Las denuncias sobre espionaje no son anecdóticas

Fernando Gonzalez

Decíamos ayer en esta misma columna. Los mails más temidos de la historia pueden alumbrar todavía muchas sorpresas. Y vaya si los alumbran. Hora a hora, los documentos hackeados al servicio secreto de EE.UU. siguen revelando aspectos desconocidos y polémicos del lugar que ocupan la Argentina y sus dirigentes más poderosos en el imaginario estadounidense, construído a partir del contacto con otros argentinos.

Los últimos mails conocidos desnudan el pensamiento de algunos financistas y economistas sobre los flancos más débiles de la gestión kirchnerista y hasta permiten acceder a alguna incursión ocurrente sobre la personalidad de Guillermo Moreno. También surfean sin mucho sustento sobre un clásico de la diplomacia anglosajona: la posibilidad de otro ataque a las islas Malvinas.

Sin dudas, el dirigente más afectado ayer por el terremoto WikiLeaks fue el jefe de gabinete, Aníbal Fernández. A la desmentida pública que hizo deberá agregarle argumentos más convincentes porque el alcance de una estructura dedicada a espiar los correos electrónicos de gobernadores, candidatos opositores y hasta del titular de la Corte supera lo anecdótico.

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