Fue primera en tramitar su cambio de identidad y celebrar nupcias en el marco de la Ley de Matrimonio Igualitario, pero ahora también es víctima del déficit habitacional. Vive a la intemperie porque quien le alquilaba decidió rescindir el compromiso. Ella dice que no pide “limosna” y sólo necesita “una oportunidad”.
“Después de haber sido la primera que levantó la bandera por la igualdad en Corrientes, hoy no sé para dónde tirar; vivo en un sucucho con mi marido que es discapacitado, porque la mujer un buen día me dijo muchas gracias y vino otro hombre con los papeles diciendo que es el propietario de la casa. Tuvimos que sacar todas nuestras cosas y quedarnos a la intemperie”, relató a época con profundo pesar.
María Eugenia comentó que fue al Instituto de Viviendas de Corrientes (INVICO) para tratar de buscar algún tipo de solución. “Estoy en un estado de angustia tremenda, porque no tengo agua ni sanitario; tengo que defecar en un balde”, reseñó y remarcó: “Sólo quiero una oportunidad y que nadie me regale nada”.
Actualmente, María Eugenia se encuentra cursando el primer año de enfermería profesional, porque dice que quiere adquirir conocimientos en salud para “poder volcarlos en ayudar a las chicas”, dice para referirse a quienes todavía se encuentran en situación de prostitución en las calles de Corrientes.
En su caso, decidió dar un giro para lograr una vida digna y adquirir formación universitaria, pero en este contexto se le dificulta cualquier emprendimiento personal.
“Mi marido tiene problemas neurológicos; es discapacitado, estoy haciendo recién los trámites de pensiones; pero es todo muy difícil para mí. Me gustaría ver la posibilidad de que se me ayude, no pido limosna”, dijo.
En ese contexto, Eugenia invitó a este diario para conocer la triste realidad que le toca vivir en la actualidad.
Comentó que en el seno de su familia aún padece problemas de discriminación. “Ellos no se sintieron muy a gusto con mi decisión de cambiar mi identidad. Mi papá vive en el barrio Lomas, pero a estas alturas no le puedo reclamar nada, soy una mujer casada, ya hice mi vida”, graficó Eugenia.
Se trata de un caso que invita a la reflexión. Cuando se debaten los cierres de whiskerías, la necesidad de no cosificar a la persona, también es menester analizar que las soluciones no deben ser a medias, y las respuestas deben ser integrales.
Al igual que esta referente del Colectivo Trans, otras continúan deambulando y sólo encuentran salida en la prostitución. Eugenia, en cambio, apunta al progreso.
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