Marcó a fuego la historia venezolana en estos últimos 14 años y para muchos el movimiento político que creó dependía mucho de su figura. El desafío ahora es que la revolución bolivariana funcione sin él.
No se puede hablar de ausencia ante un líder político que marcó a fuego la historia política venezolana, tanto que ya nada será igual en este país después de la irrupción del bisnieto del legendario Maisanta.
Pero Chávez no está físicamente. Y este hecho representa un gran desafío tanto para Venezuela como para la revolución bolivariana. Porque hoy debuta en las urnas un chavismo sin Chávez.
¿Y qué será del chavismo sin Chávez? Esta encrucijada la planteó el propio líder bolivariano.
Ya en 2004, sin saber que un cáncer terminaría con su vida nueve años después, llamó la atención a los movimientos sociales: "Yo puedo morir mañana, pueden matarme, pero el movimiento no puede depender de un solo hombre, ustedes deben organizarse para darle continuidad."
No fue ni será fácil. Al propio Hugo Chávez le costó comprender lo determinante de su palabra en cada paso de la revolución bolivariana.
En su extraordinario libro "Chávez, el hombre que desafió la historia", Modesto Emilio Guerrero recuerda el enojo del presidente con los intelectuales chavistas que en junio de 2002 alertaron en el Centro Internacional Miranda sobre "el síndrome del hiperliderazgo". En 2011, Chávez reconoció que tenían razón. "Tengo que asumirlo", dijo en un programa televisivo.
Este es uno de los desafíos del chavismo. Pero no el único.
El primer problema al que se enfrentó lo anticipó y resolvió el propio Hugo Chávez: el heredero. Antes de partir para su última internación en La Habana, conociendo la gravedad de la enfermedad que lo acosaba, anunció públicamente que su heredero es Nicolás Maduro. Y así frenó una discusión interna que podía desatar después del 5 de marzo último.
Otro desafío: ¿cómo gobernar sin la palabra definitoria del líder? ¿Quiénes y cómo tomarán las decisiones? El sistema institucional se organizó a partir de 1999 alrededor de la figura de Chávez. Es el fin de ese sistema político. Ahora se abre la posibilidad de colectivizar el mando nacional. Porque, como decía Henrique Capriles en campaña, "Maduro no es Chávez".
La relación con las Fuerzas Armadas es un tema a redefinirse. Es sin duda uno de pilares del movimiento bolivariano y veían en Chávez a uno de ellos. Maduro no es militar, viene del sindicalismo. ¿Cómo se relacionarán? Está por verse.
Desde 1998 hasta 2012, Chávez llevó adelante 17 elecciones –entre presidenciales, legislativas y plebiscitos–, y sólo perdió una. La de hoy es la elección número 18. Las bases chavistas están acostumbradas a decidir, porque todo gran cambio en Venezuela en la última década y media se resolvió por el voto popular. Esto abre un buen camino para trabajar sobre el poder popular. Un trabajo que se presenta al chavismo sin Chávez.
Si Nicolás Maduro se impone en los comicios de hoy son muchos los desafíos para la revolución bolivariana, más allá de los problemas apremiantes como la inseguridad, la economía y la lucha contra los bolsones de corrupción que anidan en la administración pública. Ya no estará Chávez para echar desde sus apariciones televisivas a funcionarios corruptos.
¿Y si el chavismo pierde? El desafío que se abre sería aun mayor. ¿Cómo funcionaría el movimiento bolivariano desde la oposición? ¿Continuará unido? ¿Se reinventará? ¿Quién será el líder frente a un Maduro golpeado por una derrota inesperada? ¿Diosdado Cabello? Preguntas que hoy el chavismo prefiere ni plantearse. Porque aún perdiendo, el chavismo mantendrá su control sobre el Poder Legislativo y gobernará 20 de las 23 gobernaciones.
Desafíos, muchos. El principal se resolverá esta noche. Mañana comienza la etapa crucial del chavismo sin Chávez. «



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