Más de la mitad de los norteamericanos no está conforme con su gestión, según un nuevo sondeo
De acuerdo con la última medición del Instituto Gallup, por primera vez más de la mitad de los norteamericanos está disconforme con el presidente: el 51% lo desaprueba y sólo el 42% aprueba su gestión, un indicador muy por debajo del 68% con que Obama llegó al poder.
Con el desafío de sacarse esas cifras de la cabeza, Obama se trasladará hoy a la paradisíaca isla de Martha´s Vineyard, en la costa este. Un refugio veraniego de elite donde, en los próximos diez días, buscará reunir energía para enfrentar las cruciales elecciones de medio término.
Tal vez olfateando la dificultad que para él y los suyos encierra esa cita electoral, el presidente ha dicho más de una vez que se trata de comicios para renovar las cámaras. Pero no un "referéndum" sobre la marcha de su gobierno. Los republicanos, que paladean victoria, dicen exactamente lo contrario.
"El presidente quiere aprovechar el tiempo para cargar baterías", dijo el vocero de la Casa Blanca, Bill Burton, al ser consultado sobre el plan de vacaciones de su jefe.
Pero Obama da muestras de no claudicar. Y ayer, antes de partir hacia la playa, lo último que hizo fue escenificar, de modo evidente, un nuevo intento de conectar con la clase media y reiterarle de que la economía va bien, "despacio, pero bien".
En mangas de camisa, Obama habló ayer con lo que aquí se calificó como una "típica familia de clase media", a la que dijo aquello de que la superación de la dificultad económica "es algo muy parecido a la recuperación de una enfermedad. Uno se va sintiendo un poco mejor cada día´´.
El escenario elegido para el montaje del encuentro entre dos mundos -el de la Casa Blanca y el de personas de clase media de suburbio- se materializó en el hogar de los Weithman.
Son ellos una familia de Columbus, Ohio, elegida para la ocasión por el hecho de que cada uno de sus integrantes podría dar cuenta, con su historia personal, del efecto "beneficioso" de las llamadas políticas de "estímulo" económico que aplicó el gobierno.
Por ejemplo, Joe Weithman, dueño de una pequeña firma constructora, dijo que pudo retener a dos empleados durante lo peor de la recesión económica "gracias" a nuevos proyectos amparados por la política de estímulo.
La mujer de Weithman no se quedó atrás. Contó que perdió su trabajo y, consecuentemente, se quedó sin la cobertura de salud que eso significaba. Pero que, "gracias a la reforma del sistema de cobertura", hoy ni ella ni su familia están desprotegidos.
Todo con las cámaras grabando. Y lo cierto es que, si bien el diálogo pareció tan espontáneo como una obra de teatro montada por escolares, no se conocía anoche aún medición alguna sobre el impacto del recurso.
En tanto, un nuevo sondeo de Associated Press-GfK indicó que el 61% de los entrevistados cree que la economía ha empeorado o se encuentra en la misma situación desde que llegó Obama a la Casa Blanca.
Además, los estadounidenses están cada vez más frustrados con el progreso logrado por el mandatario para sacar al país de la recesión, ya que solamente el 41% aprueba su gestión económica, frente al 44% en abril.
"La economía es el gran tema", dijo David Morey, de la empresa de relaciones públicas Core Strategy Group, que estuvo cerca de Obama durante la campaña electoral.
Pero no es el único. Al presidente no le va bien en el frente militar y, en las últimas dos semanas, pareció abrir otro frente conflictivo cuando decidió apoyar la construcción de una mezquita en Ground Zero (ver aparte). Hasta colegas de partido torcieron la cabeza y se preguntaron qué necesidad había de abrir ese frente ahora, con el horizonte de dificultad por delante.

Comentá la nota