Con un 47% de opiniones positivas, supera a todos sus antecesores en ese período.
La presidenta Dilma Rous-seff completó ayer sus primeros 100 días de gobierno y los festejó en el avión oficial que la conducía a Beijing, donde inicia hoy una visita oficial. No le faltan motivos para celebrar los resultados obtenidos en ese tiempo que la ciudadanía suele conferir a las autoridades para que muestren las aptitudes y el modo de gobernar. A juzgar por las encuestas, su imagen y popularidad supera la de todos sus antecesores democráticos, inclusive el propio Lula da Silva, para el mismo período.
De acuerdo con una consulta de los últimos días de marzo, la presidenta cosecha 47% de opiniones buenas y excelentes ; con un rechazo de apenas 8%. Lula acuñaba después de sus primeros 100 días en 2003 43%; Fernando Henrique Cardoso registraba 39%, Itamar Franco 34% y Collor de Mello 36%.
El dato más destacable de esa investigación es el éxito de Dilma en la conquista de la clase media tradicional , especialmente la paulista, que había mostrado una aversión notable por la jefa de Estado cuando asumió el 1º de enero. Lo que más destacan de ella los ciudadanos brasileños es l a ausencia total de estridencias políticas en las formas de gobernar, tan características de su ex padrino Lula.
Dilma abandonó la estrategia agresiva contra la oposición y enterró todos los proyectos en danza en la última etapa del lulismo que apuntaban a regular las actividades periodísticas . En política externa impuso su sello: la defensa de los derechos humanos, de modo de hacerla compatible con su esfuerzo para imponer en el orden interno la Comisión de la Verdad. Supo acallar a tiempo las resistencias de los militares a que se investigue la violencia del Estado en los tiempos dictatoriales: sin perder su discreción maniobró en esa mini crisis con firmeza. Los resultados se ven hoy con las Fuerzas Armadas que se han llamado al silencio por entender que no les sobra margen.
En estos tres meses lo que más se destacó del nuevo gobierno brasileño es la “continuidad” de las políticas clave trazadas por la gestión anterior, especialmente en el área social, en el papel del Estado como inductor de desarrollo económico y en las relaciones internacionales.
No fue casualidad que el primer viaje de Dilma haya sido a Buenos Aires para encontrarse con su colega Cristina Kirchner. Señalaba así la permanencia de los pilares geopolíticos de Brasil trazados especialmente en el gobierno de Lula. De acuerdo con Dilma, Mercosur y Unasur son el campo principal de acción de la diplomacia brasileña. Ese principio fue defendido en el encuentro que la presidenta de Brasil tuvo con Barack Obama a mediados de marzo en Brasilia.
Ahora, a 20 días de esa gira del jefe de la Casa Blanca, Rousseff encara un desafío diferente. En viaje a China, donde llegará esta noche, la presidenta se encontrará con sus colegas del BRICS (que además de chinos y brasileños, reúne a los rusos, los indios y los sudafricanos). Los medios locales le han dado a esta gira un carácter fuertemente simbólico.
Tal vez el flanco más débil se encuentre en la economía. Lo que más preocupa a los sectores productivos industriales es l a fuerte valorización del real frente al dólar.
La semana pasada subió un escalón más y ahora se cotiza a 1,57 real por dólar. Hay quienes afirman que deberá crecer hasta ubicarse en 1,50.
Al mismo tiempo hay un proceso inflacionario: los últimos 12 meses midió más de 6%. Está fuera de las metas de inflación fijadas por el Banco Central el año pasado. Sobre esto, sin embargo, las evaluaciones de los economistas se dividen entre los críticos asustadizos y quienes defienden el pragmatismo oficial. Estos últimos aluden a las incertidumbres en el mundo, procedentes de Europa, la crisis del petróleo y la incógnita del crecimiento económico de Estados Unidos, para respaldar las políticas graduales que pretenden desacelerar el crecimiento pero sin derribar la economía.



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