El Banco Central de Brasil estima que la de este año podría trepar hasta el 6,34%.
Esta declaración continúa a apreciaciones del ex presidente Lula da Silva, quien la semana pasada, en una entrevista a un diario, pidió a los sindicalistas que “rodeen y apoyen a Dilma” en la guerra contra el proceso inflacionario.
Ayer, la prensa indagó a la presidenta de Brasil sobre un eventual anuncio de medidas para atemperar el alza. Dilma no quiso responder. Pero ayer recibió por la tarde en el Palacio del Planalto al ministro de Hacienda Guido Mantega donde trataron la cuestión.
Quien alertó sobre la eventual disparada de precios fue el Banco Central . En su boletín Focus divulgado ayer la institución afirma que la expectativa de un avance de los precios es mayor que la de hace un mes: ahora la inflación anual trepa a 6,34% (contra 6,29% estimado en la última reunión de la autoridad monetaria).
El BC es el organismo que fija la banda inflacionaria en la que pretende contener los ajustes de precios. Para este año, el centro de esa franja fue estipulado en 4,5% y se estableció un techo de 6,5%. Si para unos es un motivo de alarma que el índice esté por llegar al tope, para otros “no es verdad que la inflación esté fuera de control”. Estos últimos especialistas sostienen que mientras se mantenga por debajo de 6,5%, será aceptable.
Para otros economistas, “buena parte de las presiones para la suba de precios están localizadas en las cotizaciones de las commodities, o sea, de aquellos bienes comercializables sobre el que país no tiene capacidad de interferencia”. Es el caso del petróleo, de la soja, el trigo, el maíz y el arroz. Quienes adscriben a este enfoque, recuerdan que “los países desarrollados sufren los mismos efectos de ese aumento en los precios de los alimentos dentro de sus propios mercados”.
El miércoles de la semana pasada, esa “disparada” justificó e l tercer aumento en el año de la tasa de interés.
Pasó ahora de 11,75% a 12% anual, lo que la convierte en la mayor desde marzo de 2009. Para tener una idea, esa es la tasa de interés que “premia” a los compradores de títulos públicos; de modo que medio punto de aumento implica una enorme transferencia adicional de recursos para el sector financiero. Sobre todo si se tiene en cuenta que la deuda pública interna asciende a 1 billón de dólares.
Dilma, al igual que sus antecesores, adoptó la tasa de interés Selic como “instrumento” para contener los precios. Se parte de un supuesto: que al elevar la tasa de interés se reduce el consumo agregado, porque los consumidores prefieren colocar el dinero en ahorro y no en bienes.
Para especialistas como Paulo Kliass, doctor en economía por la Universidad de París, lo que está en juego es la verdadera eficacia de esa política monetaria. “Si la FED (banco central norteamericano) eleva la tasa de interés de 0,25% a 0,5% al año la duplica. No es la situación de Brasil si los intereses pasan de 11,75 a 12. En nuestro caso, la capacidad de reducir la demanda agregada es muy inferior (comparada con la de EE.UU.)”.
El economista sugiere que la alarma por la inflación proviene de “presiones del mercado que son oportunistas” por ir detrás de un objetivo que tiene que ver con la rentabilidad que dejan los bonos públicos y no con el aumento de precios.
Para el mundo empresarial productivo hay preocupaciones adicionales. La cúpula de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) volvió a pronunciarse contra el ajuste de precios vía la suba de los intereses . Es que el financiamiento doméstico más caro sumado a una creciente valorización del real frente al dólar (está en 1,55 real por divisa norteamericana) ahoga a las empresas medianas y pequeñas que no pueden contratar créditos en el exterior, como sí ocurre con las grandes firmas. Esos sectores fabriles, atenazados por los dos flancos, ya comenzaron a abandonar la producción para sustituirla por el comercio de bienes importados, especialmente chinos.


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