(General Pico) Hace dos meses este medio entrevistó a una mujer y a su marido, quienes solicitaron al municipio una ayuda para reparar el techo de su casa. Pese a las promesas, los reclamantes no tuvieron respuesta.
LA ARENA entrevistó el año pasado al matrimonio. Relataron que la casa donde residían, en calle 11 al 1400 del barrio Pacífico, estaba en pésimas condiciones edilicias lo que ponía en riesgo la integridad física de la pareja y de su hijo de 15 años.
En ese momento, Cristina puntualizó que, a mediados de noviembre, se cayó la mampostería de su morada por lo que tuvo que pedir ayuda a una gran cantidad de vecinos que se acercaron a arreglar el techo de la casa que se cayó sobre el sector de las dos habitaciones.
La pareja y los vecinos comenzaron a buscar alternativas para reparar la vivienda y elaboraron un presupuesto que acercaron días después a la Municipalidad. Por este motivo, María Cristina y su esposo se dirigieron al área de Desarrollo Social para pedir una ayuda financiera o algunos materiales para el arreglo. Según la mujer, la replica de los funcionarios fue que el presupuesto era "demasiado caro".
"Hace aproximadamente veinte días volvimos, con un presupuesto más barato, al municipio y nos prometieron un subsidio de 700 pesos por mes durante cuatro meses para comprar materiales para arreglar nuestra casa", sostuvo.
María Cristina afirmó que, desde el municipio, le entregaron otra ayuda económica con la intención de alivianar su crítica situación debido a que el matrimonio está sin trabajo. Sin embargo, el dinero para el arreglo de la casa aún sigue sin aparecer.
"La casa está cada vez peor, se llovió varias veces en las dos habitaciones, los muebles y la ropa se nos llenó de tierra, hay humedad, arañas, cucarachas, estamos en la miseria total", expresó. Y agregó: "En estos días de verano, pasamos mucho calor, las chapas del techo están cada vez más agujereadas y podridas y cuando hay viento se levantan". Cuando llueve, María Cristina y su familia deben dormir en la cocina.
Miedo.
El degradante estado de la vivienda de Sosa y su marido es solo una dificultad dentro de la crítica situación general que vive la familia en la actualidad. La mujer, quien trabajó para un programa de capacitación municipal por dos años y medio, está sin empleo y debe realizar changas, como cortar el pasto o hacer tareas de electricidad, para poder sobrevivir. Su marido tiene un problema en la columna que le imposibilita desarrollar cualquier tarea laboral.
"Tenemos miedo que llegue el invierno y vivir en un lugar así donde estamos en permanente peligro porque el techo se puede derrumbar por completo", reiteró.
Por otra parte, resaltó que la familia tuvo que vender la heladera "para poder comer" y que, desde hace algunos días, están sin luz eléctrica.
"Mi hijo, que dejó la escuela el año pasado, es alérgico crónico al polvo y sufrió graves problemas de salud por el estado en que está la casa", indicó.
María Cristina, quien insiste en que la semana que viene va a volver a reclamar al municipio, completó que dos familias vecinas del barrio la están ayudando a sobrevivir mediante la entrega de comida
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