Las denuncias de pedofilia traen una pregunta: ¿puede renunciar el Papa?

Las denuncias de pedofilia traen una pregunta: ¿puede renunciar el Papa?
Los pedidos para que Ratzinger dimita están golpeando a las puertas del Vaticano. Hay pocos antecedentes en la milenaria historia de la Iglesia.
El alemán Joseph Ratzinger atraviesa un calvario. Y el poder que tiene como jefe del catolicismo se empieza a licuar con cada una de las denuncias de pedofilia que van mellando su figura. A medida que el escándalo por los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos –muchos de ellos protegidos por Benedicto XVI antes de consagrarse como jefe de la Iglesia–, una pregunta empieza a golpear las puertas del Vaticano: ¿debe renunciar el Papa?

El reclamo llegó a incomodar a Ratzinger hace unas semanas, cuando un grupo de manifestantes, agrupados en la coalición Protest the Pope (Protestar al Papa) reclamaron frente a la catedral de Westminster en Londres la renuncia de Benedicto XVI. En Gran Bretaña, sobre todo en Irlanda, aparecieron las principales denuncias de pedofilia, cometidas por sacerdotes católicos.

Pero el Papa también es perseguido en Estados Unidos, donde el escándalo por abusos sexuales llegó a la Justicia. Un grupo de abogados defensores de las víctimas estadounidenses llegó, incluso, a pedir que Ratzinger se presentara como testigo para declarar sobre su supuesta responsabilidad en encubrir curas que habían sido acusados de abusos sexuales.

A pesar de las críticas, en la práctica, no hay nada que impida a un Papa renunciar a su lugar como primer representante de la Iglesia. Pero tampoco existe dentro de la estructura eclesiástica un sistema que permita atravesar la crisis que está navegando el Vaticano por estos días.

No habiendo instancia de "juicio político" para un jefe de Estado vaticano, la posibilidad de dar un paso al costado queda dentro de la decisión personal de su Santidad.

Es importante, entonces, recordar que en toda la milenaria historia de la Iglesia Católica sólo se registran tres casos de sumos pontífices que hayan abdicado.

El primero se registró en 1045, cuando Benedicto IX renunció al vender su puesto por 1.500 libras de oro al arcipreste Juan de Graciano. El motivo de su retiro se produjo por su intención de casarse. Luego regresó a controlar la Iglesia en 1047, pero duró tan sólo un año en el poder, que terminó con una guerra hasta ser desalojado del trono.

Dos siglos más tarde, en 1294, Celestino V emitió un decreto permitiendo que los papas dimitieran. Y, acto seguido, renunció. Habían pasado tan sólo cinco meses de su llegada al poder para volver a su vida de ermitaño.

Más tarde, fue el turno del papa Gregorio XII, que en 1915 se alejó para poner fin al cisma de Occidente. El problema es que había tres pretendientes al trono papal en ese momento: el papa romano Gregorio XII, el papa de Aviñón Benedicto XIII y el antipapa Juan XXIII. Antes de renunciar, Gregorio XII convocó a un concilio de la Iglesia y lo autorizó a elegir su sucesor.

Pero en la historia moderna, sólo se recuerda el antecedente de Pío XII que, en medio de la Segunda Guerra Mundial, habría escrito unos documentos reservados en los que se afirmaba que si era secuestrado por los nazis, los fieles católicos debían entender que su papado había terminado.

En el Vaticano estudian estos antecedentes, pero todavía resisten. Sin embargo, las pruebas que acorralan a Benedicto XVI son cada vez más contundentes. El viernes se supo que Ratzinger se opuso a la expulsión de un sacerdote de California acusado de abuso sexual de menores en los años 1980. La denuncia se conoció cuando apareció un intercambio de cartas de autoridades eclesiásticas divulgado por los abogados de las víctimas norteamericanas.

Según las cartas, que datan de 1981, la jerarquía de la Iglesia Católica en California recurrió a Ratzinger, porque era entonces el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo desde el cual se resistía a la destitución del cura Stephen Keisle "por el bien de la Iglesia Universal", según muestra el texto de una misiva escrita en latín.

Ante tantas denuncias, ¿es posible que Ratzinger renuncie? Sólo Dios lo sabe.

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