El asesinato de un líder afrikáner puso en evidencia una guerra que no cesa. El legado de Nelson Mandela y el recuerdo del apartheid.
El asesinato del líder supremacista blanco Eugene Terre’Blanche hace una semana desnudó el rostro de un odio ancestral que lejos está de ser aplacado. Y si ya no se traduce en una política oficial de segregación como lo fue medio siglo de apartheid, no por ello se han callado las proclamas racistas de blancos y negros, tanto en el partido de Mandela, el Congreso Nacional Africano (CNA) como en el filo nazi Movimiento de Resistencia Afrikáner (AWB) de la oposición. Hoy, en la inmensidad rural dominada por los "boers" sigue reinando la muerte por color de piel.
En marzo pasado, los granjeros blancos asesinados desde el fin del apartheid superaron los 3 mil, sobre una población total de 30 mil, según el Instituto Sudafricano de Relaciones de Razas. Es la mitad de la población rural de hace diez años aunque la muerte violenta en su comunidad supera cinco veces el promedio nacional. "Cientos de granjeros y sus familias son brutalmente atacados todos los meses por ‘vengadores’", denunció el director ejecutivo del Congreso Sudafricano de Comercio, Frans Cronje.
Pero es también allí en los campos donde sobrevive la explotación histórica de blancos sobre negros. Y Terre’Blanche mismo fue víctima del odio que predicó durante años al frente del AWB desde su surgimiento, en 1973, cuando se negó a pagar un sueldo de 40 dólares a dos trabajadores negros que lo asesinaron a machetazos. No es el único ejemplo: esta semana, otro granjero blanco atacó a siete empleados negros con una barra de hierro, acusándolos de "holgazanes", según publicó el diario local The Star.
"El crimen de Terre’Blanche es una declaración de guerra de la comunidad negra a los blancos que son asesinados desde hace diez años", protestó Andre Visagie, heredero del líder caído. Y aunque su movimiento ya no tenga la fuerza de los 70 mil militantes que organizaban ataques terroristas y estimulaban el linchamiento de negros, como denunció la Comisión de Verdad, sus ideas troncales aún respiran en sus prédicas por un "Estado boer". De momento, ya fijaron el 1º de mayo para comunicar a sus miembros cómo "vengar" la muerte de Terre’Blanche y 3 mil nuevos adeptos se les sumaron esta semana.
"No tengo miedo a los boers. Me enfrenté con ellos en muchas ocasiones y si quieren pelear conmigo, bienvenidos sean", respondió Julius Malema, a quien el AWB culpa por incitar la furia racial cada vez que entona un viejo himno de resistencia que reza "maten al boer". Con 29 años, el líder de la Juventud del CNA encarna la voz oficial que el gobierno no quiere escuchar, la de aquellos negros que claman venganza. La misma que nutre el odio visceral que puede empañar el Mundial.

Comentá la nota