Los muertos por la represión en Siria no descansan en paz. Luego de la matanza de más de un centenar de personas durante las protestas del viernes contra el gobierno de Bashar Al Assad, las fuerzas de seguridad volvieron a disparar ayer contra varios cortejos fúnebres que marchaban junto a los féretros de las víctimas en Damasco y otras ciudades.
La masacre que provocó el régimen no intimidó a decenas de miles de sirios, que se volcaron a las calles una vez más para exigir la renuncia del presidente Al Assad y la disolución de su partido Baaz. Al grito de “¡Bashar Al Assad traidor, viva Siria!”, los opositores convirtieron los funerales en una nueva muestra de inconformidad con las medidas de apertura que concedió el gobierno. La salida de la dinastía que gobierna Siria hace cuarenta años es a esta altura una bandera indeclinable.
Varios testigos alertaron que las autoridades de la ciudad de Homs se niegan a entregar los cadáveres a sus familias si no reconocen a los medios que sus hijos murieron a manos de grupos islamistas armados. Esa es la hipótesis que agita Damasco sobre la sangre derramada. La agencia oficial SANA aseguró que la policía incautó “cámaras digitales con escenas prefabricadas que muestran actos de violencia y opresión a los manifestantes”, además de “palos y espadas que se utilizaron contra las fuerzas de seguridad”. No hizo ninguna mención de la cifra de víctimas.
Dos diputados sirios renunciaron al Parlamento en repudio a la represión desatada por Al Assad. “No pude proteger a mis hijos de los disparos traicioneros, así que no tiene sentido que siga en el Legislativo”, expresó Naser al Hariri, representante de Deraa, donde nacieron las revueltas.
Por su parte, el presidente estadounidense Barack Obama condenó enérgicamente la reacción del gobierno de Siria y criticó con dureza a Al Assad. “Este uso desmesurado de la violencia para silenciar las protestas debe finalizar inmediatamente”, advirtió en un comunicado. “En vez de escuchar a su pueblo, el presidente Al Assad culpa a los extranjeros mientras busca el auxilio de Irán para reprimir a los ciudadanos sirios”, sostuvo.
Al rechazo internacional se sumó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien expresó su preocupación por la “violencia recurrente contra manifestantes pacíficos en Siria, que ha matado a demasiadas personas”. Reclamó una “investigación independiente, efectiva y transparente de las matanzas”. Amnistía Internacional también lamentó que el gobierno sirio “haya vuelto a responder con balas y palos a los llamados pacíficos al cambio”. Las ráfagas de metralla alcanzaron también a los ataúdes.



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