Los cubanos caminan entre la esperanza y la desconfianza

Los cubanos caminan entre la esperanza y la desconfianza

Los habitantes de la isla ponen todas las fichas en el fin del bloqueo. Pero no olvidan el antimperialsimo de José Martí.

La histórica confrontación entre Cuba y Estados Unidos, que comenzó al menos un siglo antes del triunfo de la revolución cubana, se plasmará hoy en una serie de actos y gestos que rodearán la reapertura de la embajada de Washington en La Habana. Desde hace varios días, en los edificios de la ciudad ondean colgadas banderas cubanas gigantes, como para contrarrestar la estadounidense, que será izada por el secretario de Estado, John Kerry.

Cuando el periodista camina desde el centro de prensa ubicado en el fantástico Hotel Nacional, al llegar al malecón –la célebre costanera habanera– se topa con una estatua de José Martí, con su eterno traje y un niño, blanco y descalzo, en brazos. El prócer cubano señala, no casualmente, al edificio donde hasta el 20 de julio funcionó la Oficina de Intereses estadounidense y donde desde hoy funcionará formalmente la embajada, ubicada a unos 250 metros.

"Impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los EE UU y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré, es para eso", dice la placa, que afirma que esta frase fue pronunciada por Martí horas antes de morir en combate. Del otro lado de la base del monumento hay una frase de Simón Bolívar: "Los EE UU, que parecen destinados por la providencia para plagar a la América de miseria a nombre de la libertad."

La política de reformas que puso en marcha en los últimos cinco años el presidente Raúl Castro alentó esperanzas y abrió expectativas en el cubano medio, o en el habanero medio, para ser más exactos, que expresa sus críticas con una apertura que no era frecuente años atrás. "Pues esperemos que con esto de Kerry se abra un poco la cosa, porque necesitamos que se termine el bloqueo de una vez", afirma Orlando Gómez, y detalla: "Tenemos la mejor medicina, pero no tenemos los medicamentos. Estamos rodeados de mar, pero no tenemos pescado. No falta de comer, pero no tienes oferta porque no hay competencia; eso es lo que nos hace falta, que no haya monopolio". El hombre maneja entre 15 y 20 horas por día un taxi que le alquila a una empresa mixta: "De otro modo no alcanza".

Las comunicaciones son una necesidad, un reclamo de la gente y una preocupación para las autoridades. "Por la Internet entra todo, lo bueno y lo malo, pero la tecnología requiere de mucho dinero en inversiones", explica Retvi, un habanero que vive en el Vedado, a una cuadra de la mítica heladería Copelia. Allí también están los que intentan hacer su negocio de subsistencia cobrando por llamar desde sus celulares y resolviendo en minutos los problemas que en la oficina mixta que gestiona la telefonía demanda horas, paciencia y suerte. "Mira, nosotros sabemos mucho de política porque es lo que nos han contado todo el tiempo, pero lo que necesitamos son hechos, que tú puedas elegir lo que quieras y comprarlo; esto es lo que esperamos de este descongelamiento”, cuenta Edwin, que maneja uno de esos clásicos automóviles de los años 50 –"con mecánica moderna, de la Toyota", dice– que se usan generalmente para taxis de los habitantes locales. 

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