agrega: “Es decir, la inclusión de un nuevo miembro genera la pérdida del lugar exclusivo que tiene cada hijo. Esto es el rol que representa cada hijo, el mayor es exclusivo por ser el mayor, el menor por ser el mejor, el del medio, la hija mujer, etc. Nadie va a querer a alguien que pueda competir en ese lugar de exclusividad”.
Entonces esa lucha por el dinero también está simbolizando el sentimiento de perdida por el afecto paterno y por la exclusividad. “Entra en competencia todo lo que uno siente que le pertenece, el lugar, el cariño del padre, las pertenencias de mi padre, la fama de mi padre, etc”, señala el psiquiatra.
“Algunos grupos tienen una sensación de abandono justamente porque el padre deja de lado a la familia anterior por la nueva familia. Ocurre mucho la competencia entre los hijos del primer matrimonio con los de la nueva pareja”, finaliza Antar.
Por su parte y en materia legal, la abogada Ana Rosenfeld cuenta con basta experiencia en divorcios y separaciones. En el marco de la legislatura actual que rige en nuestro país, es imposible armar un acuerdo con el objeto de empañar la moral o las buenas costumbres.
“No se pueden hacer contratos que tengan por objeto cuestiones morales porque tiñen la moral y la ética. Por más que haya un divorcio pactado con ciertas cláusulas, no se puede prever en ellas la prohibición de darle la paternidad a un nuevo hijo”, aclara la abogada.
Y continúa: “el derecho a la identidad no es de los padres, sino de los hijos. Por lo tanto, ninguna denuncia previa puede ser considerada lícita ni válida”.
Pero si el hijo no lleva el apellido, debe pedirlo para poder acceder a la herencia de sus progenitores. Rosenfeld, explica los pasos ante esa posible situación: “El niño no reconocido, cuando cumple los 18 años puede pedir la paternidad. Y con el apellido, automáticamente, pasa a ser heredero y tiene derecho a reclamar su parte”.
Siendo heredero, la fortuna tiene que ser dividida entre todos los hijos por igual. La abogada aclara que “existe un beneficio en el que el padre o la madre puede hacer un testamento y otorgarle hasta un 20% de sus bienes a unos de sus hijos en perjuicio de los otros, pero el resto del legado se divide en partes iguales entre todos los herederos”.
Para cerrar, Rosenfeld comenta en base a su experiencia como asesora legal: “Muchas veces las familias se destruyen por cuestiones económicas y fundamentalmente pasa cuando existen hijos de un matrimonio anterior, que consideran que su padre hizo la fortuna en el tiempo que duró esa relación. O a veces pasa a la inversa, los hijos del segundo matrimonio no quieren compartir la herencia con los hijos del matrimonio anterior”.
De esta manera se entiende que no sólo el dinero es el motor de los quiebres sentimentales entre padres e hijos y que tampoco un hijo puede juzgar o pactar previamente la conducta del padre. La ley argentina acompaña y ampara los derechos de cualquier persona, sin posibilidad que existan acuerdos legales anteriores a su nacimiento que lo puedan perjudicar.

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