Cubren con vacíos los espacios de Arroyo: papelón

Cubren con vacíos los espacios de Arroyo: papelón

La noche borrascosa del domingo en el que se consagraría el hombre del impermeable azul como vencedor en la interna de Cambiemos, aquella algarabía reinante contrastaba con los ojos, que a duras penas podían contener las lágrimas de la adversaria derrotada y arrumbada a la vera del camino.

Pero como reza el refranero popular: “sobre llovido mojado”. Y así pues, esa aciaga noche, pondría a Vilma Baragiola, cara a cara con “Tato” Serebrinsky. Y ambos cruzarían miradas flamígeras, con los dientes apretados simulando sendas sonrisas, mientras el aire se cortaba con el filo de un cuchillo.

Veinticuatro horas atrás, “Tato” se ufana ante quien quisiera escucharlo en la esquina del Palacio Municipal, que al día siguiente del acto eleccionario, desembarcaría en el Comité de los boinas blancas, para arrojar por la borda a los mariscales de la derrota y a “esa traidora de Vilma”.

También presumía sobre su influencia sobre el Dr. Arroyo, y vaticinaba que el primer gabinete debería “bailar con las más fea”, por lo cual había optado por mantenerse “en la segunda línea”, para “entrar en escena después que la alta tensión social, hiciese saltar los primeros fusibles”.

Nada es personal en el set de la política lugareña, aunque el aire de aquel bunker, por un momento, pareció cortarse con el filo de un cuchillo.

Así pues, el pasado viernes, tuvo lugar en el mismo escenario, un encuentro con militantes de la tercera edad, organizado por “Tato” para impresionar al Dr. Arroyo. Tampoco podía faltar a la cita, Emiliano Giri, sí de venderle humo al candidato se trata. Por cierto, cuando se retiró el candidato, los tres se despacharon asegurando que pondrían en caja al Sindicato de Trabajadores Municipales, y depurarían la planta de personal de hijos y entenados. Como las palabras de los dicentes acostumbra el viento a llevárselas, continuaron con sus promesas de “cambio”.

Al concluir la orgia de palabrerío que había reunido a tres especialistas en la materia, se acercan algunos militantes a los cuales “Tato” había prometido tarjetas para la tertulia, que tendría lugar en el restaurante “Chichilo”. Al verlos con el rabillo del ojo, comenzó a fingir con el teléfono móvil, que hablaba con un supuesto interlocutor, para “zafar” mediante la técnica desgastante de la “amansadora”.

Finalmente, habría sido abordado por el más perseverante. El resto se había ido resignado. Una vez más como la libélula queda atrapada en la telaraña, ellos habían vuelto a caer en la recurrente celada del “chanta”, que con promesas llena un local, para que después el viento se lleve las palabras, que dimanan de la verba digna de un encantador de serpientes.

“Ni yo tengo tarjeta”, había respondido “Tato” al requerimiento. “Pero vos podés chapear”, replicó el militante, que se marcharía cabizbajo como de costumbre, con la sensación de haber sido usado, una vez más, como un profiláctico.

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