El derrumbe de la economía aviva el temor a un estallido social en Francia

La agencia S&P volvió a bajar ayer la calificación de la deuda por la ausencia de reformas para recuperar el crecimiento; Hollande, blanco de todas las críticas, enfrenta un tenso panorama interno

PARÍS. - "Francia puede haber perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra", dijo el general Charles De Gaulle, en junio de 1940. Al paso que va, el presidente François Hollande bien podría estar perdiendo ambas. Ése es el mensaje que parece haber querido enviar la agencia de calificación Standard and Poor's (S&P) cuando degradó ayer la nota de su deuda soberana, que pasó de AA+ a AA.

Ausencia de reformas para recuperar un verdadero crecimiento, incapacidad para reducir el gasto público y un margen de maniobra casi inexistente, focalizado únicamente en el aumento de la fiscalidad son los argumentos utilizados por la agencia norteamericana para justificar este nuevo retroceso de la nota francesa.

Después de haber perdido la mejor de las notas (AAA) en enero de 2012, durante el mandato de Nicolas Sarkozy, Francia descendió ayer un nuevo peldaño (AA), que, no obstante, conserva al país en el pelotón de los buenos alumnos.

Contrariamente a lo que podía imaginarse, los mercados reaccionaron con calma: ni los bonos franceses ni el euro variaron, y el país sigue obteniendo dinero de los mercados a una de las tasas más bajas del mundo.

El blanco principal de esas críticas es precisamente la política económica del presidente. A pesar de su promesa de invertir la curva del desempleo antes de fin de año, S&P considera que, desde su última calificación en noviembre de 2012, Francia no supo corregir significativamente el riesgo de desempleo, que las proyecciones mantienen por encima del 10% hasta 2016. La agencia estima que, incluso su nivel actual de 11,1%, reduce ya mismo la capacidad gubernamental de realizar nuevas reformas.

Después de una progresión de la actividad casi nula en 2013, S&P espera ver esa cifra remontar a un magro 1% de promedio en 2014 y 2015, un nivel sensiblemente inferior a las esperanzas del ministro de Economía, Pierre Moscovici, que calcula "por lo menos 1%" el año próximo y 1,7% en 2015. Según la agencia, la solución no está en más impuestos, sino en una sensible reducción del gasto público.

Reacio a la ortodoxia presupuestaria impuesta por la UE y los mercados, François Hollande declaró ayer que "mantendrá" la misma estrategia. Pero la mala noticia llegada de Nueva York no fue la única que aquejó al presidente francés esta semana. El martes, Olli Rehn, comisario para la Economía europea, también predijo que el desempleo francés seguirá aumentando hasta 2015, una vez más contradiciendo las previsiones de París.

Esas críticas son sólo el eco exterior de la delicada situación social que el presidente socialista debe afrontar dentro del país, donde muchos pronostican una inminente explosión social. "La tensión es cada vez más fuerte en ciertas franjas de la sociedad. La crispación se focaliza en la inmigración, el laicismo, la pobreza. Es realmente preocupante", reconoce en privado uno de sus ministros.

En el país de la Revolución Francesa, los motivos no faltan: las empresas cierran una detrás de otra, los impuestos se acumulan, los precios aumentan y la comunicación gubernamental carece totalmente de visibilidad. ¿A dónde vamos?, se ha transformado en la muletilla de la gran mayoría del país.

Ese temido estallido podría haber comenzado tímidamente en la región de Bretaña, en el oeste del país. La inminente aplicación del llamada "ecotaxe" (impuesto ecológico) desató un movimiento violento de sublevación que sacó a las calles a miles de personas, que levantaron barricadas y destruyeron mobiliario público. El gobierno dio marcha atrás y decidió suspenderla.

Ese impuesto, decidido por los líderes de la Unión Europea (UE) durante la presidencia de Sarkozy, debe servir para financiar sectores de desarrollo verde y sostenible. Pero los bretones vieron en esa nueva tasa la gota que desbordó el vaso.

"Estamos muy cerca de la línea roja", reconoce un miembro del Partido Socialista (PS), donde han comenzado a pensar seriamente en la posibilidad de que "la calle" pueda terminar con un gobierno desacreditado, como pasó muchas veces en la historia francesa.

Con sólo 23% de opiniones favorables, el nivel más bajo de un presidente francés desde que Charles De Gaulle fundó la Quinta República en 1958, Hollande tampoco tiene demasiadas opciones. Pero Francia es original, incluso en la protesta: si bien nueve franceses de cada diez reclaman un cambio de política, apenas el 18% quiere una reestructuración del equipo de gobierno, según un sondeo publicado esta semana por el Journal du Dimanche..

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