Decidido a abrir fisuras en el frente europeo, Putin coquetea con Grecia

Decidido a abrir fisuras en el frente europeo, Putin coquetea con Grecia

 Es una visita de Estado que irrita a los europeos, pero encanta al Kremlin: el primer ministro griego, Alexis Tsipras,llegó anoche a Moscú para reunirse con el presidente ruso y demostrar que, lejos de someterse al diktat de los europeos, puede recurrir a otros aliados. Para Vladimir Putin, es la ocasión de fragilizar un poco más el frente occidental que lo acosa desde la anexión de Crimea.

En una entrevista con la agencia rusa Tass, Tsipras mostró su posición al criticar abiertamente las sanciones europeas contra Rusia: "Una política absurda", denunció. El jefe de gobierno griego de izquierda radical afirmó haber lanzado una advertencia a sus socios del bloque: "Dije a Donald Tusk y a Federica Mogherini [respectivamente presidente del Consejo y jefa de la diplomacia de la Unión Europea] que dejen de prejuzgar la posición de Grecia. La situación cambió. Ahora hay otro gobierno y ustedes deben consultarnos antes de tomar decisiones".

Como hizo con el primer ministro italiano, Matteo Renzi, en marzo, el líder ruso podría proponer a Atenas la posibilidad de una moderación estrictamente bilateral del embargo alimentario ruso, que pesa sobre los productores europeos.

Ambas capitales también hablan de una reducción del precio del gas, del deseo de Putin de comprar ciertos "activos" griegos, por el momento no identificados, e incluso que el Kremlin conceda préstamos a Atenas.

La realidad, sin embargo, parece bien diferente. Por un lado, es poco probable que Moscú se ponga a jugar el papel de prestamista en lugar de la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo).

"Durante esta visita no habrá ninguna negociación sobre un eventual crédito", precisó el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.

Por otro lado, los eventuales inversores juzgan poco interesantes las contrapartidas energéticas que Atenas podría ofrecer a las compañías rusas si aceptan intervenir en la explotación de los yacimientos en el mar Jónico.

Por fin, el proyecto de gasoducto Turkish Stream, en el cual podría participar Grecia, tropieza actualmente con diferencias tarifarias entre Moscú y Ankara.

"En resumen, Bruselas, Atenas y Moscú parecen haberse lanzado en realidad en una partida de póquer en la que cada uno espera para mostrar sus cartas", analiza Alexander Knobel, del Instituto Gaidar de Política Económica.

Los europeos no se engañan, sin embargo, sobre el juego de Putin. Cuando Chipre, para salvar su sistema financiero, se apoderó de cientos de millones de dólares de ahorristas -muchos de ellos rusos- que tenían sus depósitos en los bancos de la isla, Putin denunció la medida como "peligrosa" e "injusta", y anunció un sensible enfriamiento de las relaciones bilaterales.

Sin embargo, el 9 de marzo, cuando el presidente chipriota Nicos Anastasiades visitó Moscú, el jefe del Kremlin fue todo sonrisas. Subrayó: "Las relaciones con la isla fueron siempre amistosas y mutuamente benéficas", y aceptó extender -con grandes ventajas para Chipre- un préstamo de 2500 millones de euros.

"Todos los gestos de Putin tienen un solo objetivo en este momento: fisurar el frente de las sanciones impuestas a Rusia por la Unión Europea y Estados Unidos después de que Moscú anexó Crimea y apoya a los rebeldes en el este de Ucrania", resume Alexei Malachenko, politólogo del centro Carnegie de Moscú.

En febrero, Putin visitó Hungría y puso en práctica su número de charme con Viktor Orban, comúnmente conocido como el "Chávez magyar". Curiosidades de la política. Por un lado, el líder ruso, un ex teniente coronel de la KGB, de tendencia imperialista. Del otro, el húngaro, un ex disidente nacionalista que construyó su leyenda exigiendo el retiro del ejército soviético de su país. Y, sin embargo, ambos hombres se adoran.

En un solo día, esa pareja totalmente improbable firmó numerosos acuerdos de cooperación bilateral en el terreno energético, universitario, médico y nuclear.

"Moscú necesita paz. Esta visita prueba la voluntad de Hungría de mostrar al mundo que todavía existen Estados europeos que acogen a Putin con alegría", anotó el periódico de derecha Magyar Nemzet, cercano al poder.

Los coqueteos de Orban con Putin terminaron por irritar -entre otros- al actual presidente rotativo de la UE, el polaco Donald Tusk. Extremadamente crítico de Putin, Tusk desea una presencia "mucho más significativa" de la OTAN en Europa, y en particular en los países fronterizos, "blanco potencial de una injerencia rusa".

Orban, por su parte, advierte sobre "el enorme golpe a la competitividad europea" que provocaría abandonar la cooperación con Rusia. También pone en duda que "el gobierno de Kiev sea democrático".

"El problema no es el nacionalismo ucraniano, sino la política agresiva de Rusia. Yo sería muy prudente al hacer declaraciones que, conscientemente o no, alimentan la propaganda rusa", fulmina Tusk.

En todo caso, Putin sabe mejor que nadie que el mejor blanco de su estrategia son los países más débiles de la UE, los que tienen más problemas y viven como una injusticia la omnipotencia de las grandes naciones del bloque.

De regreso de su visita a Moscú, Nicos Anastasiades dio la mejor explicación. Como líder de ese pequeño país dividido desde la invasión de Turquía en 1974 y situado en una falsa frontera entre Este y Oeste, el presidente chipriota afirmó que está condenado a tener buenas relaciones con todo el mundo, "incluso con el demonio".

"Contrariamente a otros -confesó-, yo no puedo darme el lujo de escoger a mis amigos."

RECHAZAN AUMENTAR IMPUESTOS

 

Grecia rechazó ayer el pedido del Fondo Monetario Internacional (FMI) para aumentar los impuestos, sobre todo el del valor agregado (IVA)."No hay forma de que la posición del gobierno sea la de aumentar el IVA", señaló en una entrevista el vocero del gobierno griego, Gavriil Sakellarides, respecto del aumento de impuestos y recorte de pensiones exigidos por el FMI."Para nosotros, esto es una línea roja y nos mantendremos firmes ante estas propuestas de parte de las instituciones hasta el final", añadió Sakellarides sobre el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE), conocidas como la troika de acreedores.Grecia está en una carrera contra el tiempo para lograr un acuerdo con sus acreedores antes de finales de abril para poder hacer frente a los vencimientos de su deuda. Mañana el gobierno de Alexis Tsipras tiene que devolver 450 millones de euros al FMI, y Atenas afirmó que cumplirá con el pago.

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