Fernando GonzalezDecíamos ayer en esta misma columna. Los mails más temidos de la historia pueden alumbrar todavía muchas sorpresas. Y vaya si los alumbran. Hora a hora, los documentos hackeados al servicio secreto de EE.UU. siguen revelando aspectos desconocidos y polémicos del lugar que ocupan la Argentina y sus dirigentes más poderosos en el imaginario estadounidense, construído a partir del contacto con otros argentinos.
Sin dudas, el dirigente más afectado ayer por el terremoto WikiLeaks fue el jefe de gabinete, Aníbal Fernández. A la desmentida pública que hizo deberá agregarle argumentos más convincentes porque el alcance de una estructura dedicada a espiar los correos electrónicos de gobernadores, candidatos opositores y hasta del titular de la Corte supera lo anecdótico.


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