En la primera jornada del juicio contra los tres miembros de la familia Carro acusados de secuestrar a un chico de 14 años y simular un fusilamiento, la víctima, Jonhatan Ganora, los reconoció y prestó un testimonio consistente. Los tres acusados, ex policías, se mantuvieron en silencio.
Este miércoles comenzó el juicio en la Cámara del Crimen Nº 1 por el hecho cometido por los tres ex policías durante la mañana del 21 de febrero de 2009. Miguel Angel Carro (28) está acusado de secuestro agravado, hurto simple y abuso de arma; Alejandor Daniel Bernardo (31) de secuestro agravado y hurto; y Eduardo Néstor Carro (56) de secuestro agravado. En la primera jornada, como en la etapa de investigación, los tres ex policías (Carro padre es retirado, los otros dos fueron exonerados) prefirieron mantener cerrada la boca y no declarar, asesorados por su abogado defensor, Gastón Gomez.
El tribunal, integrado por los jueces Elvira Rosetti de González, Miguel Angel Vagge y Miguel Angel Gavazza, escuchó a seis testigos y el próximo lunes, a partir de las 16 horas, está prevista la declaración de una decena más. En el debate actúa como fiscal Jorge Marcelo Amado, que había llegado a un acuerdo por juicio abreviado con los acusados para evitar el juicio oral y público, pero eso fue desautorizado por los jueces. El abogado Jorge Tanus Maffud es el querellante de la madre de la víctima, Marcela Escudero.
El día previo al hecho habían robado en la casa de Bernardo, casado con una hija de Carrro. El policía, de civil, fue a buscar la noche anterior a su casa a Ganora, a quién sindicaban como el autor, pero no lo encontró. Según la investigación judicial, el 21 de febrero, a la mañana, Eduardo Carro -al volante, acompañado de una mujer que no pudo ser identificada-, Bernado y Miguel Angel Carro, levantaron al chico en un Polo blanco cuando iba en bicicleta junto a un hermano por la calle lateral a la Circunvalación, frente al aeropuerto. En el auto lo amenazaron, lo golpearon y le gatillaron el arma. En el cruce de la ruta 12 y la 35, lo bajaron y Miguel Angel Carro le disparó dos veces con la pistola 9 milímetros a los pies, mientras permanecía arrodilado. Luego le sacaron un gorro y las zapatillas y allí lo abandonaron.
Eduardo Carro, uno de los acusados, había trascendido mediáticamente unos meses antes cuando, como integrante de una familia sustituta, pidió en manifestaciones públicas y masivas por la restitución de dos nenas que habían convivido durante largo tiempo con ellos.
La víctima
El primer testigo en declarar fue Jonhatan Sergio Ganora. Hoy tiene 18 años y una hija de un año y dos meses. Cuando ocurrió el hecho, tenía 14. Delante del tribunal, relató que eran entre las 9 y las 10 de la mañana cuando regresaba de la casa de su abuela con un hermano mayor, Darío, en la bicicleta. “Venía por el Avión y viene un Polo y me cargaron. Me resistí y me golpearon y me metieron de prepo”, recordó.
“Ahora te vamos a matar a vos hijo de puta, me robaste la casa”, dijo que lo amenazó una persona, a quién identificó en la audiencia como Bernardo. Contó que lo metieron en la parte trasera del auto, arrodillado y con la cabeza gacha, entre las piernas, y que lo trasladaron a los golpes y amenazándolo para que no los mire.
“Me bajaron en el cruce. Me golpearon. Me dijeron: ‘arrodillate, no me mirés porque te vamos a matar’. Y me tiraron dos tiros al lado de los pies”, detalló. “Me preguntaron quién había sido (la persona que robó en la casa). Y yo no sabía”, balbuceó.
Según dijo, luego le sacaron la gorra de River que llevaba y las zapatillas. Se las tiraron a diez o quince metros. Cuando las fue a buscar, solo encontró el calzado. Llegó a su casa, en el Santa María de La Pampa, al mediodía, luego de cruzar a pie siete cuadros.
Ganora dijo que nunca había visto antes a los acusados. Durante la audiencia, volvió a reconocerlos a los tres. Los señaló, uno por uno. “Yo pensé en ese momento que eran policías, por el coche. Los ví que iban con armas”, contó.
El abogado defensor, Gómez, le pidió que calculara horarios y distancia, con lujo de detalles, intentando hacerlo caer en contradicciones. Sin embargo, el testigo sostuvo una versión coherente. “Yo estaba asustado. Era la primera vez que me pasaba”, dijo en un momento Ganora, para justificar alguna falta de precisión.
El hermano
Darío Giardino (23) contó ayer que regresaban por el costado de la Circunvalación cuando el Polo los interceptó y dos de sus ocupantes cargaron a su hermano por la fuerza. “Uno lo agarró del cogote”, dijo. Solo reconoció a Bernardo como una de las dos personas que se bajó del auto, porque fue el mismo que la noche anterior lo interrogó cuando estaba sentado en la vereda de su casa: “Me preguntó dónde vivía Ganora, lo andaban buscando porque decía que le había robado la casa. Cuando se estaban por ir me mostró una 9... mirá, esto es lo que tenemos para tu hermano’”.
El abogado Gomez repreguntó con insistencia hasta lograr algunas contradicciones menores con el testimonio de su hermano, como la ubicación del lugar dónde lo levantaron (200 metros de diferencia) o que la abuela no estaba en la casa (Ganora dijo que habían tomado mate con ella). El juez Gavazza le preguntó si sabía algo del robo a la casa de Bernardo. “No tenía relación, no sabía nada”, contestó.
La madre
La madre del chico, Marcela Escudero (38), relató que cuando su hijo llegó asustado y le avisó lo que había pasado con el hermano (“dijo que eran policías pero le llamó la atención que enfilaron para el campo”) se fue con su pareja a buscarlo a la Seccional Séptima. Sin embargo, allí no tenían noticias y tampoco estaba demorado en las demás seccionales de la ciudad.
Entonces, la mujer, detalló, hizo una denuncia por desaparición de persona y regresó a su casa acompañada por policías, mientras la búsqueda de los uniformados resultaba infructuosa. “Recién apareció al mediodía, llegó golpeado, despeinado, sin gorra, lleno de espinas, con golpes en la espalda. Tenía miedo porque le habían dicho que si hacia la denuncia lo iban a matar. Los mismos policías lo tuvieron que convencer de hacer la denuncia”, dijo.
“Después lo llevaron a revisar con un médico, constataron los golpes, y luego hasta el lugar del hecho, porque él lo reconoció, iba a cazar liebres con un tío por ahi. Estaban las huellas del auto, de dónde se arrodilló, las cápsulas”, recordó la mujer.
“El volvió muy mal... con todo lo que lo torturaron. Lo único que decía era que eran ellos. Él los conocía, vivían a dos cuadras y media de casa, yo no los había visto nunca”, señaló la madre.
Al final de su testimonio, la mujer afirmó que la esposa de Carro, Mirta Maidana, durante el proceso judicial “ofrecía plata y una moto para que levantaramos la denuncia”.
Familiares de los Carro
Por otra parte, también declararon familiares de los acusados. La esposa de Carro, Mirta Maidana (58), aseguró que con su esposo, dos niños y una amiga, habían viajado aquella semana a Santa Rosa de Calamuchita. Contó que su hija los llamó la noche anterior del hecho para avisarles del robo y decidieron regresar de las vacaciones, esa misma madrugada.
Según la mujer, llevaban un solo celular, que era de ella, y llegaron el día 21 a las 10:10 a la ciudad.
También aseguró cuando venían por Castex intentó comunicarse desde el celular con su hija, pero no le contestó. Justamente, una pericia policial que detectó que el celular de Carro estaba en el horario del episodio en la zona del hecho, es una de las pruebas que lo incrimina y derriba su coartada.
La amiga que invitaron a aquel viaje, Elva Cotiñola (78), también declaró y confirmó que se tuvieron que “volver un día antes”, aunque no fue clara sobre la fecha.
Finalmente, la esposa de Bernardo, Natalia Noemí Carro (31), contó que el viernes anterior encontraron que habían ingresado por una ventana, les habían robado el equipo de música, unos ahorros de su abuela y revuelto las habitaciones de su casa. “Los vecinos nos decían quién había sido, lo habían visto... el ‘Pelado’ Ganora. Pero no quisieron salir de testigos porque le tenían miedo”, dijo, llorando.
“A partir de ahí empezamos a vivir un calvario. Los tres quedaron presos. Me hicieron un allanamiento por una gorra. Y abandoné mi casa... este chico pasaba y me decía que me la iba a quemar. También pasaba por la casa de mis padres y se reía. Pedí custodia policial, porque le tengo terror, y nunca la pusieron”, declaró.
La mujer dijo que ella llamó la noche del robo al celular a su padre para contarle, cuando éste estaba de vacaciones en Córdoba. Declaró que su padre arribó a Santa Rosa el 21 a las 10 de la mañana.
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