Declaró el agresor e insiste en que fue un accidente. Testigos lo contradicen

Rolando Payela habría manifestado que estaba "cansado" de que los menores le robaran, pero para demostrar que no tuvo intención de tirar, remarcó que entregó el arma y llamó a la ambulancia.
El hombre que el lunes le disparó en la cabeza a un menor de 14 años, durante un robo, declaró ayer en la justicia y ratificó que el tiro se le escapó accidentalmente. Sin embargo, fuentes de la investigación indicaron que hay dos testigos que dieron "una versión absolutamente diferente". El victimario, de 36 años, permanece detenido en la Seccional Segunda aunque le levantaron la incomunicación, y el chico continúa internado en el hospital Lucio Molas en gravísimo estado.

Rolando Gabriel Payela (y no Raimundo), un empleado municipal que está adscripto en la Subsecretaría de Trabajo y que además es mecánico, fue trasladado por la mañana a la Ciudad Judicial, donde prestó declaración en el Juzgado de Instrucción 7, en una de las salas que sufrió las consecuencias de la explotación de un caño de agua caliente (ver aparte).

El hecho conmocionante ocurrió el lunes a las 12.45 en Tartaglia y Posta de Yatasto, en el barrio Plan 3.000 de la Zona Oeste Quintas. Un joven de 17 años -estaba junto a otro de 18 y al de 14- intentó robar un cuentavueltas del Renault 12 que permanecía estacionado sobre Tartaglia frente al taller del detenido. De acuerdo a la versión oficial, Payela vio al menos a dos de ellos (sería a los dos más chicos) cuando fue a cerrar una reja y salió a perseguirlos. Cuando alcanzó al más pequeño, le habría apoyado el revolver calibre 32 en la cabeza, sobre el parietal derecho debajo de la oreja, y gatilló.

Indagatoria.

Las fuentes consultadas por este diario dijeron que Payela reiteró en el tribunal que se trató de un accidente. El hombre habría dicho que, "cansado" de que los menores le robaran, salió de su vivienda, intentó "manotear" algo a la pasada (que terminó siendo el arma) y que, luego de correrlo, alcanzó al chico agarrándolo de la mochila. En ese momento supuestamente hubo un forcejeo y fue cuando le tiró a escasa distancia. El victimario, siempre según fuentes de la investigación, pensó en un primer momento que solamente lo había rozado cerca de la oreja ya que el chico permaneció lúcido algunos minutos donde le llegó a decir su nombre: Christian. Pero cuando Payela se dio cuenta lo que realmente había hecho, llamó a la ambulancia y permaneció junto al menor, que estaba tirado en el piso.

Con estos dos últimos detalles, y el haberle entregado el revólver a la policía, el victimario buscó demostrar con pruebas que en ningún instante pensó en disparar.

Sin embargo, los mismos voceros contaron que hay dos testigos que entregaron "una versión absolutamente diferente", aunque esas declaraciones fueron tomadas por la policía y no por la jueza Florencia Maza. ¿Cuál es? Que el mecánico ya había amenazado anteriormente a algunos de ellos, que la persecución se extendió por más de una cuadra y que existen dudas sobre la hipótesis del disparo accidental.

El arma.

Otra situación que complica al acusado es que un revólver calibre 32, como la utilizada en este caso, es un arma de las llamadas "de doble acción". ¿Qué significa esto? Que no se dispara con una presión simple del gatillo, sino que se lo debe presionar "a fondo". Los dos primeros tercios del recorrido del gatillo sirven para que el percutor se amartille, y el impulso final es para que dispare. En todo caso para que el arma de fuego se dispare al simple accionar, debe estar amartillada manualmente. "Es difícil que se te escape un tiro con un revólver así", especificó una fuente con conocimientos sobre armamento.

Mientras tanto, el menor baleado permanecía anoche en estado gravísimo y con pronóstico reservado, debatiéndose entre la vida y la muerte, después de que el lunes fuera operado durante tres horas en el hospital. El chico está internado en Pediatría en coma farmacológico, "hemodinámicamente inestable", y con el proyectil aún alojado en el cráneo. Según fuentes del centro de salud, el principal inconveniente no es el lugar donde quedó alojado -en la zona de la nuca- sino el daño que provocó al ingresar.

Con relación a la otra causa penal abierta -la del intento de robo-, no hubo avances, más allá de que el menor de 17 años fue notificado de que está imputado en ella. El de 18, en cambio, sólo sería testigo, según voceros policiales, porque Payela no lo habría señalado como presunto ladrón. El cuentavueltas fue arrojado durante la huida de los jóvenes.

Lo que también quedó confirmado ayer es que el R12 no era del agresor como había trascendido en un momento, si no de un amigo que se lo había dejado para un arreglo. El vehículo fue trasladado por la Brigada de Investigaciones a un lugar no determinado. Mientras tanto, la vivienda particular de Payela, que el lunes había sido apedreada, mostró por segundo día una fuerte custodia policial.

Destrozada.

Adriana, la madre de Christian, habló ayer brevemente con LA ARENA mientras permanecía en el hospital. Pidió aclarar que vive junto a su hijo y que él circunstancialmente residía en la calle Chacabuco con su tío porque “necesitaba un poco de disciplina”, y no porque no podía mantenerlo. Muy acongojada, señaló que el chico no fue el año pasado a la escuela, que no tiene antecedentes y que ésta es la primera vez que ingresa a un hospital, pero que es un buen chico. La mujer, cuando ocurrió el hecho, regresaba desde Buenos Aires. “Tengo todo el deseo de que salga de esto”, se esperanzó, aunque reconoció que está en una situación muy difícil.

La desolada madre, de 30 años, explicó que “no sabe a ciencia cierta cómo fue el hecho en sí”, ya que escuchó muchas versiones diferentes, pero los médicos le informaron que, además del disparo, su hijo tenía varios golpes en el estómago.

Al ser consultada por las amistades del joven baleado, la mujer dijo que “no conozco los otros dos muchachos, pero sé que Chirstian solía salir mucho de noche y que se juntaba con personas que lo llevaban por mal camino. Por eso lo mandamos con su tío, para que esté más controlado”.

Adriana tiene seis hijos más.

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